"Si estás utilizando 40 componentes en la fabricación de un producto, basta con que te falte uno de esos 40 para romperte tu ritmo de producción"

Equipo Do Better

Justo antes del Black Friday, las cadenas de suministro se atascaron a nivel global. Las hileras de barcos que esperaban para entrar en los puertos eran el símbolo de una crisis que está lejos de terminar y que ahora está trastocando las compras navideñas.

Pedro Aznar, profesor de economía de Esade, ha respondido algunas preguntas sobre este tema para el informe publicado en Do Better. A continuación, la entrevista completa:

¿Cómo se genera un atasco como este?

Esta crisis nace de un primer elemento coyuntural que tiene su origen en la pandemia. La COVID-19 hizo que algunos de los principales países productores aplicaran medidas de cierre muy estrictas en sus fábricas. Y ese parón vino a añadirse a otros elementos estructurales, como la escasez de microchips y la falta de contenedores.

Los famosos contenedores...

Cuando llegó la pandemia, nos pilló a todos por sorpresa y fue como si, de repente, todos nos parásemos a la vez y cada uno dejase el coche en un sitio distinto. Esto es lo que ha pasado con los contenedores de los barcos. Lo que ha ocurrido después es que, cuando se ha recuperado la demanda, todos esos contenedores no estaban donde deberían haber estado.

¿Y por eso se forman esas colas frente a los puertos?

Las prisas que han generado los productores, los fabricantes y las tiendas de cara a la campaña de Navidad han provocado un aumento todavía mayor de la demanda, con lo cual se han creado unas colas muy importantes en algunos puertos importantes. Si trasladar un contenedor de China a los Estados Unidos antes tardaba unos 40 días, hoy el término medio es de 70 días.

Si trasladar un contenedor de China a los Estados Unidos antes tardaba unos 40 días, hoy el término medio es de 70 días

¿Y qué pasará con la Navidad? ¿Llegarán a tiempo las mercancías?

Esta Navidad puede que haya determinados juguetes que lleguen menos a las estanterías. Los típicos juguetes que siempre se acaban en este caso serán más de los que hubieran sido en otro contexto.

Dicen las encuestas que el 75% de los consumidores están preocupado por el desabastecimiento.

El consumidor tiende a asustarse. Ya pasó en la pandemia, cuando la gente iba corriendo a los supermercados. Pero, si en aquel momento no hubo desabastecimiento de los productos más básicos, menos lo va a haber ahora. Así pues, el desabastecimiento me preocupa relativamente poco, porque no creo que vayamos a vivir una situación de desabastecimiento genérico. Lo único que se agotará son esos productos puntuales, y habrá tiempos de espera más largos.

¿Le ha faltado previsión a la industria?

Aunque la industria lo hubiera podido prever, se ha encontrado con que las restricciones en muchos países han mermado la capacidad de producción. Por mucho que hubiera habido una cierta capacidad de previsión, si tú estás utilizando 40 componentes en la fabricación de un producto, basta con que te falte uno de esos 40 para romperte tu ritmo de producción.

El desabastecimiento me preocupa relativamente poco, porque no creo que vayamos a vivir una situación de desabastecimiento genérico

¿Esto ha pasado porque dependemos demasiado de Asia?

Muchas veces se dice que China es la fábrica de mundo y eso es verdad, en gran medida. España, por ejemplo, tiene una industria manufacturera importante, pero sí es cierto que una parte muy importante de los componentes que utiliza viene de allí, con lo cual tenemos una fuerte dependencia de las cadenas de suministro que vienen de Asia.

¿Se puede cambiar este modelo?

Yo creo que esta crisis llevará a un replanteamiento de la cadena global de suministros. ¿Hasta qué punto es bueno que una parte importante de los elementos que necesitamos para producir se estén fabricando tan lejos? Es una situación que se dio principalmente por un motivo de costes y de rentabilidad económica, pero creo que en algunas industrias tenemos que plantearnos la necesidad estratégica de no quedarnos desabastecidos. Igual que muchas veces nos planteamos cuál es nuestra dependencia energética, porque sin energía el país no funciona, debemos plantearnos también que en otros tipos de bienes y servicios eso puede ocurrir.

¿Cómo un pequeño almacén?

Al menos de ciertos productos básicos. No de todos. Si, en lugar de cambiarte el coche ahora, tardas seis meses en hacerlo, tampoco va a ser el fin del mundo. Pero esta crisis sí puede hacer replantearnos cuáles son las industrias de las cuales no deberíamos depender excesivamente, porque esta dependencia nos puede pasar factura en términos de crecimiento económico propio. En el caso de la economía española, por ejemplo, hay una gran dependencia energética y un eventual problema de suministro de energía sí podría tener repercusiones en el crecimiento económico.

Esta crisis sí puede hacer replantearnos cuáles son las industrias de las cuales no deberíamos depender excesivamente

De momento, la crisis de suministros ha disparado los precios de algunos productos. ¿Lo notarán nuestros bolsillos?

Una de las primeras consecuencias que yo creo que ha venido para quedarse durante un cierto período de tiempo es un repunte de la inflación. Primero, porque al final la famosa crisis de los contenedores ha provocado un incremento del coste de transporte. Antes de la COVID-19, el precio de trasladar un contenedor de Shanghái a los Estados Unidos era de 2.000 dólares. Ahora cuesta 25.000. Algunos precios se han multiplicado por 10. Esto acaba afectando prácticamente todos los productos, desde el jersey que llevas hasta el teléfono móvil.

¿Y cómo incidirá todo esto en la economía? La UE ya ha rebajado sus previsiones de crecimiento.

Todos estos retrasos en la recepción de materias implican que el nivel de producción se ralentice en algunas industrias. Por ejemplo, si la fabricación de vehículos se resiente o se tiene que ralentizar, ello acabará afectando al PIB. A esto hay que añadir la inflación, ya mencionada, y el efecto que tendrá en el consumidor, que va a ajustar su cesta de la compra. Si los incrementos salariales son del 1% y la inflación se sitúa en el 5%, el consumidor va a tener que gestionar esta pérdida de poder adquisitivo.

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