Cómo la UE planea mejorar su posición en la carrera de los microchips

Europa, antaño un actor de primer orden, lucha ahora por seguir el ritmo de la industria de semiconductores. La Ley Europea de Chips pretende impulsar y asegurar el suministro de un bien cada vez más crítico.

Joan Villoslada

La Ley Europea de Chips (ECA), la propuesta de referencia de la UE para potenciar la industria europea de semiconductores, fue aprobada finalmente por el Consejo Europeo el 15 de julio de 2023. Esta política pretende abordar las causas fundamentales que provocaron la reciente escasez de semiconductores y reforzar la posición de Europa como líder tecnológico e industrial.  

Los semiconductores son esenciales para cualquier economía industrializada, porque son el componente básico de hardware que necesita cualquier dispositivo digital. Históricamente, Europa ha estado a la vanguardia de la investigación y el desarrollo de chips, así como de la fabricación de equipos de microprocesadores. Sin embargo, el rol de Europa en la fabricación de microchips ha experimentado una erosión progresiva de su dominio en los últimos años. 

A principios de siglo, la UE representaba una cuarta parte de la producción mundial de semiconductores, mientras que, en la actualidad, representa menos del 10%. La ECA es, pues, la propuesta de la UE para recuperar un papel relevante de Europa en esta industria y reducir sus vulnerabilidades ante futuros episodios de escasez de suministros y tensiones geopolíticas. 

El debilitado escenario europeo 

En marcado contraste con la presencia menguante de Europa, algunos países del este asiático, como Taiwán, Corea del Sur, la China continental y el Japón, se han erigido en lideres indiscutibles de la industria de los semiconductores. Estos cuatro países juntos representaban el 73% de la fabricación global de chips en 2020. La empresa taiwanesa de semiconductores TSMC tiene, por si sola, cerca del 50% de la cuota de mercado manufacturero y más del 90% de toda la producción de microchips de alta calidad.  

La ECA pretende impulsar la industria europea de semiconductores y mejorar su soberanía económica

Por otra parte, la economía europea ha pasado a depender totalmente de las importaciones de semiconductores, principalmente de Taiwán, necesarios principalmente para la industria del automóvil y para algunas aplicaciones industriales. De hecho, una debilidad flagrante de Europa en lo relativo a los semiconductores es su falta de capacidad productora, especialmente de microchips de alta calidad, pues se ha centrado en desarrollar actividades de I+D.  

Los efectos de la pandemia del coronavirus  

Tras la crisis generada por la pandemia del COVID-19 en 2020, se produjo una escasez global de microchips, que tuvo repercusiones profundas en la economía internacional. La escasez de chips se remonta al segundo trimestre de 2020, cuando la creciente demanda de tecnología para trabajar desde casa coincidió con una fuerte competencia entre los fabricantes de automóviles para mejorar la capacidad de sus vehículos a través de los semiconductores. Esta convergencia de factores tensó la cadena global de suministros, marcada por una alta demanda y una oferta limitada en las fábricas asiáticas, que en aquel momento vieron limitada su producción debido a las cuarentenas de la COVID-19. 

Las consecuencias para la economía europea resultan evidentes. Mientras que los Estados Unidos y China han registrado una recuperación económica robusta después del año 2020, Europa ha quedado rezagada. Además, esta región se ha dado cuenta de la posición vulnerable de su economía debida a eventuales restricciones de suministro derivadas de la escasez de semiconductores y de las ramificaciones del conflicto entre Rusia y Ucrania. 

La escasez de semiconductores costó a la industria automovilística europea 100.000 millones en un año

La industria automovilística sufrió mucho durante la pandemia, cuando la producción mundial de vehículos se redujo en unos 18 millones de unidades en 2021. El sector automovilístico europeo, que representa el 7% del PIB de la UE, acusó intensamente el impacto de las restricciones, que supusieron una caída del 11,9% de las ventas de automóviles nuevos entre enero y agosto. Esta escasez de semiconductores, que son esenciales para la fabricación de vehículos, costó a la industria automovilística europea unos 100.000 millones de euros entre 2021 y 2022. 

Sin embargo, parece que este año Europa se está recuperando paulatinamente. En 2023, pese a enfrentarse a múltiples crisis simultáneamente, el continente está listo para recobrar el impulso económico. Según José Asumendi, director de investigación sobre automoción en Europa de J.P. Morgan, se espera que 2023 sea un año de fuertes beneficios para la industria automovilística, con unos costes más estables de las materias primas y una cadena de suministro más previsible.  

Los signos de mejora ya resultan evidentes, con un índice de crecimiento interanual previsto del 5%, que indica el final de la escasez de microchips en Europa. Según Sandeep Deshpande, director de la investigación sobre tecnología en Europa de J.P. Morgan, “nos acercamos al final de la crisis de suministros desde que se activó la capacidad de los semiconductores en 2022. De cara al futuro, no prevemos mayores restricciones”. 

La estructura de la Ley Europea de Chips  

La Comisión Europea, reconociendo la necesidad de abordar los desafíos del suministro de chips y mejorar la competitividad interna, ha introducido la Ley Europea de Chips (ECA). Esta ambiciosa iniciativa política pretende movilizar más de 43.000 millones de euros en inversiones para 2030, con fondos procedentes de programas ya existentes, en vez de incrementar el gasto anual de la UE. La ECA pretende doblar la cuota de mercado global de Europa en la fabricación de semiconductores del actual 10% al 20% en 2030. 

La estrategia de la ECA se estructura en tres pilares básicos: 

1. Iniciativa Chips para Europa

Este pilar se centra en políticas que apoyan la investigación, el desarrollo y la innovación en chips e industrias fabless (empresas que diseñan chips pero que externalizan su fabricación). Pretende cubrir el vacío existente entre la investigación y la actividad industrial, facilitando la transferencia de conocimientos del laboratorio a las fábricas. Prevé 3.300 millones de euros de fondos comunitarios para financiar esta iniciativa,con contribuciones de los programas Horizon Europe (1.725 millones de euros), Digital Europe (1.575 millones de euros), la Empresa Común para las Tecnologías Digitales Clave y otras fuentes. 

2. Garantía de suministro y resiliencia 

El segundo pilar pretende mejorar la seguridad de suministro de chips en la UE atrayendo inversiones y mejorando la capacidad de producción, especialmente de las mega-fabs (fábricas de microchips) y de las instalaciones de ensamblaje y test externalizados de semiconductores (OSAT). Aunque el presupuesto total de este pilar no se menciona explícitamente en la propuesta, hace hincapié en el desarrollo de mega-fabs capaces de producir chips de alta calidad. 

3. Control y respuesta ante crisis

El tercer pilar se centra en coordinar las acciones de los Estados miembros y de la Comisión para controlar y responder ante futuras restricciones de suministro de semiconductores. Establece mecanismos para anticipar y abordar eficazmente futuros episodios de escasez, que incluyen la adquisición conjunta de chips por parte de la Comisión Europea y la activación de medidas de respuesta ante situaciones de crisis. 

Los colegisladores han añadido nuevas disposiciones, avaladas por el Parlamento, para requerir a la Comisión que elabore un mapa estratégico del sector europeo de los chips, con el apoyo del Consejo Europeo de Superconductividad (ESB) y la Alianza sobre Procesadores y Tecnologías de Semiconductores.  

Hacia una revitalización de Europa 

La introducción de la ECA refleja una tendencia más general de la economía mundial. Responsables políticos de todo el mundo se han dado cuenta de que las economías nacionales no pueden seguir dependiendo totalmente del sistema globalizado que ha caracterizado las últimas décadas. Las tensiones geopolíticas y las disrupciones en las cadenas de suministro lo han puesto de manifiesto sin preverlo. Europa en particular quiere reducir la dependencia de las economías europeas de unos pocos proveedores extranjeros, como explicó el presidente español Pedro Sánchez en la presentación de su propuesta de Autonomía Estratégica Abierta para Europa. 

Europa quiere reducir la dependencia de las economías europeas de unos pocos proveedores extranjeros

La ECA no solo pretende impulsar la industria europea de semiconductores, sino que también se esfuerza por mejorar su soberanía económica. Fomenta las inversiones públicas y privadas en instalaciones de fabricación de chips y sus proveedores, posicionando Europa como un actor competitivo en tecnología de semiconductores. La Unión Europea trabaja para doblar su cuota de mercado global en la fabricación de semiconductores, pero, para alcanzar dicho objetivo, se enfrenta a la formidable tarea de cuadruplicar sus niveles de producción actuales. 

La industria mundial de semiconductores, considerada a menudo un nicho de mercado, se ha convertido en un elemento clave de la economía mundial a partir del año 2020. Políticas ambiciosas como la Ley Europea de Chips, el plan Made in China 2025 y la estadounidense CHIPS and Science Act son el reflejo de un reconocimiento creciente del papel crítico que juegan los semiconductores en la configuración de las economías modernas. 

En conclusión, si Europa se ha enfrentado a dificultades y contratiempos en la industria de los semiconductores, la ECA constituye un significativo paso adelante para revitalizar la presencia del continente en este sector tan crucial, con el fin de reducir su posición vulnerable frente a eventuales interrupciones del suministro por causas externas. 


Para más información sobre este tema, puede leer la policy note de EsadeGeo ‘The European Chips Act: Europe’s Quest for Semiconductor Autonomy’.

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