Cómo las diferencias culturales moldean las reacciones a la IA

Las culturas individualistas tienden a ver la inteligencia artificial como una amenaza a la autonomía, mientras que las culturas colectivistas la perciben más bien como una extensión del yo.

Ana Valenzuela

A medida que continúa el debate sobre las ventajas e inconvenientes de la IA, esta tecnología se ha ido convirtiendo en una parte integral de la sociedad. Su uso está ya tan arraigado que los investigadores han observado cómo el comportamiento humano se está adaptando para ajustarse a sus estándares

Pero ¿cómo la adopción de la IA se ve influida por las diferencias psicológicas de raíz cultural en países tan distintos como Estados Unidos, España o China? ¿Las normas culturales establecidas en un país hacen que se tenga una visión distinta de la IA respecto a otro? Y, en ese caso, ¿qué impacto tiene esto en el desarrollo de una tecnología con influencia global? 

Aaron J. Barnes (Universidad de Louisville), Yuanyuan Zhang (Baruch College, City University of New York) y Ana Valenzuela (Esade) han llevado a cabo una exhaustiva revisión de la literatura para analizar cómo la identidad cultural determina las respuestas a la IA. Su análisis, publicado en Current Opinion in Psychology, ofrece detalles sobre cómo las personas conceptualizan y utilizan la IA en la toma de decisiones. 

La influencia de la identidad

La capacidad de la IA para realizar tareas y tomar decisiones en nombre de los humanos sigue revolucionando las relaciones con los consumidores. Sin embargo, su aceptación varía de un país a otro. En India, Singapur y China, entre el 50 y el 59 % de las empresas han adoptado la tecnología, mientras que solo entre el 26 y el 33 % de las empresas en Francia, España y EEUU lo han hecho. 

En los países orientales hay más personas que creen que la IA es beneficiosa para la sociedad

La tendencia occidental hacia el escepticismo también se observa entre el público general: en los países orientales hay más personas que creen que la IA es beneficiosa para la sociedad que en los países occidentales. Y aunque los factores económicos pueden influir en si es más probable que se acepte la IA, el análisis de datos secundarios sugiere que las diferencias en los valores culturales podrían desempeñar un papel más significativo. 

Al considerar la adopción de la IA desde la perspectiva de la psicología cultural y explorar estas diferencias, los investigadores han podido desarrollar una comprensión más profunda de las respuestas de los consumidores y examinar la influencia que la identidad y el sentido del yo tienen en la aceptación de esta tecnología. 

Normas sociales

La palabra “cultura” puede adquirir diversos significados dependiendo del contexto en que se utilice. En un sentido geográfico, la cultura de un lugar sugiere un conjunto de valores compartidos y normas sociales aceptadas. Los miembros de una sociedad determinada pueden definirse a sí mismos por su herencia cultural y, por extensión, definir de manera diferente sus relaciones con personas de otros orígenes. 

Las tendencias culturales hacia el individualismo (libertad del control colectivo) o el colectivismo (estructuras que favorecen al grupo por encima del individuo) moldean la visión de las personas en consecuencia. El sentido del yo se refuerza con la cultura de la sociedad en la que vive una persona, y estas variaciones y patrones culturales influyen en cómo las sociedades ven la IA. 

Las culturas colectivistas están más abiertas a aceptar elementos externos como más capaces que uno mismo

Las culturas individualistas son más propensas a ver la IA como algo externo al yo: una herramienta que puede realizar tareas. Por ejemplo, un europeo occidental que se considere buen panadero podría desconfiar de una máquina para hacer pan y verla como una alternativa de menor calidad en lugar de una herramienta útil. Pero en las culturas colectivistas, más abiertas a aceptar elementos externos como más capaces que uno mismo —como aquellas con fuertes creencias religiosas— es más probable que la IA se acepte como un producto o servicio beneficioso. 

Agencia frente a algoritmos

Los algoritmos que impulsan la IA suelen reducir el comportamiento y las preferencias humanas a variables legibles que eliminan los aspectos únicos del carácter de una persona. En culturas individualistas como la estadounidense, donde se valoran la unicidad y los altos niveles de agencia, estas interpretaciones excesivamente simplificadas de los rasgos humanos refuerzan la aversión hacia la IA. Presentar esta tecnología como una manera de realzar la unicidad —como las recomendaciones personalizadas o los servicios exclusivos de pago— podría reducir este efecto. 

En culturas colectivistas donde la conformidad se considera la base de una sociedad armoniosa —como en Corea, donde la palabra conformidad es sinónimo de madurez y fortaleza—, es más probable que la toma de decisiones algorítmica se vea como un medio para promover la equidad y reforzar la cohesión social. Esto también se da en países que han sufrido altos niveles de corrupción, donde se genera una gran confianza en los algoritmos de IA que toman decisiones basadas en factores predeterminados. 

El valor atribuido a la agencia personal en la toma de decisiones también está fuertemente influido por la cultura. En EEUU, los individuos tienden a ser proactivos y tener un alto control interno, lo que conduce a una resistencia a aceptar decisiones tomadas por una IA. Pero en culturas colectivistas como la India, donde las acciones de cada uno son más reactivas al entorno externo, se percibe que la IA limita menos la agencia personal. 

Transparencia total

La gran cantidad de datos que necesita la IA para funcionar sigue siendo una de las cuestiones más controvertidas en torno a su desarrollo y uso. Además de recopilar enormes cantidades de información de fuentes públicas, también es necesaria información personal para fomentar relaciones exitosas con los consumidores. 

Para los colectivistas, que tienden hacia la conformidad, compartir opiniones o recomendaciones personales es inusual. En las culturas individualistas, donde la autoexpresión es la norma, divulgar información personal es más habitual. Estas posturas se corresponden directamente con las opiniones sobre la privacidad: los colectivistas se sienten cómodos con la recopilación y el uso de datos para mejorar la oferta de IA, mientras que los individualistas que comparten datos personales muestran mayores niveles de ansiedad por la capacidad de la IA para proteger su información. 

En general, concluyen los investigadores, los individualistas son más propensos a ver la IA como algo externo al yo, una invasión de la privacidad y una amenaza a la autonomía. La visión colectivista es la de una extensión del yo, aceptación y conformidad. Sin embargo, reconocen que estos son solo dos aspectos de las diferencias psicológicas impulsadas culturalmente y sugieren que existen muchas otras oportunidades para explorar las dimensiones culturales que influyen en la IA. 

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