Claves para la gestión y desarrollo del talento en las ONG

El tercer sector afronta retos específicos y oportunidades únicas para retener y potenciar el talento disponible. Para ello, es indispensable adaptarse a las demandas del mercado de trabajo actual.

Mar Cordobés

La gestión del talento se ha convertido en un tema clave para organizaciones de todo tipo, especialmente tras el impacto de la pandemia y los cambios que supusieron en el entorno laboral la digitalización y el teletrabajo. Encuestas realizadas a empleados de todo el mundo ponen de manifiesto que tienen mayores expectativas sobre sus puestos de trabajo y, sin embargo, presentan menores niveles de compromiso y retención.  

Los trabajadores hoy en día esperan más de las organizaciones para las que trabajan: un ambiente laboral positivo y dónde se tenga en cuenta el bienestar global del empleado, oportunidades de aprendizaje y desarrollo profesional, lugares diversos e inclusivos, más flexibilidad y, además, un trabajo con sentido y propósito. El foco se sitúa ahora, por tanto, en la experiencia del empleado

El tercer sector no es ajeno a estas cuestiones. Y, aunque la mayoría de organizaciones tiene claro que sus equipos son su mejor activo, muy pocas están prestando la suficiente atención a este ámbito. Por ejemplo, según los resultados de la encuesta realizada en el marco del Programa Esade-PwC de Liderazgo Social en 2023, solo un 13% de las ONG participantes cuentan con una estrategia o un plan formal de gestión del talento para los próximos meses o años.  

Los retos del tercer sector 

Uno de los principales desafíos en este sentido es el foco en la misión y el “hacer”, poner en marcha proyectos e iniciativas, que deja poco tiempo para el apoyo y desarrollo de personas y equipos. A este desafío podemos sumar otros retos específicos del sector y que hacen que la gestión del talento sea una asignatura pendiente para muchas organizaciones: 

  • Una de las principales dificultades que enfrenta el tercer sector es la escasez de recursos financieros, lo cual se traduce en niveles salariales usualmente inferiores a los del sector privado e, incluso, el sector público. Ello implica considerables limitaciones para atraer y retener talento cualificado, especialmente ciertos perfiles como pueden ser los tecnológicos.  
  • Por otra parte, la naturaleza altruista del trabajo en el tercer sector no siempre se traduce en altos niveles de compromiso a largo plazo. Los empleados pueden sentirse desmotivados si no ven resultados tangibles, si la carga de trabajo es excesiva o si existen pocas oportunidades de desarrollo profesional y personal. 
  • Además, muchas ONG operan en condiciones difíciles, por ejemplo en zonas rurales y remotas de países en vías de desarrollo, o bien con unos recursos muy limitados. Esto hace que sea un desafío contratar y retener a las personas con la actitud y la motivación adecuadas, por lo cual es importante tener en cuenta los sacrificios que están haciendo a diario para poder cumplir con los objetivos de la organización. 
  • Por otro lado, las ONG suelen tener equipos pequeños y empleados multifuncionales. Esto significa que los profesionales deben estar dispuestos a asumir una amplia variedad de roles y responsabilidades. La gestión efectiva del talento implica identificar habilidades versátiles y fomentar la formación continua para satisfacer las cambiantes necesidades organizativas. 
  • Dado que el tercer sector se centra en la creación de impacto social, medir y cuantificar ese impacto puede ser desafiante. La gestión del talento se complica cuando no se pueden establecer indicadores claros de éxito, lo que dificulta la evaluación del rendimiento y la asignación efectiva de recursos. 

Estrategias para la gestión del talento 

Sin embargo, a pesar de los innegables desafíos que enfrentan las ONG en la gestión del talento, no podemos olvidar que tienen una oportunidad única ante sí. Y es que el tercer sector está mejor posicionado que el sector corporativo en muchos de los aspectos clave en la experiencia del empleado como la misión y propósito de la organización, la flexibilidad y facilidades de teletrabajo, los ambientes laborales más cooperativos y positivos, los proyectos desafiantes y motivadores y los estilos de liderazgo más horizontales y compartidos.  

Por ello, el sector necesita más que nunca construir una propuesta de valor que lo posicione como deseable para desarrollar una trayectoria profesional, demostrando todo lo que puede ofrecer: misión y más. Algunas de las estrategias para una gestión del talento exitosa en el tercer sector incluyen: 

  • Fortalecer nuestra marca para atraer al mejor talento posible. A pesar de los recursos limitados, las ONG pueden destacar sus valores y misión para atraer a individuos comprometidos con su causa. Construir una marca empleadora sólida que resalte el impacto social y proporcione un sentido de propósito puede ser un elemento diferenciador crucial. 
  • Destacar en nuestro sistema de retribución, los incentivos no financieros que ofrecemos. Dado que las restricciones presupuestarias a menudo limitan la capacidad de ofrecer salarios competitivos, las organizaciones pueden centrarse en proporcionar incentivos no financieros, como pueden ser oportunidades de desarrollo profesional, programas de mentoría, flexibilidad laboral y un ambiente de trabajo colaborativo y enriquecedor. 
  • Ampliar nuestro pool de talento, prestando atención tanto al talento interno como externo. El objetivo es gestionar ecosistemas de talento, entendidos como una estructura integrada por actores interdependientes, de dentro y de fuera de la organización, que trabajan para alcanzar unos objetivos tanto individuales como colectivos. 
  • Atender no solo a la experiencia, sino también al potencial de los posibles candidatos, así como a su encaje cultural. Los procesos de evaluación ya no deben centrarse tanto en los currículos de las posibles incorporaciones, sino atender también otros aspectos, como la pasión, las competencias o la capacidad de aprendizaje y de adaptación. 
  • Fortalecer nuestros programas de aprendizaje y desarrollo. La gestión del talento debe incluir la identificación de habilidades críticas y la implementación de programas de formación para fortalecerlas. La formación continua no solo beneficia a los equipos, sino que también mejora la capacidad de la organización para abordar desafíos complejos. 
  • Construir una cultura organizacional positiva y que integre valores clave como la diversidad, los principios feministas, la agilidad y adaptabilidad y la cooperación. Fomentar una cultura organizacional positiva es esencial para la retención del talento. Las organizaciones deben promover un entorno inclusivo que valore la diversidad, ofrezca oportunidades para el crecimiento y celebre los logros individuales y colectivos. 
  • Mejorar nuestros sistemas de medición de impacto y evaluación del desempeño. Aunque medir el impacto social puede ser complejo, las organizaciones del tercer sector deben esforzarse por establecer indicadores de éxito y evaluar regularmente el desempeño de los empleados. La retroalimentación constructiva y la adaptación continua son fundamentales para mejorar la eficacia organizacional. 

En conclusión, la gestión del talento en el tercer sector presenta desafíos únicos que requieren enfoques creativos y adaptativos. La gestión efectiva del talento en el tercer sector no solo beneficia a las organizaciones, sino que también fortalece su capacidad para abordar los problemas sociales más apremiantes. 

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