Presidencia española 2023: Una agenda estratégica para Europa
Durante el último semestre de 2023, a las puertas de sus elecciones generales y las posteriores europeas, España deberá marcar el rumbo de una Unión Europea en la encrucijada.
El pasado 1 de julio España asumió la Presidencia rotatoria del Consejo de la Unión Europea del segundo semestre de 2023. Es probable que lo más notorio de esta Presidencia sea una cuestión con la que nadie contaba hasta hace unas semanas: la convocatoria de elecciones generales en España para el 23 de julio 2023.
Este hecho, combinado con la creciente polarización, ha alterado la percepción del semestre español. La polarización también se está dando entre las 3 grandes familias políticas en el seno de la UE que tradicionalmente han compartido los principios, prioridades y agenda legislativa y de integración europea —PPE (Partido Popular Europeo), S&D (Socialistas y Demócratas) y Renew Europe—, tal y como se ha demostrado con la falta de acuerdo durante la tramitación de la ley para la Restauración de la Naturaleza, una ley clave del Pacto Verde Europeo.
Estas tensiones adelantan la pelea que se librará para renovar las instituciones europeas y elegir a sus máximos dirigentes a partir de las elecciones europeas de junio de 2024, y que auguran una contienda que podría provocar la pérdida de confianza en Ursula Von der Leyen en el seno del PPE, su familia política, que ya no cuenta con el referente de Ángela Merkel.
La polarización también se está dando entre las 3 grandes familias políticas en el seno de la UE
Por esta razón el semestre de Presidencia española cobra un protagonismo particular. No es sólo que se trate del último semestre completo del periodo legislativo 2019-2024, sino que el resultado de las elecciones generales españolas podría acelerar esa descomposición del trío PPE-S&D-Renew, quizás apuntando hacia otro tipo de combinaciones que incorporen al ultraconservador ERC (Conservadores y Reformistas Europeos), grupo que incluye a Vox en España, a los Frattelli d’ Italia de Meloni i al Partido de los Finlandeses —actualmente en la coalición de gobierno de su país— o incluso al grupo Identidad y Democracia.
En ambos casos se trata de grupos incompatibles con el mantenimiento de una agenda europea basada en el crecimiento sostenible, la lucha contra el cambio climático y la protección del medio ambiente y la biodiversidad; la igualdad y cohesión, y la construcción europea de políticas de integración aún pendientes —Unión Bancaria, Unión de Mercados de Capital o Unión Energética, por ejemplo— que permitan seguir avanzando hacia la Unión Política después de los importantes avances logrados durante el quinquenio Von der Leyen, con hitos como los fondos NextGenerationEU o la histórica emisión de eurobonos.
La zozobra e incluso estupor que genera esta tendencia de escala europea que podría acelerarse en función del resultado de las elecciones españolas ha situado la agenda del semestre en un segundo plano, adelantando seis meses el debate que debería haber comenzado tras las elecciones europeas de junio de 2024.
La agenda de la Presidencia española de la UE
En cuanto a la agenda de la presidencia española, se ha presentado de varias maneras. La más utilizada lo hace a partir de cuatro grandes prioridades:
- Reindustrializar la UE y garantizar su autonomía estratégica abierta.
- Avanzar en la transición ecológica y protección medioambiental.
- Impulsar una mayor justicia social y económica.
- Reforzar la unidad europea.
En cualquier escenario, la presidencia española gestionará con la profesionalidad y eficacia técnica demostrada en ocasiones anteriores la coordinación entre instituciones europeas y gobiernos, la maquinaria de comitología y los trílogos en Bruselas. Sobre ello no hay ningún género de duda. Por otro lado, es muy pronto para pronosticar cambios en las prioridades y en la coordinación que ejerce la presidencia de turno.
Una manera más rigurosa de revisar la agenda del semestre puede realizarse a partir del trabajo elaborado por el Real Instituto Elcano Un decálogo de cara a la Presidencia española del Consejo de la UE 2023, que resume muy bien sus objetivos “como proyecto de país”.
Estos objetivos son, con algunos matices míos:
- Avanzar en la Autonomía Estratégica Abierta para preparar la UE ante los desafíos estratégicos y geopolíticos y afianzar una posición sólida europea ante la rivalidad EEUU-China.
- Culminar la Brújula Estratégica en materia de seguridad y defensa.
- Orientar el Pacto de Migración y Asilo hacia la formación y educación en origen de la imprescindible inmigración, reforzando la agenda de derechos humanos e igualdad de género.
- Concluir los dosieres clave del Pacto Verde Europeo —Green Deal— aún abiertos.
- Avanzar hacia la Unión Energética —reforma del mercado eléctrico e interconexiones— y consolidar la diplomacia energética y climática en América Latina y vecindad sur.
- Impulsar una política industrial europea que refuerce la seguridad económica centrada en el desarrollo tecnológico —IA y paquetes digitales legislativos abiertos como identificación única europea, protección de datos y ciberresiliencia, además de computación cuántica, chips, RepowerEU y biotecnología—, y el refuerzo del Mercado Único. Esto último exige que la reforma de las reglas fiscales del Pacto de Estabilidad y Crecimiento permita combinar la sostenibilidad de la deuda con la capacidad de inversión, evitando que cada Estado miembro invierta o conceda ayudas de manera distinta al resto en función de su capacidad fiscal. A ello se añade la consolidación de un instrumento o fondo soberano de inversión europeo que continúe el trabajo iniciado por el NextGenerationEU.
- Mantener el apoyo de los 27 a Ucrania, llegando incluso a abrir las negociaciones para su adhesión mientras se refuerza la presencia en los Balcanes Occidentales y Europa del Este con planteamientos realistas en materia de ampliación. Asimismo, se ha de avanzar en la integración europea sin abrir procesos difíciles —como el de reforma de los tratados— si no existen garantías de éxito.
- Recuperar la tracción en la relación con América Latina, con el acuerdo con el Mercosur por un lado y la relación entre ambas regiones por el otro. Se ha de hacer en condiciones de igualdad, superando visiones extractivas y asimétricas para aprovechar las oportunidades de desarrollo que cada parte puede impulsar en la otra, lo que exige aprovechar la cumbre UE-CELAC que se celebrará en julio.
Resulta especialmente relevante destacar que, en materia de derechos e igualdad, la Presidencia española “se centrará en la finalización de la negociación con el Parlamento Europeo de las propuestas en materia de protección del medio ambiente, recuperación de activos y decomiso, lucha contra la violencia contra las mujeres y la violencia doméstica y prevención y lucha contra la trata de seres humanos”, impulsando la directiva sobre violencia contra la mujer y violencia doméstica, la primera norma europea específicamente dedicada a esta materia.
España frente a la Autonomía Estratégica Abierta
Respecto a la Autonomía Estratégica Abierta —la principal prioridad política y conceptual de fondo de la Presidencia, orientada a condicionar profundamente el futuro de la Unión— España deberá cerrar el primer texto oficial en la cumbre de Granada para evitar que Europa tenga que comportarse de manera reactiva ante hechos externos en un futuro cercano (hechos como el Covid o la invasión de Ucrania) y sepa anticiparse. Para ello, el gobierno español está trabajando en tres ejes:
- Más capacidad estratégica, especificando en qué ámbitos se han de establecer mínimos productivos industriales, con qué políticas industriales y de innovación, y con qué encaje en el Mercado Único y el nivel de integración europea.
- Cómo combinar el aumento de capacidades estratégicas con la transición ecológica y energética, poniendo en valor ideas como la circularidad. A ello se añaden casos industriales españoles ejemplares y significativos, como la industria del acero, que permiten reducir la importación de materiales estratégicos de terceros países.
- La autonomía combinada con mayor apertura estratégica, reabriendo debates tradicionales como el de la renovación de la arquitectura institucional multilateral y el papel de la UE, con el objetivo de mejorar su capacidad de reacción ante vulnerabilidades.
En definitiva, se trata de una agenda estratégica y ambiciosa en un tiempo trascendental. Es lo que corresponde a un país europeísta y comprometido con los valores europeos, que en definitiva son los que explican las abismales diferencias existentes a favor de la sociedad europea respecto al resto del mundo y que, una vez más, se acerca a importantes encrucijadas.
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