¿Un cambio de paradigma en las escuelas de negocios?

Las empresas demandan nuevos profesionales formados en aspectos que van más allá de las habilidades clásicas. Para sobrevivir, las escuelas de negocios han de responder a estas expectativas y reformular sus métodos.

Cristina Giménez Thomsen
Alberto Núñez

Recientemente se publicaba un estudio en el que como consecuencia de los rápidos avances en la digitalización y los modelos empresariales “el 40% de los CEO no cree viable su empresa en el medio-largo plazo”. En el estudio los ejecutivos reconocían la importancia de reinventar sus empresas y la necesidad de nuevas habilidades por parte de sus directivos. Otro estudio reciente del Foro Económico Mundial recogía las necesidades a las que han de dar respuesta los sistemas educativos.  

El informe, fruto de una amplia variedad de investigaciones sobre el futuro del trabajo realizadas por el Foro Económico Mundial y otras organizaciones, destacaba que los empleadores no solo están señalando como necesarias habilidades como la creatividad, el pensamiento crítico, la resolución de problemas y el desarrollo y uso de la tecnología, sino que también están poniendo cada vez más énfasis en habilidades interpersonales y socioemocionales, así como en actitudes y valores.  

¿Estamos preparando a nuestros jóvenes con esos conocimientos, habilidades, actitudes y valores? El informe también mencionaba un estudio de UNICEF que indicaba que menos de la mitad de los jóvenes en todo el mundo están actualmente en camino de adquirir la gama completa de habilidades necesarias para prosperar en el trabajo y en la vida. 

Los empleadores valoran cada vez más las habilidades interpersonales y socioemocionales, así como las actitudes y valores

Estos cambios no son solo una oportunidad (o una necesidad) para las escuelas de negocios en su misión de formar los alumnos para que puedan afrontar con éxito los retos del mundo empresarial y profesional del futuro, sino que son también una cuestión de supervivencia. Muchas de las habilidades que señalan los informes citados pueden ser adquiridas más rápidamente y probablemente a un menor coste en otro tipo de institución educativa o profesional.  

Transformaciones necesarias

Predecir el futuro es notoriamente difícil y, en la mayoría de casos, las propuestas que se aventuran apenas son un paso más en las tendencias que ya se observan. Nos gustaría en este artículo ser un poco más osados, y aunque no todo sea novedoso, sí proponer un replanteamiento más radical del que observamos a nuestro alrededor del tipo de enseñanza que debería ofrecer una escuela de negocios de prestigio.  

Brevemente, partimos del siguiente análisis de la situación actual. La generalización de herramientas de IA aplicadas al mundo de la educación supone no una mera aceleración de tendencias ya observadas, sino un cambio cualitativo en la comprensión de lo que se ha de realizar en una institución educativa. Desde la transmisión y laboriosa adquisición del conocimiento por parte del alumno a la interpretación y aplicación de un inmenso archivo documentario prácticamente sin costes de transacción.

La generalización de la IA supone un cambio cualitativo en la compresión de lo que se ha de realizar en una institución educativa

Esta transformación tan importante sitúa en primer nivel de importancia otros tres elementos. En primer lugar, la necesidad de desarrollar un pensamiento sistémico que se haga cargo de la multitud de relaciones y agentes que intervienen en cualquier realidad socioeconómica. En segundo lugar, la importancia de incorporar actitudes y valores, que guiarán en la interpretación de ese inmenso archivo documentario. Y, en tercer lugar, la preocupación por el equilibrio psicoespiritual del alumno que, por un lado, tiene que hacer frente a las fuertes presiones que significa un entorno tan complejo, pero, por otro, le ofrece enormes oportunidades de desarrollo personal.  

En nuestra opinión, esta descripción sucinta de los retos que la educación tendrá que atender implica diversas transformaciones en una escuela de negocios entre las que señalamos las cuatro siguientes: 

  • Un cambio en los contenidos que se imparten. La enseñanza actual fundamentalmente divide el currículo por áreas de conocimiento (finanzas, marketing, operaciones, estrategia…) que se enseñan de forma modular. La enseñanza del futuro tendrá que centrarse en las competencias fundamentales que requerirá un profesional o directivo empresarial, por ejemplo: análisis matemático y cuantitativo, análisis e interpretación de datos, gestión de personas, pensamiento crítico y autoconocimiento y visión sistémica.  
  • Un cambio en las metodologías de enseñanza-aprendizaje, muy centradas actualmente en el esfuerzo individual y la interfaz individual, aunque sea en trabajos en grupo. Una escuela de negocios del futuro situará los mejores educadores en cada ámbito competencial buscando la articulación de saberes y el recurso a todas las potencialidades individuales y sociales del alumno. El sujeto educador por excelencia no será el profesor individualmente considerado, sino la comunidad educativa, que tendrá un ámbito institucional mayor que el de la actualidad. 
     
  • Un nuevo equilibrio entre aplicación práctica y reflexión teórica. Se deberían generalizar experiencias de aprendizaje transformadoras, con un contacto mucho más directo con la realidad, su complejidad y necesidad de transformación para afrontar los enormes retos del mundo. Específicamente se debe garantizar la escucha de diferentes intereses y puntos de vista y una reflexión ponderada al respecto que cree un horizonte compartido y busque el mayor beneficio del conjunto. 
     
  • Personalizar las experiencias de aprendizaje que permitan a cada participante avanzar en función de su motivación e intereses y reflexionar sobre su propósito, valores y rol en la comunidad global. No hay verdadero aprendizaje si los proyectos experienciales no van acompañados de una reflexión tanto sobre los contenidos como sobre sus implicaciones éticas y morales que busque generar la motivación y el entusiasmo por aprender en cada miembro de la comunidad educativa. 
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