El Día de la Liberación: El anuncio que puso en jaque a Estados Unidos

Trump no solo ha abierto una nueva guerra comercial global, sino que ha generado dudas profundas sobre la estabilidad y la credibilidad de la primera economía mundial.

Omar Rachedi

El pasado 2 de abril, bautizado como el Día de la Liberación, supuso un punto de inflexión en la política comercial estadounidense. Ese día, desde la rosaleda de la Casa Blanca, Donald Trump anunció una subida arancelaria histórica que elevó la tasa arancelaria efectiva media de EEUU al nivel más alto desde la infame ley proteccionista Smoot–Hawley de 1930. Pero mientras que en aquella época el comercio exterior representaba apenas el 11 % del PIB estadounidense, hoy supera el 25 %. Por tanto, estamos frente al mayor shock comercial de la historia moderna

Los mercados reaccionaron inmediatamente con pánico. Solo en los dos días posteriores al “Día de la Liberación", la bolsa estadounidense perdió aproximadamente 6,6 billones de dólares en valor bursátil, según datos del Dow Jones; la mayor destrucción de valor accionarial jamás registrada en tan breve periodo. Esta tormenta financiera obligó a Trump a suavizar parcialmente su postura inicial, anunciando una pausa temporal de 90 días en la que fijó aranceles generales del 10 %, excepto para China, país al que impuso una tasa extraordinaria del 145 %. Frente a este aparente giro, Wall Street respondió con una euforia inicial espectacular: el índice Nasdaq registró una subida del 12%, su mayor incremento diario desde el 3 de enero de 2001. No obstante, un análisis más detallado revela que esta aparente moderación no implica una reducción efectiva del nivel general de los aranceles, sino únicamente una redistribución geográfica, concentrando especialmente el castigo en China. En consecuencia, seguimos ante una política que inevitablemente traerá consecuencias económicas severas. 

El diseño de estos aranceles en sectores clave como el acero y el aluminio es claramente contraproducente

Esta pausa reveló claramente la intención explícita de Trump de concentrar su ofensiva principalmente contra China. Pero dicha estrategia presenta serias limitaciones internas para Estados Unidos. Alrededor del 45% de las importaciones estadounidenses son bienes intermedios esenciales para sus exportaciones. Al encarecer estos bienes intermedios, Trump deteriora directamente la competitividad exportadora estadounidense, debilitando a largo plazo su economía. Aunque la administración justifica estas medidas con la promesa de recuperar empleos manufactureros, lo más llamativo —o quizá lo más preocupante— es que el diseño de estos aranceles en sectores clave como el acero y el aluminio es claramente contraproducente. Por ejemplo, Trump ha impuesto aranceles del 25% sobre el acero y del 10% sobre el aluminio. Pero, por cada trabajador estadounidense en estas industrias básicas, existen aproximadamente 60 empleados en sectores que usan estos materiales como insumos clave, como la automoción, maquinaria, construcción o aeronáutica. Por tanto, elevar aranceles beneficia puntualmente a un reducido grupo de trabajadores, pero perjudica gravemente a sectores que emplean a millones de personas. Incluso desde una perspectiva puramente proteccionista, esta política está mal concebida y puede provocar daños netos considerables a la economía estadounidense. 

La incertidumbre, disparada

La incertidumbre generada por estos anuncios golpea ya con fuerza la economía. Una clara señal de este clima extremo es el índice VIX (conocido como el "índice del miedo", que mide la volatilidad esperada en el mercado bursátil), el cual ha alcanzado recientemente niveles excepcionalmente altos, entre los mayores jamás registrados. Esto evidencia que la ansiedad entre inversores y empresarios se encuentra en máximos históricos, afectando profundamente la confianza empresarial, congelando inversiones estratégicas y amenazando con precipitar una posible recesión en EEUU 

Intentando 'liberar' la economía estadounidense, Trump la ha encadenado a una incertidumbre inédita y alarmante

Quizá aún más preocupante sea la reacción atípica observada en los mercados financieros internacionales. Normalmente, ante situaciones de incertidumbre global, el dólar se fortalece y los bonos estadounidenses actúan como refugio seguro. Sin embargo, en esta ocasión el dólar se depreció significativamente: perdió aproximadamente un 2,7 % frente a las principales divisas solo en la semana siguiente al anuncio, llevando al euro a alcanzar su nivel más alto frente al dólar en los últimos tres años. Además, los rendimientos de los bonos estadounidenses se dispararon: la rentabilidad del bono a diez años subió bruscamente desde aproximadamente el 3,86 % el 4 de abril hasta el 4,5 % el 9 de abril, el incremento semanal más pronunciado desde 1982. Este salto en los rendimientos refleja la inquietud de los inversores frente a las presiones inflacionarias derivadas de los aranceles y la creciente pérdida de confianza en la estabilidad fiscal de EEUU. 

La encrucijada de EEUU

En definitiva, el "Día de la Liberación" no solo ha sacudido al comercio mundial, sino que ha colocado a Estados Unidos ante una peligrosa encrucijada económica y financiera. Trump no solo ha abierto una nueva guerra comercial global, sino que ha generado dudas profundas sobre la estabilidad y la credibilidad de la primera economía mundial. El legado de Trump quizá no sea el que él había imaginado, pero la historia lo recordará claramente como el presidente que, intentando "liberar" a la economía estadounidense, terminó encadenándola a una incertidumbre inédita y alarmante. 

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