Salir de la zona de confort: ¿un concepto anticuado?

Frente a las inercias habituales, conviene abrazar una mentalidad de crecimiento para entrar en la zona de aprendizaje que nos permita mejorar nuestra empleabilidad y autorrealización.

David Reyero

“Necesitas salir de la zona de confort para mejorar tus habilidades y adaptarte a las nuevas exigencias del mercado laboral”. Esta es una frase típica en el mundo empresarial actual. 

Me pregunto si, más allá de casos puntuales, este enfoque no está ya anticuado, tras tantos años de disrupción y reinvención empresarial y profesional. 

La zona de confort se apoya en la premisa básica de que las personas están confortables en sus inercias y rutinas diarias. Es decir, que viven con una “mentalidad fija”, fuerte resistencia al cambio y riesgo de caer en la “zona de autocomplacencia”. 

Mentalidad de crecimiento 

Hoy percibo una realidad laboral diferente: una gran mayoría de personas ya han activado su “mentalidad de crecimiento” y han salido de su zona de confort. Personas que ya están en marcha y con planes activos de desarrollo profesional, sean estos más o menos acelerados, más o menos profundos. 

Una vez activada nuestra curiosidad hoy conviene enfocarse en “ensanchar nuestra zona de confort” y “entrar en nuestra zona de aprendizaje”, como bien indica el profesor de Esade Andrés Raya. Claves para ello serán potenciar el autoconocimiento, la exploración y el entrenamiento a partir de un buen análisis de nuestro propósito, fortalezas, áreas de desarrollo, pasiones e intereses de carrera. 

Ensanchar nuestra zona de confort es ganar nuevas capacidades que mejoran nuestro rendimiento y empleabilidad, sin olvidarnos de nuestras mejores habilidades tradicionales y abordar alguna debilidad si realmente es crítica para nuestro futuro.  

Necesitamos un compromiso profundo con nuestra mejora personal permanente y diaria, de learnability y actitud de eternos aprendices, que posiblemente deberá afrontar altibajos en el camino. Una filosofía de crecimiento personal que se ejemplifica en la maravillosa película El discurso del rey

Ejercitar el aprendizaje 

Entrar en nuestra “zona de aprendizaje” requiere valentía, tenacidad y humildad, ya que pasaremos de expertos en nuestro know-how clásico a aprendices en esas nuevas habilidades. Capacidades en las que seremos menos ágiles, tendremos dudas, nos sentiremos inquietos sobre el resultado o avance que lograremos. Una incomodidad que tendrá su premio a medio plazo si perseveramos y no tiramos la toalla por la ansiedad de los resultados a corto plazo o posibles fracasos iniciales. 

Ejercitar consistentemente el músculo del aprendizaje añadirá elementos nuevos a nuestra caja de herramientas profesionales y nos aportará múltiples beneficios: empleabilidad, polivalencia, autorrealización, mejores resultados… Y una juventud de espíritu que nos acercará a la plenitud personal y laboral.  

Pasaremos entonces, con esfuerzo y tiempo, de la gris zona de confort a la luminosa y mágica zona del aprendizaje y la transformación personal. 

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