Libertad, precariedad y conflictos: los empleos en la era digital

Esade Entrepreneurship Institute

Artículo basado en una investigación de Alessandro Niccolò Tirapani

La entrega de comida a domicilio no es una actividad nueva. Desde las pizzas hasta las hamburguesas, hace décadas que es una práctica habitual hacer pedidos por teléfono. Sin embargo, en los últimos años, con la mayor rapidez de internet y la introducción de las aplicaciones móviles, numerosas empresas han adoptado los llamados modelos de negocio de plataforma. En síntesis, las empresas plataforma, como Deliveroo, Netflix o Airbnb, proporcionan la infraestructura tecnológica para ajustar la demanda con la oferta. Así pues, se especializan en crear ‘mercados’, en vez de proporcionar directamente bienes o servicios.

Este modelo se ha aplicado a los sectores más diversos (p. ej., al software, a la vivienda, al sector audiovisual, etc.). Sin embargo, el componente de los productos comestibles plantea algunos desafíos específicos. Ante todo, el verdadero test de las plataformas está relacionado con la necesidad de gestionar no solo las conexiones entre clientes y vendedores, sino también la logística. En efecto, el transporte es, con mucha frecuencia, el cuello de botella que provoca la acumulación de retrasos y la reducción de los márgenes. Además, está expuesto al riesgo que supone rebajar –o gestionar mal– la normativa en materia de empleo y seguridad social, con lo cual se ha convertido en un campo primordial de investigación para las personas interesadas en los aspectos sociales de la gestión.

¿Cómo ha cambiado el trabajo con la llegada de las plataformas?

El nuevo modelo de negocio ha modificado las condiciones laborales de quienes realizan entregas (una figura profesional que ahora se denomina riders). Si antes los riders era contratados por los restaurantes y las tiendas, con la llegada de las plataformas estos trabajadores han sido encuadrados como trabajadores autónomos: supuestamente, solo deben conectarse a una app y llevar a cabo las entregas, sin ningún tipo de fidelidad ni vínculo legal con los vendedores.

En los primeros momentos de este cambio, los profesionales y los académicos apreciaron los aspectos positivos de dicha innovación: los riders se consideraban libres de elegir dónde y cuándo trabajar, con pocos trámites burocráticos; estaban convencidos de que cobrarían, y no estaban sujetos a prejuicios –una cuestión especialmente relevante para las minorías que podrían sufrir discriminación en un proceso de contratación.

Ciertamente, un creciente descontentamiento ha empañado la imagen tan idealizada en torno a la economía de plataforma. Primero, tanto los sindicatos como los reguladores han rebatido la idea de que los riders sean profesionales autónomos, puesto que las apps regulan la asignación de los trabajos de varias formas. Esta situación ha sido objeto de varias sentencias de tribunales nacionales (primero en el Reino Unido y, más tarde, prácticamente en todos los países occidentales) y, eventualmente, de nuevas legislaciones –ya sea en España, en California o en la Comisión Europea. Además, los riders están sujetos a los precios que les fija el negocio y no tienen la posibilidad de hacer valer sus exigencias de precio: ello les aparta efectivamente de un principio básico del trabajo por cuenta propia. Finalmente, tanto los observadores como los riders han señalado que las demandas de las plataformas en términos de eficiencia (eso es, remuneraciones mínimas, asignaciones rápidas de trabajo y el uso extensivo de la cuantificación y de las valoraciones) socavan el sentido de libertad o de empoderamiento que este trabajo podría ofrecer.

¿Es un conflicto latente o en plena ebullición?

El investigador posdoctoral de Esade Alessandro Niccolò Tirapani y el profesor Hugh Willmott, de la Bayes Business School (City, Universidad de Londres), han estudiado en su investigación qué sucede cuando no se resuelven las tensiones entre los aspectos positivos y negativos de la economía de plataformas, principalmente en el sector de la alimentación. Muestran que los riders normalmente no cuestionan las deficiencias de su situación laboral: ya sea porque las han asumido o porque no tienen alternativas inmediatas. Sin embargo, se producen casos –como accidentes de tráfico o cambios unilaterales de los algoritmos– en que los riders transforman sus quejas latentes en reclamaciones de nuevas condiciones laborales. Son casos que los llevan a convocar huelgas y en que se vuelven más fuertes las demandas de cambio del modelo de negocio.

Los resultados de esta investigación indican que el conflicto está latente y que en ocasiones entra en ebullición, aunque raramente se radicaliza, de modo que nunca se consiguen unas condiciones de trabajo o unos salarios radicalmente mejores. Sus autores argumentan que existen dos razones que lo explican. Por un lado, las soluciones que se proponen para dar respuesta a las demandas son básicamente reformistas (p. ej., ampliar el seguro o introducir ligeras adaptaciones a la remuneración), con lo cual no abordan los motivos básicos de conflicto de estas relaciones laborales. Por otro lado, la mayoría de las asociaciones de riders y movimientos sociales piensan básicamente en términos económicos y, dentro de este marco, no pueden darse alternativas radicales a la actual economía de plataformas. Al mismo tiempo, aquellos riders y movimientos que optan por presentar soluciones radicales y de orientación no económica acaban siendo rechazados y condenados al ostracismo.

El futuro del conflicto en la era digital

En general, este estudio muestra que la economía de plataformas aplicada a la industria de la entrega a domicilio contiene un problema muy profundo que fomenta los conflictos. En la actualidad, la mayoría de las soluciones que se han encontrado para resolverlo consisten en pequeñas adaptaciones técnicas, con el fin de reformar los aspectos de este modelo de negocio que tienen un impacto social más negativo. Pero a menudo esto no es suficiente: las demandas más radicales arrancan de unos problemas estructurales y, mientras no se aborden, el sector se verá sacudido por el dilema de cómo hallar el equilibrio entre obtener beneficios y cumplir con las exigencias de seguridad social para poder operar (como establecen varias resoluciones judiciales y la nueva legislación).

En este sentido, los autores sugieren tomar más en serio a los riders radicales y a sus movimientos sociales, puesto que la solución puede hallarse en formas de organización no basadas en los dogmas económicos. Dichas conclusiones pueden hacerse extensivas a la mayor parte de la economía digital que utiliza el modelo de negocio de plataformas: este marco ha ocasionado importantes desequilibrios entre el poder y los recursos, lo cual lleva a la aparición de más conflictos.

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