Cómo las maniobras políticas de Trump han minado el crecimiento económico
Los datos disponibles tras los anuncios arancelarios del presidente Trump apuntan a una desaceleración económica autoinfligida y un aumento de la inflación. El riesgo de estanflación no deja de crecer.
Tras meses de especulación provocada por las proclamaciones arancelarias de Trump durante el “Día de la Liberación” —y la avalancha de declaraciones contradictorias posteriores—, la espera para recibir datos concluyentes ha terminado. El informe del PIB del primer trimestre de 2025 ya está disponible y ofrece un veredicto preocupante. Según la Oficina de Análisis Económico, la economía de EEUU se contrajo un 0,3 % en términos anualizados, la primera caída desde principios de 2022. Al mismo tiempo, la inflación se disparó: el índice subyacente de gastos de consumo personal (PCE) subió hasta el 3,5 %, frente al 2,6 % del trimestre anterior. La inflación se ha alejado notablemente del objetivo del 2 % fijado por la Reserva Federal, lo que complica el panorama para los responsables de la política económica.
Un aumento repentino de las importaciones
Uno de los principales factores de la contracción fue un asombroso aumento del 41,3 % en las importaciones, el segundo mayor incremento trimestral registrado, solo superado por el del tercer trimestre de 2020, en plena crisis económica provocada por la COVID-19. Este repunte refleja una oleada de acopio de stock por parte de empresas que se preparan para afrontar aranceles más altos. Paradójicamente, esta carrera por importar bienes —sobre todo desde China— ha ampliado el déficit comercial de EEUU, justo lo contrario de lo que la administración Trump afirmaba que lograría con su política arancelaria.
La carrera por acumular stock ante la inminente subida de aranceles ha ampliado el déficit comercial de EEUU
Desde la perspectiva de las cuentas nacionales, las importaciones restaron 4,83 puntos porcentuales al crecimiento del PIB. Pero conviene aclarar una confusión común: las importaciones no reducen el PIB de forma inherente. De hecho, primero se contabilizan como parte del consumo (C), la inversión (I) o el gasto público (G). Cuando una empresa estadounidense importa bienes por valor de 1.000 millones de dólares —por ejemplo, 500 millones en electrónica de consumo y 500 millones en maquinaria—, esas cifras se registran como parte del consumo y la inversión. La resta tiene lugar después, en el componente de exportaciones netas (exportaciones menos importaciones), para evitar el doble cómputo. Por tanto, el “impacto negativo” de las importaciones es más un ajuste estadístico que una pérdida económica directa. La reciente explosión de las importaciones ha distorsionado la cifra principal del PIB sin reflejar los cambios reales en el comportamiento económico.
Entonces, ¿a dónde fueron esas importaciones? Los datos apuntan a dos destinos principales: inventarios e inversión en equipamiento. La acumulación de inventarios aumentó en 140.100 millones de dólares, lo que aportó 2,25 puntos porcentuales al PIB, mientras que la inversión en equipamiento creció a un ritmo anualizado del 22,5 %, liderada por ordenadores y componentes electrónicos. Esto probablemente refleja un acopio preventivo por parte de las empresas ante la inminencia de los aranceles. Aunque este repunte de la inversión pueda parecer una señal positiva, es más probable que se trate de un pico temporal: una actividad anticipada que podría revertirse en los próximos trimestres.
El efecto paradójico sobre los productos nacionales
Para comprender mejor el impulso económico subyacente, podemos observar una medida popularizada por Jason Furman, antiguo asesor económico de Obama: el PIB subyacente, o ventas finales reales a compradores privados nacionales. Este indicador excluye los componentes más volátiles del PIB, como las exportaciones y el gasto público, y suele ser un predictor más fiable del crecimiento económico futuro. De forma alentadora, el PIB subyacente creció casi un 3 % en el primer trimestre, en línea con los trimestres anteriores, lo que sugiere que la demanda interna sigue siendo fundamentalmente sólida.
Los datos sugieren que consumidores y empresas favorecen cada vez más los productos extranjeros frente a los nacionales
Pero este crecimiento estable del PIB subyacente oculta una tendencia más profunda: la sustitución. El repunte de las importaciones, combinado con la contracción del PIB total, sugiere que consumidores y empresas están optando cada vez más por productos extranjeros en lugar de nacionales. Este cambio no aparece inmediatamente en el PIB subyacente, pero podría tener consecuencias a largo plazo para la industria manufacturera y la creación de empleo en EEUU. En esencia, el sólido dato del PIB subyacente podría estar enmascarando un dolor sectorial importante.
Las ventas finales cayeron tanto en bienes duraderos como no duraderos. Dos sectores destacaron por sus caídas: vehículos de motor y ordenadores personales. Es especialmente irónico, dado que la industria automovilística es una de las que la administración Trump ha intentado reactivar a nivel nacional. Mientras que las empresas acumularon hardware informático como parte de su inversión en equipamiento, los consumidores redujeron drásticamente la compra de estos mismos productos. De hecho, si se excluyeran los vehículos de motor y los ordenadores de los datos, el PIB habría crecido aproximadamente un 0,5 % en el primer trimestre, lo que subraya el efecto distorsionador de estos sectores.
Riesgo de estanflación
Pese a la contracción registrada, no parece inminente una recesión. La solidez del PIB subyacente apunta a una economía interna resistente que aún tiene margen de crecimiento. Sin embargo, es probable que el crecimiento se desacelere en los próximos trimestres, a medida que desaparezca el impulso temporal de la inversión preventiva y se materialice por completo el lastre de la incertidumbre comercial. Un pronóstico más realista para el segundo trimestre es un crecimiento moderado, en torno al 1 %.
La economía de EEUU sigue siendo sólida, pero está siendo puesta a prueba por heridas autoinfligidas
La mayor preocupación es la inflación. El dato del 3,5 % en el índice PCE subyacente sugiere que los precios ya están reflejando el efecto de los aranceles esperados. Y esto es solo el principio. Los indicadores de precios en tiempo real muestran que la inflación se está acelerando, y varios apuntan a un posible aumento hacia el 4 % a finales de año. Si los aranceles siguen implementándose según lo previsto, la inflación podría mantenerse elevada hasta bien entrado 2026.
Esto plantea un riesgo clásico de estanflación: inflación al alza y crecimiento a la baja. Para la Reserva Federal, es el peor de los escenarios. Subir los tipos de interés para frenar la inflación podría debilitar aún más una economía que ya está ralentizándose. Pero bajarlos solo alimentaría el alza de precios. Para complicar aún más las cosas, la administración Trump ya ha empezado a presionar al presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, para que baje los tipos. Si el crecimiento se estanca aún más, es probable que estos ataques se intensifiquen, poniendo en riesgo la independencia de la Fed, uno de los pilares de la credibilidad monetaria de EEUU. Socavar esa independencia podría sacudir los mercados financieros y erosionar la confianza global en el dólar.
En resumen, la economía estadounidense sigue siendo esencialmente sólida, pero está sufriendo heridas autoinfligidas. Los primeros 100 días del nuevo mandato de Trump han dejado una dolorosa lección sobre causa y efecto económicos. Aún no hay recesión a la vista, pero cada nuevo arancel la acerca un poco más. A menos que se reviertan tras la actual pausa de 90 días, el verdadero impacto de estas políticas se dejará sentir en 2025 y 2026. Este es el primer dividendo negativo del regreso de Trump a la Casa Blanca, y ha tardado menos de cuatro meses en llegar.
Profesor titular, Departamento de Economía, Finanzas y Contabilidad en Esade
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