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La psicología tras el bullying: cómo detectar el acoso

Teresa Duplá

A menudo, el acoso se asocia a unos ámbitos muy concretos, como la educación, el trabajo y la vida familiar, pero realmente está presente en muchas otras áreas de nuestras vidas. El abuso tiene múltiples caras y puede convertirse en un proceso silencioso que, a veces, es difícil de demostrar. ¿Cómo puede detectarse el acoso? ¿Cómo se posiciona la ley ante el bullying? ¿Están las víctimas amparadas por la legislación actual en todos los casos en que puede manifestarse el acoso?

El Grupo de Investigación en Gestión de Conflictos de Esade, liderado por la profesora Teresa Duplá, lleva años investigando los aspectos legales del bullying. En su obra más reciente, La respuesta de la ley ante el bullying, un grupo interdisciplinario integrado por más de veinte expertos, con la colaboración de Deusto, el Grupo de Investigación de Pareja y Familia (GRPF), Comillas ICADE y la Cátedra Santander, ha analizado las múltiples formas de acoso existentes y los retos legales de esta forma de intimidación.

En esta entrevista al Dr. Carles Pérez Testor, catedrático de Blanquerna, profundizamos en uno de los capítulos del libro, que analiza la psicología que se esconde tras esta forma de acoso, abuso e intimidación.

Do Better: ¿Qué lleva a una persona a hacer bullying?

Carles Pérez: El acoso es una forma de relacionarse a través de avergonzar y dominar a la víctima, proyectando en ella lo negativo de que el acosador desea librarse y convirtiéndola en despreciable y “merecedora” ―a los ojos de este― de ataques y humillaciones. El hecho de que ningún compañero del grupo haga nada para evitarlo puede hacer que el acosador se sienta legitimado en su acoso y esta pasividad del entorno contribuye a aumentar el daño a la víctima.

¿Ser un espectador pasivo empeora el problema?

El observador pasivo ejerce como un tercero en la escena interpersonal, adoptando un rol fundamental para la pervivencia del acoso. Sin duda, hemos de hacer hincapié en el rol del observador –denominado bully bystander–, porque no es un testigo pasivo, sino un participante activo e involucrado en la arquitectura social de la violencia.

¿Cuál es el rol del observador en el acoso?

Por ejemplo, podemos redefinir el acoso escolar desde una perspectiva triádica. Los roles de los participantes (víctima, acosador y observadores) pueden ser vistos desde esta perspectiva, como representando un proceso disociativo. En este proceso, la víctima queda claramente disociada del grupo en el papel del “otro”, un papel que se introyecta tras la proyección del acosador: “No es uno de los nuestros” y de este sentimiento participan la comunidad de observadores. En estos casos, se puede tolerar la violencia porque la víctima no pertenece al grupo. La posición de los observadores, o bully bystanders, se describe como la de quien no se responsabiliza y, en consecuencia, la culpa recae en los demás.

El silencio puede hacernos cómplices...

Cuando el bullying se da en la escuela o en el lugar de trabajo, los “compañeros” juegan un papel fundamental como facilitadores de la violencia o como protectores. Por este motivo, un excelente programa de prevención puede consistir en intervenir en los compañeros de la víctima, llevándolos a reconocer los elementos disociados como parte de ellos mismos, e interrumpir así los procesos disociativos y fragmentadores, que forman parte del proceso defensivo. Este trabajo con el grupo transforma las proyecciones en una comunicación respetuosa y altruista.

¿Qué tipos de conducta son considerados bullying?

El término anglosajón bullying es de difícil traducción. En una primera aproximación, el bullying podría entenderse genéricamente como cualquier conducta de acoso, de abuso o de intimidación, cualquiera que sea el lugar o las circunstancias en que se produzca. Desde una perspectiva clínica, parece que el carácter repetitivo y sistemático, y la intencionalidad de causar daño o de perjudicar a alguien que habitualmente es más débil, son las características principales del bullying.

Todos los días, cientos de miles de personas faltan a sus obligaciones diarias o realizan su trabajo de forma inadecuada por temor a ser intimidadas o acosadas.

¿Cómo podemos identificar un caso de bullying?

Para identificar los casos de bullying, es necesario implantar programas de prevención. En nuestro estudio, uno de los trabajos más citados es el programa de prevención de Olweus. Este programa se diseñó, desde su inicio, como un proyecto a gran escala, que involucraba a 2.500 estudiantes de 42 escuelas, los cuales fueron objeto de seguimiento durante un período de dos años y medio. Los resultados apuntan una reducción del 50% de los casos de intimidación y acoso entre compañeros y una notable reducción tanto de las conductas antisociales, en general, como del vandalismo, las peleas y los robos por parte de los estudiantes.

¿Cómo afecta el acoso psicológicamente a la víctima?

En la actualidad, todos los días, cientos de miles de personas faltan a sus obligaciones diarias o realizan su trabajo de forma inadecuada por temor a ser intimidadas o acosadas. Centrándonos en los jóvenes, pues son un colectivo clásicamente referenciado, la intimidación entre escolares, pese a haber disminuido desde la década de los noventa, sigue siendo un problema importante en el campo social y de la salud mental, que tiene graves consecuencias negativas entre las víctimas.

La mayor parte de la literatura existente sobre la materia ha documentado las consecuencias negativas a corto plazo de la victimización entre iguales en las escuelas y, aunque un estudio reciente ha demostrado que sus efectos sobre la salud mental, en forma de ansiedad, depresión e ideas suicidas, persisten hasta la edad adulta, la investigación sobre estos efectos a largo plazo es muy limitada.

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