Del plástico de los coches a la cobertura forestal: cómo los estudiantes lideran soluciones de sostenibilidad
En la edición de este año del programa Challenge-Based Innovation (CBI), los estudiantes de Esade y sus socios han desarrollado soluciones prácticas para la movilidad, el reciclaje y la resiliencia climática.
Los mayores desafíos medioambientales no siempre son evidentes. Cuando pensamos en el plástico, a menudo pasamos por alto los vehículos, pero la industria automovilística mundial genera más de 5,6 millones de toneladas de residuos plásticos cada año.
Este es uno de los problemas que se están abordando de forma innovadora a través del programa Challenge-Based Innovation (CBI), impulsado por Fusion Point de Esade. En ámbitos como el reciclaje de plásticos, la resiliencia climática o la escasez de recursos, los estudiantes trabajan directamente con empresas, comunidades e instituciones para desarrollar soluciones prácticas a los problemas de sostenibilidad. Juntos diseñan ideas escalables que pueden aplicarse en el mundo real.
Fusion Point coordina el programa en el que participan estudiantes de Esade, la Universitat Politècnica de Catalunya – BarcelonaTech (UPC) y el Instituto Europeo de Diseño (IED) Barcelona. Los alumnos viajaron al espacio de innovación IdeaSquare de la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN, sus siglas en francés) para idear propuestas en torno a retos industriales planteados por empresas como SEAT y CUPRA. MAD Travel y la Ateneo de Manila University conectaron a los estudiantes con desafíos comunitarios en Filipinas.
La misión del CBI es unir ciencia, creatividad y tecnología para resolver retos globales con un impacto social y medioambiental tangible. Los proyectos de 2025 se centraron en dos grandes ámbitos: el futuro de la movilidad y la resiliencia ambiental.
Dar una segunda vida a los coches de ocasión
Uno de los bloques de proyectos abordó el reto de cómo ampliar el valor y la vida útil de los vehículos. En colaboración con SEAT, los estudiantes investigaron formas de hacer que los coches de segunda mano fueran más fiables, duraderos y sostenibles.
Solo en Europa, más de seis millones de vehículos llegan al final de su vida útil cada año
El equipo SEAT & CUPRA Young analizó el reacondicionamiento mecánico. En lugar de permitir que los coches se deterioraran hasta su desguace, el equipo diseñó un programa de reingeniería para fabricantes que permitiría prolongar la vida de los vehículos antiguos diez años más. La propuesta respondía a una fuerte demanda de compradores jóvenes que buscaban vehículos asequibles y fiables en la franja de 10.000 a 15.000 euros. Captar este mercado en crecimiento y aprovechar mejor los activos existentes permitiría evitar que un número significativo de coches terminara en el desguace.
En paralelo, el equipo 46 Gear desarrolló ‘Carsight’, un pequeño dispositivo encriptado diseñado para almacenar el historial completo de un vehículo —reparaciones, mantenimiento y datos de uso—. Estos registros verificables permitían a los propietarios exigir un mayor precio de reventa. Además, los datos podrían ayudar a los fabricantes a optimizar la planificación del reacondicionamiento y a prolongar la vida útil de los vehículos.
En conjunto, ambos proyectos contribuyen a reducir los residuos del sector automovilístico. Se trata de una necesidad urgente. Solo en Europa, más de seis millones de vehículos alcanzan cada año el final de su vida útil, lo que genera riesgos ambientales y pérdida de valor económico si los materiales y productos no se reutilizan.
Repensar los residuos plásticos en la industria automotriz
Otros equipos se centraron en transformar la industria automovilística hacia una economía más circular, identificando áreas de mejora en el reciclaje de piezas ya que, inevitablemente, todo coche llega a su fin.
Los metales se recuperan habitualmente, pero los plásticos siguen siendo un gran desafío. Un solo coche puede contener alrededor de 240 kilogramos de plástico. Actualmente, menos del 20 % del plástico procedente de vehículos fuera de uso en Europa se recicla.
Los estudiantes exploraron tres soluciones complementarias para mejorar la recuperación y reutilización de plásticos.
El equipo Future propuso utilizar tecnología de separación electrostática a gran escala para mejorar la pureza de los plásticos PET y PP extraídos tras el proceso de trituración. El resultado permitiría incorporar una mayor proporción de plástico reciclado en la fabricación de nuevos vehículos.
El equipo Invictos planteó un programa piloto para retirar componentes plásticos antes incluso de iniciar la trituración. Desarrollaron una aplicación con un modelo 3D del vehículo que ayudaba a los trabajadores a identificar las piezas por tipo de material y a evaluar el tiempo y el coste necesarios para desmontarlas. Con esta herramienta, las empresas podían determinar si el proceso era económicamente viable y escalable.
El equipo TeamTree también se centró en mejorar la calidad de los plásticos extraídos de los vehículos para facilitar su reciclaje. Su herramienta digital favorecía una extracción temprana y una clasificación optimizada.
Para monitorizar la salud forestal se combinaron cámaras alimentadas por energía solar e imágenes satelitales semanales
Impulsar la resiliencia climática en las comunidades
Los retos no se limitaron a la sostenibilidad industrial. Algunos equipos trabajaron sobre problemáticas que afectan directamente a comunidades en Filipinas, donde los riesgos ambientales inciden de forma directa en los medios de vida.
En un proyecto independiente, TeamTree apoyó la restauración del bosque ancestral de la comunidad Aeta en Zambales. El equipo desarrolló un sistema de seguimiento de la salud forestal de baja tecnología, que combinaba cámaras alimentadas por energía solar e imágenes satelitales semanales. También diseñaron una aplicación móvil fácil de usar para ayudar a la comunidad a supervisar amenazas, planificar esfuerzos de reforestación y gestionar sus tierras con mayor autonomía.
Si se analiza el contexto general de la gestión forestal en Filipinas, el impacto potencial de una aplicación comunitaria de este tipo resulta evidente. Entre 2001 y 2022, el país perdió alrededor de 1,42 millones de hectáreas de cobertura arbórea, lo que supone una disminución aproximada del 7,6 %. Herramientas de monitorización fiables pueden facilitar la protección de lo que queda y apoyar la recuperación a largo plazo.
Otro proyecto se centró en la agricultura en Yangil, donde los agricultores afrontan sequías y precipitaciones cada vez más impredecibles. El equipo SmartVest desarrolló el programa Smart Rain–Biochar, que combinaba captación de agua, restauración del suelo e intercambio de datos comunitarios.
La propuesta incluía la construcción de embalses con lahar —material volcánico local— para captar el agua del monzón. Además, los agricultores podían producir biochar a partir de residuos orgánicos, lo que mejoraría la salud del suelo y su capacidad de retener humedad. También se desarrollaron sensores de bajo coste para optimizar el momento del riego y una plataforma de datos compartida que conectaba a familias, jóvenes y autoridades locales.
El cambio climático ya está alterando los patrones de lluvia en todo el país, y los fenómenos meteorológicos extremos e impredecibles añaden presión sobre la agricultura y las comunidades rurales. Herramientas accesibles y de pequeña escala pueden marcar una diferencia significativa a la hora de ayudar a las comunidades a adaptarse.
Aprender haciendo
La clave del éxito de estos proyectos es la colaboración. Los estudiantes trabajaron junto con empresas, organizaciones locales y comunidades para comprender necesidades reales y diseñar respuestas prácticas.
La combinación de perfiles, habilidades y perspectivas diferentes abrió el camino a la innovación orientada a objetivos compartidos. En lugar de ejercicios teóricos en el aula, los participantes se implicaron directamente con socios del mundo real.
La experiencia se concibió como un proceso práctico y multidisciplinar, en el que estudiantes, empresas y comunidades co-crean soluciones que pueden probarse y mejorarse en contextos reales.
Soluciones de economía circular
Ya sea prolongando la vida útil de los vehículos, gestionando la sequía o restaurando bosques, estos proyectos ponen de relieve los beneficios de la colaboración entre múltiples actores.
Los desafíos abordados —residuos plásticos, deforestación y sequía— no van a desaparecer. Pero cuando estudiantes, organizaciones y socios locales colaboran, surgen nuevas soluciones.
Y, a veces, el primer paso consiste simplemente en aprender a ver valor allí donde otros solo ven residuos.
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