Cómo damos (o quitamos) sentido a las decisiones de los demás

Kate Barasz

Cuando observamos a personas desconocidas que pasan ante nosotros —en la calle, en la oficina o en el aeropuerto— estamos constantemente, aunque quizá de forma inconsciente, adquiriendo información sobre qué clase de persona son. ¿Por qué han elegido conducir ese coche, comer esa comida o vestir esa ropa? ¿Qué nos revelan esas elecciones sobre ellos? 

Con el uso omnipresente de las redes sociales las observaciones que realizamos no se limitan a la gente con la que nos cruzamos en la calle. Las plataformas sociales nos permiten y alientan a transmitir nuestras elecciones a extraños que nunca conoceremos. Y, cuando la gente comparte información sobre sus elecciones, damos por hecho que comprendemos las preferencias que las han impulsado

La percepción de las decisiones es el acto de extraer inferencias de la elección que se está tomando

Pero adoptar una visión tan simplista de las elecciones y preferencias nos hace pasar por alto los complejos mecanismos y opciones que hay detrás de la toma de decisiones. Este enfoque unidimensional puede dar como resultado creencias erróneas que incitan a juzgar a los demás y conducen a cambios indeseables de comportamiento

Una investigación realizada por Kate Barasz, profesora de Esade, y por Tami Kim, profesora de Darden School of Business, y publicada en Current Opinion in Psychology, arroja una nueva perspectiva sobre cómo damos (o quitamos) sentido a las decisiones de los demás. 

Entendiendo las elecciones de la gente 

Los académicos han estudiado durante mucho tiempo cómo las personas llegan a formar juicios sobre los demás. En el centro de esta área de investigación —conocida como “percepción social” (people perception)— está la noción de que, al observar el comportamiento de otra persona, podemos intentar comprender qué está haciendo y por qué lo está haciendo. 

Más recientemente, este trabajo se ha extendido al análisis de cómo las personas dan sentido a las elecciones que hacen los demás, también conocida como la “percepción de las decisiones” (choice perception). 

Al igual que con la percepción social, la percepción de las elecciones nos lleva a hacer deducciones y suposiciones sobre las preferencias de un individuo. Pero, a diferencia de la primera —donde se observa el comportamiento— la percepción de las decisiones es el acto de extraer inferencias de la elección que se está tomando. 

Cuando la gente comparte información sobre sus elecciones, damos por hecho que comprendemos las preferencias que las han impulsado

Centrarse en las decisiones, en lugar de en los comportamientos, inmediatamente limita las suposiciones que podemos hacer sobre una persona a la cantidad de opciones disponibles. Estas podrían ser opiniones sobre cualquier cosa, desde inclinaciones políticas (¿Trump o Biden?) hasta opciones de estilo de vida (¿Hamburguesa o ensalada?). 

Pero las decisiones se toman con diversos grados de reflexión y se ubican dentro de contextos específicos. Sin acceso a toda la información que llevó a tomar esa decisión —qué se eligió, por qué se eligió, cómo se eligió y quién lo eligió— el observador no puede formarse una opinión precisa. 

1. Qué se eligió 

Un desconocido en la calle lleva una mochila de color rojo brillante con estampado hawaiano. Sin saber nada más sobre él, ¿qué opinión te formarías de una persona que eligió comprar y usar una mochila tan chillona? 

O, si hablamos de elecciones menos tangibles, ¿qué inferencias se podrían hacer literalmente sobre una persona que optó por votar a un candidato político en particular? 

2. Por qué se eligió 

A nivel básico, los observadores creen que los demás eligen lo que les gusta y que les gusta lo que eligen: el desconocido lleva la mochila rojo chillón porque le encanta el color, no porque descartó la alternativa en amarillo fluorescente que no le gustaba nada. 

Sin embargo, la inferencia de lo que motivó al desconocido a tomar una decisión puede diferir dependiendo del ítem en cuestión: se puede creer que una persona que lleva una mochila beige se preocupa más por la calidad que por el color. 

3. Cómo se eligió 

Los observadores se preocupan no solo de lo que se eligió y del por qué se eligió, sino también de cómo la persona llegó a su decisión. A la hora de formarse esta opinión, hay dos factores muy importantes: el tiempo que se toma la persona para elegir y el afecto que demuestra mientras elige —en este caso, a través de las expresiones faciales, los gestos, las posturas, las entonaciones vocales, etc., que acompañan habitualmente a una emoción—. 

El lapso de tiempo que una persona se toma para elegir, lleva al observador a hacer juicios sobre sus niveles de cooperación, sinceridad o moralidad. Las personas que toman decisiones fáciles de forma rápida son percibidas positivamente, mientras que las que toman decisiones difíciles de forma rápida son vistas negativamente.  

El afecto es la segunda pista importante para saber cómo se tomó una decisión: un desconocido que parece apenado por su elección despierta la empatía de los observadores, pero uno que parece no estar afectado emocionalmente es percibido como alguien que solo mira por su propio interés. 

4. Quién eligió 

Al investigar cómo los observadores perciben las elecciones de los demás, es importante considerar qué elecciones tienen implicaciones sobre el estatus de los individuos, y qué implicaciones tiene el estatus de los individuos sobre sus elecciones. 

Por ejemplo, dos individuos toman la idéntica decisión de comprar fruta y verdura ecológicas: uno de ellos recibe ayudas sociales y el otro tiene altos ingresos. Los observadores consideran que la elección del que recibe las ayudas sociales es menos moral, permisible o necesaria que la misma elección realizada por el individuo que dispone de unos ingresos altos. 

Errores de percepción 

Estas percepciones de elección pueden cambiar sistemáticamente las conclusiones de los observadores, llevándolos a formarse impresiones sobre los demás rápidas, automáticas y, a menudo, erróneas. 

Sin una información detallada sobre las preferencias o los motivos, el observador puede rellenar los vacíos de información basándose en sus propias preferencias, que ellos consideran más representativas y universales de lo que realmente son.  

De igual manera, pueden tener una visión demasiado simplista de un desconocido en función de su apariencia o comportamiento, atribuyendo falsamente las preferencias de los demás en base a creencias unidimensionales. 

La percepción errónea de la elección puede también ser resultado de puntos de vista demasiado simplificados: por ejemplo, la creencia de que se eligió el helado de vainilla porque era más popular, no porque fuera la opción más disponible. 

El observador puede rellenar los vacíos de información basándose en sus propias preferencias

Sea cual sea la razón de una percepción errónea, hay una verdad importante: los observadores luchan por comprender los aspectos multidimensionales y llenos de matices de las decisiones que toman las personas.  

A medida que las elecciones de la gente son cada vez más visibles, es más probable que estas inexactitudes se vuelvan incluso más influyentes a la hora de formar juicios y nos lleven a extraer inferencias y conclusiones erróneas. 

Para aquellos cuyas decisiones impactan en la vida de los demás, quizá la forma más conveniente de percibir las elecciones es dejar a un lado la observación pasiva y apostar por una simple conversación. 

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