Podcast: El ascenso de China: una superpotencia definiendo su papel global

Por EsadeGeo

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El ascenso de China en las últimas décadas ha sido fulgurante, hasta convertirse en una superpotencia de pleno derecho. Su participación cada vez más activa en los asuntos globales está redibujando un tablero geopolítico hasta ahora dominado por Estados Unidos y sus aliados occidentales. ¿Qué podemos esperar de esta China menos introspectiva y más asertiva? En este podcast, grabado a finales de mayo de 2020, el investigador de EsadeGeo, Óscar Fernández, habla con Eugenio Bregolat, senior fellow de EsadeGeo y exembajador de España en China, sobre cómo la historia, la cultura política y los intereses del gigante asiático condicionarán su proyección internacional.

La primera conversación con Eugenio Bregolat, que se centró en la gestión de la pandemia por parte de China, puede encontrarse en este enlace.

TRANSCRIPCIÓN

Óscar Fernández: Buenos días y bienvenidos a un nuevo podcast de Do Better. Mi nombre es Óscar Fernández y soy investigador en EsadeGeo. Hoy volvemos a contar con la presencia de Eugenio Bregolat, senior fellow de EsadeGeo y ex embajador español en China, entre otros muchos países.

En el podcast de hace unas semanas, hablábamos principalmente de la reacción china a la pandemia, y hoy llevaremos la conversación a tendencias más de fondo, relacionadas con la historia de China y su ascenso en las últimas décadas. Bienvenido, Eugenio, y gracias por estar de nuevo con nosotros.

Eugenio Bregolat: Hola, buenos días. Encantado de estar aquí.

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Óscar Fernández: Desde hace unos años, venimos hablando de “la trampa de Tucídides”, que es un concepto que empleamos para referirnos a las tensiones hegemónicas que surgen cuando una potencia statu quo se ve amenazada por una potencia emergente. El concepto se basa en la Guerra del Peloponeso, que protagonizaron la Atenas de Pericles y Esparta, y cuyo cronista fue precisamente Tucídides. A partir de esa guerra, se trazan paralelismos con la situación actual entre China y los Estados Unidos. ¿Qué le sugieren a usted estos paralelismos y hasta qué punto es China un caso particular?

Eugenio Bregolat: Sí, Tucídides dice que el miedo de Esparta ante el auge de Atenas hizo inevitable la guerra. En cuanto a los Estados Unidos, tienen una tendencia histórica muy reconocida y muy documentada a la paranoia. El macartismo, la Unión Soviética, posteriormente Japón… En los años ochenta, según los sondeos, la mayoría de los americanos consideraban a Japón un peligro más grave que la Unión Soviética, y en aquellos años un parlamentario estadounidense incluso llegó a afirmar: “Aplaudo a Truman porque tiró dos bombas atómicas sobre Japón; ¡tenía que haber tirado cuatro!”

Pues bien, ahora Japón ya se ha olvidado. A Japón lo pusieron de rodillas con los acuerdos del Plaza (Plaza Accord) en 1985, cuando le obligaron a revaluar su moneda, y ahí empezaron esas décadas perdidas de Japón de las cuales a lo mejor América se ha arrepentido después, pero eso fue lo que ocurrió. Y ahora Estados Unidos tiene delante a China.

Estados Unidos tiene una tendencia histórica muy reconocida y muy documentada a la paranoia

Ha citado a Pericles. Pericles fue contemporáneo de Confucio (creo recordar que, cuando Confucio murió, Pericles tenía 16 años). Confucio, que es el padre de la civilización de Asia Oriental —no solo de China, sino también de Japón, de Vietnam, de Corea, etc.— decía: “El Estado es como la familia: el padre manda y los demás obedecen”.

Ahora bien, el emperador, en el caso del Estado, y el padre, en el caso de la familia, deben garantizar la seguridad y el bienestar de los ciudadanos. Si no lo hace, el emperador pierde el mandato del cielo y pueden echarlo, de modo que también había un contrato social ahí. La idea es que, en el mundo confuciano, el ciudadano obedece al Estado, que es visto como una potencia benévola.

En cambio, lo que predicaba la democracia ateniense de Pericles era que al poder hay que vigilarlo, hay que controlarlo y, de manera periódica, hay que hacerlo pasar por las urnas. O sea, había un principio de desconfianza hacia el poder para garantizar la libertad de los ciudadanos. Estas dos fuentes —Confucio por un lado y Pericles por otro— son el origen de dos culturas políticas muy distintas: la cultura política oriental, básicamente de obediencia al poder, y la nuestra, que es de muchas dudas y mucha resistencia al poder, y poco Estado.

Donde está más acentuada esta última cultura política es, sin duda, en los Estados Unidos: cultura política libertaria, libertad ante todo, poco Estado, yo compro mi rifle, etc. Pues bien, estas culturas políticas diferentes están también en el fondo de las reacciones que ha habido ahora en relación con el coronavirus.

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Óscar Fernández: ¿Y cómo cree que influirá esta cultura política en el comportamiento de China como superpotencia?

Eugenio Bregolat: Indudablemente, la cultura política condiciona el comportamiento de los países como grandes potencias. En el caso de China, está grabado en su cultura política el “Siglo de humillación”. Nunca se podrá insistir lo suficiente en el impacto que eso tiene sobre la conciencia colectiva de China.

Un país que se creía el ombligo del mundo, el “país del centro”, perdió el tren de la Revolución Industrial. Llegaron los barcos de acero ingleses y hundieron los barquitos de madera chinos, y les obligaron a aceptar el opio —hay que ver hasta qué punto esto fue perverso—. La sociedad china, en gran medida, se entregó al opio que le imponían los ingleses para hacer sus negocios. Eso son cosas terribles que han pasado hace relativamente poco tiempo.

Otro factor que creo que influye en el comportamiento de China como gran potencia es que históricamente China no ha sido una potencia invasora y colonialista. Ahora mismo, podría decir qué países han sido colonias de Inglaterra, de Francia, de España, de los Estados Unidos o del Japón, pero no sé de ningún país que haya sido colonia de China. China no ha sido un país colonialista; en parte porque se creía que era más que los demás y, en cierto modo, lo fue durante muchos siglos.

Históricamente, China no ha sido una potencia invasora y colonialista

Recordemos a principios del siglo XV, hacia 1420, los viajes de Zheng He: los chinos mandaban flotas enteras desde China hasta las costas de África, con miles de personas en un barco. Tenían unos barcos enormes, incomparablemente mayores que los barquitos de nuestros conquistadores: aquellas expediciones desplazaban 20.000 hombres, mientras que los tres barcos de Colón llevaban en total a 79 tripulantes. Por aquel entonces, 70 años antes de los viajes de Colón, si los chinos hubiesen querido habrían podido conquistar los países de África adonde llegaron (algunas hipótesis señalan que habrían llegado incluso a América).

Si los gobernantes de aquellos países querían unirse al sistema tributario que entonces tenían los chinos, en virtud del cual una serie de países reconocían al emperador chino como a su superior, podían hacerlo. Pero los chinos nunca dominaron militarmente, aunque podían haberlo hecho, ni conquistaron esos países por la fuerza. Y ese es otro elemento que está en el trasfondo del pensamiento chino.

Si los chinos hoy pueden ser agresivos, lo son en una gran medida por la forma en que fueron tratados. Y creo que los chinos sacarían una lección equivocada de su historia si concluyeran lo siguiente: “Cuando nosotros éramos más fuertes, no sometimos a los demás, pero cuando fuimos más débiles, los demás nos sometieron a nosotros. Ahora que volvemos a ser fuertes, lleguemos a ser lo suficientemente fuertes para someter a los demás, de manera que nunca más nos puedan volver a someter ellos a nosotros”. Creo que sería una lección equivocada que China podría extraer de su historia y espero que no la saque.

Óscar Fernández: A los nostálgicos de la Guerra Fría les gusta recordar que China es un país liderado por un partido comunista, porque eso evoca la amenaza ideológica que representó en su día la URSS para Occidente. Pero, en la lista actual de prioridades del Partido Comunista chino, ¿pasan los objetivos nacionales por delante de la ideología marxista?

Eugenio Bregolat: Yo vuelvo a decir que, ante todo, lo que ha querido y lo que quiere el Partido Comunista de China es un país rico y fuerte, para que nadie pueda volverlo a poner de rodillas. Eso está en el trasfondo y pesa tanto o más que la ideología marxista. Hoy sigue ahí, por supuesto, el modelo leninista de un poder autoritario que lo controla todo, pero por lo demás, desde el punto de vista económico y social, el marxismo está muy diluido.

En China, la empresa privada ya representa 2/3 de la economía. Hay algunos empresarios supermillonarios que siguen siendo miembros del todavía llamado Partido Comunista de China. Eso lo han hecho muy bien: vieron que podría surgir un empresariado privado que se opusiera al Partido y lo que hicieron entonces fue atraerlo. Por una parte, hay todavía algunas empresas públicas muy fuertes, que controlan 1/3 del PIB, y los directores y altos directivos de estas empresas son, evidentemente, nombrados por el Partido Comunista de China.

Lo que quiere el Partido Comunista de China es un país rico y fuerte, para que nadie pueda volverlo a poner de rodillas

Después, también hay una serie de empresas privadas, como resultado de privatizar antiguas empresas públicas, una privatización que indudablemente se llevó a cabo a favor de gente del Partido. Y, finalmente, el Partido Comunista efectuó los cambios adecuados en su momento, hace unos veinte años, para abrir las puertas al empresariado privado. De este modo, se ha evitado la confrontación entre el empresariado privado y el Partido.

Óscar Fernández: Antes usted ha aludido a una lista de agravios históricos que podía percibir la ciudadanía china, como el “Siglo de humillación”, etc. No sé si a lo mejor podríamos añadir que el papel fundamental que China desempeñó en la crisis de 2008 se olvida con frecuencia a escala internacional, porque de hecho fue gracias a un enorme paquete de estímulo impulsado por China que pudimos recuperarnos más rápidamente.

¿Cree que, en esta crisis, China está capacitada para impulsar medidas parecidas para ayudar a la economía global? Y, si es así, ¿tendrá la voluntad de hacerlo o entramos en un juego de suma cero entre China y los Estados Unidos?

Eugenio Bregolat: Lo que ha dicho es muy cierto. En 2009, China adoptó un paquete de estímulos de más de 500.000 millones de dólares, un 13 % del PIB chino de entonces, y esta fue la razón fundamental de que saliéramos de la crisis. En 2009 y 2010, China proporcionó cerca del 50 % del crecimiento global y, entre el año 2008 y el 2019, la aportación media china al crecimiento global está en torno al 50 %, según datos del Fondo Monetario Internacional (FMI).

La señora Lagarde, que ahora dirige el Banco Central Europeo y entonces era la directora del FMI, dijo en 2012, creo recordar: “No quiero ni imaginarme dónde estaría la economía mundial sin el paquete de estímulos de China”. Es un hecho: China fue la principal locomotora que tiró de la economía mundial para salir de la crisis, de la cual todavía no nos habíamos recuperado del todo cuando nos ha caído encima esta plaga del virus.

Es obvio que, después de que hace un par de años Trump decretara la guerra económica a China, primero con los aranceles y después con la lucha contra Huawei y su tecnología, China obviamente no debe tener muchas ganas de ayudar en estos momentos.

Ahora bien: yo diría que es posible que China contribuya, no sé si tanto como la otra vez, y que lo haga por una serie de razones: porque tiene que reflotar su propia economía —y, por tanto, algo tendrá que hacer, y ya lo está haciendo a nivel de crédito, por ejemplo—; porque necesita los mercados internacionales —si el resto del mundo no se recupera, la demanda exterior tampoco lo hará—; porque, si ahora colabora, puede ser que logre detener o moderar la guerra económica y el decoupling que América ha iniciado contra China; y, finalmente, porque desde que Trump abandonó la bandera de la globalización, China es quien la está enarbolando. Así pues, entiendo que hay un buen número de razones para que China ahora ayude de nuevo, y espero que lo haga.

Desde que Trump abandonó la bandera de la globalización, China es quien la está enarbolando

Óscar Fernández: Acaba de mencionar la idea de decoupling entre los Estados Unidos y China, que se relaciona con una voluntad de repatriar algunas cadenas globales de valor, algo por lo cual se está abogando cada vez más, sobre todo a raíz de la escasez de material esencial que se ha evidenciado en el contexto de la pandemia. ¿Le parece que es factible recuperar la producción que hemos externalizado a China?

Eugenio Bregolat: Nunca debíamos haber abandonado las cadenas de producción de productos sanitarios. ¿Cómo hemos dejado que sea China la que produzca el 80 % de estos productos? Eso no es culpa de China, sino nuestra: nunca teníamos que haber permitido que ello ocurriera. También va a pasar que las cadenas de producción ya no van a depender únicamente de China.

Está claro que debemos tener varias fuentes alternativas, por si una falla. Pero una cosa es que se reconduzcan las cadenas de producción y otra que se acabe con la ventaja comparativa, que ignoremos a los economistas de varios siglos o que los países vuelvan a la autarquía económica. Ello provocaría graves aumentos de precios para los consumidores.

Nuestros artículos, prescindiendo de la mano de obra china, serían más caros y difícilmente podrían competir en otros mercados con productos que incorporan la mano de obra de China

Nuestros artículos, prescindiendo de la mano de obra china, serían más caros y difícilmente podrían competir en otros mercados con productos que incorporan la mano de obra de China, de Vietnam o de estos países. Por otra parte, perderíamos el mercado chino, así como el factor deflacionista que han supuesto los bajos precios de los productos chinos en las últimas décadas. En definitiva, el precio de querer frenar a China como sea será muy alto. Todos seremos más pobres.

Óscar Fernández: Vale la pena que lo tengamos en cuenta, sin duda. Esta importante reflexión me parece una excelente manera de cerrar este segundo podcast que grabamos con usted, Eugenio. Déjeme darle de nuevo las gracias por estar con nosotros y por compartir con los oyentes toda su experiencia.

Eugenio Bregolat: Gracias a vosotros y hasta la próxima.

Óscar Fernández: Y a los oyentes os agradecemos de nuevo que nos hayáis acompañado en esta conversación y os emplazamos a los siguientes podcasts de EsadeGeo en Do Better. Un saludo.

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