Liberation Day: La ofensiva arancelaria de Trump que amenaza la economía global

Economistas de Esade advierten de las graves consecuencias que puede desencadenar esta iniciativa, tanto para la economía global como para el propio consumidor estadounidense.

La historia económica mundial acaba de sumar un nuevo hito. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció esta semana el ‘Liberation Day’ junto a un ambicioso y polémico plan de aranceles que impone gravámenes a más de 90 países. Un movimiento que no solo representa el mayor giro proteccionista desde la década de 1930, sino que convierte a la principal potencia global en el país con los aranceles más elevados. 

“El Liberation Day ha significado un golpe brutal al modelo económico y de globalización en el que las empresas han operado en las últimas décadas”, afirma Pedro Aznar, profesor titular del Departamento de Economía, Finanzas y Contabilidad de Esade. “La última vez que EEUU aplicó aranceles similares estábamos en el período intermedio entre la primera y segunda guerra mundial”. 

La lista de aranceles de Trump impone una tarifa base del 10 % para todos los productos que entren del exterior, aunque para algunos países son mucho mayores. Entre ellos se encuentran los miembros de la Unión Europea, que asumen un 20 %, Vietnam, con un 46 %, o China, que queda con un 54 % si se incluyen los aranceles que ya tenía en vigor. Los principales socios comerciales de EEUU, México y Canada, han quedado fuera de la lista, aunque a principio de su mandato Trump ya anunció la intención de imponerles un 25 % que posteriormente ha utilizado como palanca de negociación. 

Se inicia un período de inestabilidad económica con un desenlace muy probable de estanflación

Aznar subraya que el impacto será inmediato en países muy expuestos al mercado estadounidense, como Alemania o Irlanda, donde el nuevo arancel del 20 % a sus exportaciones puede traducirse en menores ventas, presión sobre los márgenes empresariales, caída de la inversión y destrucción de empleo. Además, anticipa represalias que agravarán la incertidumbre financiera global. “Desde la perspectiva macroeconómica, esto implica perspectivas de menor crecimiento, deterioro de la confianza empresarial y más inflación”, concluye. 

Efectos de los aranceles para España y la UE

En el plano internacional, el riesgo es claro: una escalada de represalias que derive en una guerra comercial global. Según Omar Rachedi, también profesor del Departamento de Economía, Finanzas y Contabilidad de Esade, esta situación “frenaría el comercio mundial y podría desacelerar el crecimiento económico en muchas regiones”.  

Aunque el impacto directo sobre España sería limitado —alrededor de un 0,2 % del PIB en el corto plazo—, ciertos sectores clave como la maquinaria, los equipos eléctricos o el aceite de oliva sufrirían de lleno la pérdida de acceso preferente al mercado estadounidense. Además, dada la profunda integración industrial europea, el daño indirecto sería considerable: muchas exportaciones de países como Alemania o Francia incluyen componentes españoles, por lo que un golpe a las cadenas de valor afectaría a todo el continente. 

¿Aranceles recíprocos?

Trump ha defendido que se trata de un plan de aranceles “recíprocos” que pretende equilibrar la relación injusta a la que le someten sus actuales socios comerciales. El problema es que sus cálculos no se han realizado tomando en cuenta los aranceles o impuestos generales que terceros países imponen a EEUU, sino en base a la balanza comercial —la diferencia entre el valor de las importaciones y las exportaciones— de EEUU con cada socio comercial. 

El término ‘recíproco’ es engañoso: son aranceles unilaterales y desproporcionados, criticados por su falta de rigor

Para socios con los que EEUU tiene un alto déficit comercial, como con China o la Unión Europea, los aranceles son más altos. Por contra, para países con los que EEUU tiene superávit, como es el caso del Reino Unido, se aplica el arancel base del 10 %. De acuerdo con Rachedi, se trata de una imposición de tarifas nada transparente en su cálculo. “El término ‘recíproco’ es engañoso: son aranceles unilaterales y desproporcionados, muy criticados por su falta de rigor económico”, afirma.  

Además, lejos de acabar con la incertidumbre que había generado el inminente anuncio del plan arancelario, la forma que finalmente ha tomado no hace más que aumentarla. “Como el cálculo depende del déficit comercial bilateral, si las decisiones de inversión de las compañías alteran ese déficit, podrían desencadenar nuevas rondas de aranceles. No son reglas estables, esto complica enormemente la planificación de cadenas de suministro resilientes”, explica Rachedi.  

Para el experto también supone un error diseñar este tipo de política pensando en la balanza comercial bilateral —la que se tiene respecto a otro país— en lugar de la agregada —la que se tienen respecto al conjunto del mundo—. La existencia de déficits o superávits bilaterales se debe, sencillamente, a la idea de las ventajas comparativas: los países se especializan en vender aquello que se les da mejor producir, mientras que compran lo que otros pueden producir mejor o más barato.  

“Establecer aranceles bilaterales destruye estas pautas de especialización, tendrá efectos negativos importantes sobre el comercio mundial y, además, no son para nada justificados”, añade Rachedi. 

El coste para los hogares estadounidenses

Ambos expertos coinciden en que la factura final la pagarán, sobre todo, los ciudadanos de Estados Unidos. Aznar advierte que los aranceles afectarán directamente al precio de productos básicos en la cesta de la compra, desde teléfonos móviles hasta el café. Por su parte, Rachedi cifra el impacto en términos concretos: entre 2.400 y 3.400 dólares adicionales al año para cada familia estadounidense, un encarecimiento que golpeará especialmente a los hogares con rentas más bajas. 

Más allá del bolsillo de los consumidores, los efectos macroeconómicos también serán negativos dentro del país: aumento de costes para las empresas, presiones inflacionistas que podrían forzar subidas de tipos por parte de la Reserva Federal, y una erosión del empleo neto. Y por supuesto, la posibilidad de que los países afectados respondan con aranceles verdaderamente recíprocos. 

Es dudoso que las industrias regresen masivamente a EEUU a causa de los aranceles

“Lejos de reforzarla, la medida amenaza con lastrar la economía de EEUU en conjunto”, afirma Rachedi. “Aunque sectores protegidos —como el acero o el automóvil— puedan ver un alivio temporal, otras industrias sufrirán insumos más caros y represalias externas, erosionando el empleo neto”. Además, señala que es muy improbable que estas medidas logren su objetivo declarado de reducir el déficit comercial, ya que este obedece a factores estructurales internos como el bajo ahorro y el elevado déficit público y no es posible equilibrarlo solo con aranceles. 

¿Y qué hay de la deseada reindustrialización que se encuentra en el corazón de este plan arancelario? ¿Volverán las empresas a producir en EEUU como pretende Trump? El profesor Rachedi encuentra “dudoso” que regresen masivamente a causa de los aranceles. “En la práctica, las empresas podrían optar por proveedores de otros países no tan penalizados en lugar de asumir los costes de mudar sus fábricas a EEUU”. 

Un ataque al orden comercial internacional

Finalmente, tanto Aznar como Rachedi coinciden en que este “Liberation Day” representa una amenaza frontal al sistema de comercio internacional que se construyó tras la Segunda Guerra Mundial. Trump, sostienen, no solo rompe con la lógica económica al interpretar los déficits comerciales como una “estafa” por parte de otros países, sino que dinamita los principios de apertura, cooperación y respeto a las instituciones multilaterales como la Organización Mundial del Comercio

“Si otros países responden en la misma línea, podríamos ver una escalada de barreras que revierta la tendencia integradora de la globalización”, afirma Rachedi. La consecuencia sería un mundo más fragmentado, con menor crecimiento, menos confianza entre países y un sistema de resolución de disputas comerciales debilitado.  

“En resumen, se inicia un período de inestabilidad económica, con un desenlace muy probable de estanflación, en el que se combinen mayores precios con menor crecimiento económico”, pronostica Aznar. 

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