Australia prohíbe las redes sociales a menores: ¿Solución o parche?

Australia se ha convertido en el primer país que restringe el uso de plataformas clasificadas como nocivas para la salud y el bienestar de los jóvenes. Sin embargo, la medida ha estado acompañada de importantes vacíos en su diseño e implementación.

Marta Barquier

Australia se ha convertido en el primer país del mundo en poner un límite de edad al acceso a las plataformas más populares de nuestros tiempos. El Gobierno ha prohibido las plataformas TikTok, Instagram, X o Facebook, entre otras, para los menores de 16 años. Ahora, para poder acceder a ellas, los jóvenes cuentan con diferentes barreras de verificación de edad e identificación personal

“El objetivo manifiesto del Gobierno australiano es ser los primeros en plantar cara y poner límites a las grandes plataformas”, explica Liliana Arroyo, investigadora del Instituto de Innovación Social de Esade y exdirectora general de Sociedad Digital en la Generalitat de Catalunya, “pero es una regulación que tiene muchos vacíos”. 

Esta nueva legislación, que ha generado gran revuelo interno y ha posicionado al país en el centro del debate sobre políticas públicas, pretende reducir el tiempo de consumo de pantallas y de contenido nocivo para la salud de los jóvenes. Sin embargo, y con la ley ya implementada, la duda recae en lo que está por venir. ¿Es realmente la solución al problema o simplemente un parche? 

El origen del problema

Las plataformas que consumimos a diario están planteadas con un diseño persuasivo para captar nuestra atención. “Están conformadas por patrones ocultos que tienen el objetivo de que el usuario pase en ellas el mayor tiempo posible”, comenta Arroyo. 

¿Su efecto? Que los jóvenes que las utilizan acaben haciendo un mal uso de ellas y que consuman, de manera inconsciente pero abusiva, contenido nocivo para su salud, desde material misógino y violento hasta contenido que promueve los desórdenes alimenticios o el suicidio. 

Según el informe sobre el impacto de la tecnología en la infancia y la adolescencia de UNICEF, la media de edad de acceso al móvil en España son los 10 años. El estudio refleja cómo este uso intensivo provoca mayor ansiedad, peor calidad de vida y mayor exposición a situaciones de acoso o ciberacoso. De hecho, el 58,4 % de los encuestados ha hablado con personas desconocidas en estas plataformas, el 25,1 % ha recibido mensajes de carácter sexual y casi el 9 % ha sufrido presiones para enviar fotos de carácter erótico. 

Se ha señalado cuál es el problema que generan las redes sociales, pero no cómo evitarlo

En la teoría, la ley australiana no solo señala una situación crítica, sino que también le planta cara. En la práctica, sin embargo, ¿está lo suficientemente desarrollada? 

La solución pasa por el diseño

La vía que ha tomado el ejecutivo australiano ha sido arrancar el problema desde la raíz: prohibir el acceso a las plataformas más consumidas por la juventud. Facebook, Instagram, Threads, TikTok, YouTube, Snapchat, X, Reddit, Twitch y Kick ahora cuentan con sistemas de verificación facial, de edad o de voz para acceder a ellas, así como otros procedimientos de identificación, que pretenden asegurar que los menores de 16 no puedan entrar. 

Pero este sistema plantea dudas. “¿Se soluciona el problema quitando las plataformas o, tal vez, sería más lógico replantear su diseño para evitar el daño que causan?”, cuestiona Arroyo. 

Desde la implementación de esta ley, los jóvenes han tomado cartas en el asunto. La primera y más obvia: intentar sortear las barreras de control a través de VPNs —herramientas digitales que permiten conectarse a Internet desde servidores fuera del país—, creando cuentas falsas o utilizando las de sus padres. La segunda, utilizar nuevas redes sociales no contempladas en la ley, menos controladas y que podrían llegar a tener un efecto más perjudicial en la salud de los jóvenes

“Esta legislación indica qué hacer frente al problema, pero no cómo hacerlo”. De hecho, y aunque la implementación de la ley se avisara ya el año pasado, las medidas que se han tomado para ponerla en práctica dejan bastantes frentes abiertos. Youtube se ha prohibido, pero no Youtube Kids. Otras plataformas de gaming como Discord o Roblox —que enfrenta una investigación criminal en Florida por negligencia ante la presencia de depredadores sexuales—, tampoco se han restringido. ¿Son estas menos nocivas que las anteriores? ¿Dónde está el límite? 

Impacto en la competencia

Uno de los efectos de la ley, señala Arroyo, ha sido precisamente el de estimular la competencia en un mercado controlado por las grandes tecnológicas. La rotura del oligopolio de las plataformas ha conllevado pérdidas económicas millonarias en las empresas y ha abierto la puerta a que proliferen otras

Más allá de esto, la normativa no castigará a los jóvenes que consigan sortear la verificación de edad, sino a las plataformas que no acaten la ley, que se arriesgan a enfrentar multas de hasta 49,5 millones de dólares australianos. 

Otros países están siguiendo muy de cerca los pasos de Australia, entre ellos España. La nueva Ley Orgánica de Protección de los Menores también establece los 16 años como una edad en la que marcar restricciones y, para ello, se necesitarán sistemas de verificación de edad. De esta forma, se pretende conectar la propuesta con el proyecto de Cartera Digital Beta, una aplicación móvil que verifica la edad del usuario y restringe el acceso de contenido para adultos a menores, que en octubre ya pasó un control significativo de validación a nivel europeo. 

Todo por los jóvenes, pero sin los jóvenes

Si bien el impacto de esta ley se comprobará a largo plazo, su entrada en vigor ya ha producido consecuencias visibles. 

La principal ventaja es que “se ha señalado públicamente qué tipo de plataformas son dañinas para el bienestar de las personas”, explica Arroyo, “y se ha creado una situación en la que es posible promover cambios, no solo en el diseño de las redes, sino también en la legislación de otros países”. Con Australia como el foco de atención, es cuestión de tiempo que otros gobiernos decidan plantearse medidas similares. 

El objetivo no debería ser eliminar las redes sociales, sino transformarlas en espacios seguros

“La iniciativa, sin embargo, ha sentado un precedente negativo. Se ha planteado sin los jóvenes, que son los principales afectados, y sin un camino que establezca qué tipo de redes sociales queremos”, crítica Arroyo. 

La reacción de los jóvenes a esta nueva ley ha sido de mucha frustración y sensación de pérdida. “Hablan de vacío porque han perdido el acceso a las redes, pero también a sus comunidades, espacios y conexiones que muchos habían creado durante todo este tiempo y que ahora no saben si van a poder recuperar”. Una nueva situación que, además de afectar a los menores, también están gestionando sus familias, que se han convertido en las encargadas de acompañarlos a transitar este cambio. 

Nuevas posibilidades

Como cualquier otro cambio significativo, ahora se inicia un período de incerteza y nuevas posibilidades. La repercusión de esta ley no será inmediata y sus efectos se verán con el tiempo. 

Ahora, el objetivo “debería centrarse en buscar los indicadores que hacen que la innovación digital sea responsable”, concluye Arroyo. Tal vez la pregunta recaiga en qué queremos realmente de las redes sociales, de su contenido y de su presentación. Y, tal vez, la experiencia australiana permita a otros gobiernos no repetir los mismos errores. 

Plantear este cambio junto a los jóvenes, crear espacios digitales saludables y transparentes o transformar el diseño de las redes sociales para asegurar el bienestar de sus usuarios podrían ser pasos hacia el inicio de una legislación más cercana e inclusiva. 

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