Por qué el Ártico y Groenlandia vuelven al mapa de Estados Unidos

A medida que el Ártico se derrite por el cambio climático y surgen nuevas rutas marítimas y recursos, EEUU ve en Groenlandia un activo clave en su rivalidad con Rusia y China. Pero los locales no parecen dispuestos a formar parte de esta fría carrera.

Equipo Do Better

La operación inmobiliaria más improbable del mundo

En 2019, el entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, propuso comprar Groenlandia a Dinamarca. La idea fue recibida con asombro generalizado e incluso con burlas. Sin embargo, aunque no lo parezca a primera vista, esta propuesta puso de relieve un importante interés estratégico en la región ártica. No fue simplemente un capricho más de Trump, sino parte de una visión nacionalista y transaccional de la política exterior, donde la tierra y el poder se consideran mercancías. 

Las motivaciones e implicaciones de este renovado interés por Groenlandia son importantes. Aunque se trata de un vasto territorio cubierto en su mayor parte por hielo y con solo 57.000 habitantes, se presenta como una puerta de entrada al Ártico, clave para controlar nuevas rutas marítimas, minerales estratégicos y el alcance militar. A medida que el hielo del Ártico retrocede por el calentamiento global, deja al descubierto rutas de navegación antes inaccesibles y enormes reservas de recursos, lo que convierte a la región en uno de los focos geopolíticos más interesantes del mundo. 

La larga sombra de Thule: una historia de relaciones entre EEUU y Groenlandia

El interés de Estados Unidos por Groenlandia es anterior a Trump. Ya en 1946 ofreció 100 millones de dólares a Dinamarca por el territorio, y durante la Guerra Fría estableció diez bases militares con 10.000 soldados, incluida la todavía activa Base Aérea de Thule

La crisis climática está redibujando los mapas del Ártico, revelando nuevas rutas marítimas y riquezas minerales sin explotar

Como señala el profesor de Esade José M. de Areilza en El Correo, la renovada fijación de Trump por Groenlandia refleja “una reclamación imperialista” que no formaba parte del guion esperado para su segundo mandato. Aun así, el valor táctico de la isla, demostrado durante la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría, sigue siendo un gran motivador. 

Curiosamente, Washington puede mantener una presencia militar en Groenlandia gracias a un tratado entre EEUU y Dinamarca firmado en 1951, destinado a contrarrestar amenazas militares de Rusia y China. La reciente visita del vicepresidente estadounidense JD Vance a la base de Pituffik tenía como objetivo reforzar la posición ya existente, aunque para evitar tensiones diplomáticas canceló cualquier plan para salir de la zona estadounidense y contactar con la población local. 

El nuevo valor de Groenlandia: recursos, rutas y alcance

La crisis climática está transformando el Ártico. El deshielo de los glaciares está revelando nuevas rutas comerciales viables y desbloqueando riquezas minerales inexploradas. Groenlandia alberga yacimientos de oro, litio, hierro, cobre, cobalto, níquel y uranio. Y aunque la extracción de petróleo sigue siendo un tema controvertido, el interés internacional al respecto continúa, incluso después de que Groenlandia suspendiera en 2021 la concesión de nuevas licencias de exploración. 

Areilza explica que el interés de Trump por Groenlandia fue “un cálculo estratégico”, al reconocer su creciente valor debido al cambio climático y su potencial para ampliar el alcance militar y económico de Estados Unidos. 

Reequilibrando el poder mundial: Trump, Rusia y China

El interés de Estados Unidos por Groenlandia es un síntoma de cambios más amplios en las dinámicas del poder global. El profesor de Esade Xavier Ferràs plantea que Estados Unidos está reajustando su enfoque estratégico, quizás alejándose de sus alianzas tradicionales en Europa para hacer frente a desafíos emergentes de potencias como China y Rusia. 

¿Y si pactan para repartirse el mundo? Groenlandia para EEUU, Ucrania para Rusia, Taiwán para China

Escribiendo en La Vanguardia, Ferràs destaca la competencia geoeconómica entre bloques de poder, con Estados Unidos tratando de mantener su dominio mediante nuevas posiciones estratégicas. La ubicación y los recursos de Groenlandia la convierten en un activo valioso que ofrece a Estados Unidos influencia en una región cada vez más disputada. 

Pero más allá de la rivalidad, algunos especulan con que podría estar gestándose una alineación de intereses aún más oscura. Ferràs plantea un escenario provocador: “¿Y si pactan para repartirse el mundo? Groenlandia para EEUU, Ucrania para Rusia, Taiwán para China. Ahora sí, Europa se enfrenta a una amenaza existencial. En el peor de los casos, podemos imaginar un esfuerzo deliberado de esas potencias en debilitar a la UE”. 

El papel de Europa en este nuevo panorama parece haberse reducido. Ferràs apunta al declive de su influencia y a la falta de inversión suficiente en innovación, en contraste con las estrategias proactivas de China, Rusia y Estados Unidos. 

La visión local: groenlandeses, Dinamarca y autonomía

Aunque Groenlandia forma parte del Reino de Dinamarca, cuenta con su propio gobierno y lleva tiempo reclamando una mayor autonomía. El renovado interés internacional por la isla ha reavivado los debates sobre soberanía, desarrollo económico y protección del medioambiente. 

Areilza afirma que “los minúsculos partidos políticos groenlandeses no están contentos con las políticas de la metrópoli danesa, aunque financie la mitad del presupuesto”. Existen tensiones entre las aspiraciones locales y los intereses externos. Dinamarca, aunque es soberana sobre Groenlandia, a menudo queda al margen en las discusiones sobre el futuro de la isla. Trump ha intentado aprovechar este descontento en su favor. 

El 85 % de los groenlandeses no quiere formar parte de Estados Unidos

En 2019, la respuesta local a la propuesta de Trump fue tajante. El entonces primer ministro de Groenlandia, Kim Kielsen, afirmó: “Groenlandia no está en venta”, reflejando el deseo de la isla por una mayor autodeterminación y control sobre sus recursos. Antes de las elecciones más recientes, el líder opositor Jens Frederik Nielsen (Demócratas) reiteró este mensaje, al igual que la primera ministra danesa Mette Frederiksen a comienzos de este año. 

Así que la respuesta es un “no”, señor Trump. 

¿Y qué opinan los locales? Hoy en día, las encuestas muestran que el 85 % de los groenlandeses no quiere formar parte de Estados Unidos, a pesar de las afirmaciones de Trump en un sentido contrario. No obstante, el 56 % afirma que votaría por la independencia de Groenlandia. El debate sobre romper con la tutela danesa fue uno de los temas clave en las elecciones recientes. Muchos ciudadanos pueden querer separarse de Dinamarca, pero eso no significa que quieran integrarse en Estados Unidos. 

Entre los partidos que concurrieron a las elecciones, cinco líderes mostraron desconfianza hacia Trump. Solo el líder del partido Qulleq, Karl Ingemann, expresó confianza en el presidente estadounidense; su partido obtuvo apenas un 1,1 % de los votos. Así que es poco probable que los políticos groenlandeses abracen los planes de Trump en un futuro próximo. 

Fronteras frías, apuestas calientes

El Ártico está emergiendo como una nueva frontera de la política global, con Groenlandia en el centro. A medida que el deshielo y las tensiones políticas locales desbloquean nuevas oportunidades y desafíos, la importancia estratégica de la región no hará sino crecer. Las acciones de las grandes potencias en el Ártico moldearán no solo el futuro de la región, sino también el equilibrio de las relaciones internacionales. 

En este panorama cambiante, queda la gran pregunta: ¿será el Ártico una zona de cooperación o de competencia? El futuro del Ártico —y del orden mundial— puede depender de cómo decidan los países jugar sus cartas en esta partida helada. 

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