Por qué la UE tiene más conflictos con ciertas organizaciones internacionales

Como abanderada del multilateralismo, la UE mantiene cada vez más relaciones con la mayoría de organismos intergubernamentales. Pero cantidad no siempre significa calidad, y hay razones para ello.

Las relaciones entre las organizaciones u organismos intergubernamentales (OIG) y la Unión Europea (UE) han aumentado considerablemente durante los últimos años. A medida que el solapamiento de políticas es cada vez mayor y la implicación de la UE en la gobernanza global crece, los acuerdos y las actividades conjuntas, ya sean formales o informales, se han convertido en una práctica habitual

Pero que haya más acuerdos también implica más desacuerdos. El aumento de las interacciones y la influencia mutua de las OIG y la UE pueden dar lugar a distintas percepciones de las políticas y la gobernanza, choques culturales entre actores nacionales e internacionales, competición por los recursos y desequilibrios de poder. Esto puede traducirse en un mayor nivel de conflicto que desmerece los objetivos de las organizaciones

Entonces, ¿qué aspectos condicionan la calidad de las interacciones entre la UE y las OIG? ¿Qué factores afectan a los niveles de confianza y conflicto que hay entre ambas? ¿Qué determina el nivel de cooperación en estas relaciones simbióticas? 

Para averiguarlo, Angel Saz-Carranza, Marie Vandendriessche, Jenn Nguyen y Núria Agell de Esade llevaron a cabo un análisis de datos a gran escala de las interacciones entre la UE y 36 OIG formales entre 1998 y 2017. En su estudio, publicado en la revista European Journal of Integration, se analizaron más de 30 000 eventos disponibles en la base de datos global de eventos, lenguaje y tono (GDELT), una plataforma de investigación abierta que observa lo que publican los medios de comunicación de todo el mundo y ofrece un registro detallado de las actividades y opiniones a escala mundial. 

El aumento de la interacción 

La UE, comprometida con la búsqueda del multilateralismo, se ha implicado cada vez más en las organizaciones internacionales durante las últimas décadas. Y conforme el número de relaciones aumenta, las interacciones también lo hacen, lo que genera un solapamiento institucional considerable. 

Los gigantes de las OIG mundiales, como la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), las Naciones Unidas (ONU) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) son, como cabía esperar, las organizaciones con las que más interactúa la UE, en el caso de la OTAN por un amplio margen. Pero cuando se trata de lo positivas que son las relaciones, cantidad no significa forzosamente calidad.  

La OTAN, la ONU y el FMI son las organizaciones intergubernamentales con las que la UE interactúa más

Los factores que son determinantes en cuanto al nivel de conflicto existente son el número de políticas que se solapan, si la UE es miembro o no de la OIG (ya sea en calidad de observadora o con plenas competencias), y el nivel de autoridad de la OIG. 

El solapamiento de políticas 

Los resultados del estudio de Saz-Carranza, Vandendriessche, Nguyen y Agell revelaron que un mayor solapamiento de políticas provoca un descenso en el nivel de cooperación en la relación. 

Cuando los niveles de solapamiento de las políticas son altos, por ejemplo, entre la UE y la Organización Mundial de la Salud (OMS), hay más interacciones que entran en conflicto. Mientras que las OIG cuyas políticas se solapan poco con las de la UE, como la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) y la Unión Internacional de Telecomunicaciones (ITU), mantienen una relación más cooperativa. 

Los mayores niveles de solapamiento de políticas llevan a una cooperación menor en la relación

Estos resultados respaldan las conclusiones de otros estudios de investigación previos según los cuales las competencias que se solapan pueden generar competición y conflicto

Las relaciones estrechas crean más conflicto 

En conjunto, la bibliografía consultada por los investigadores del estudio indica que, el hecho de que la UE perteneciese formalmente a una OIG, ya sea como observadora o con plenas competencias, tenía menos relevancia que otros factores (como la capacidad de facto de la UE para actuar en la OIG)e n el nivel de cooperación o conflicto existente en la relación entre ambas partes. Sin embargo, el resultado del análisis de las interacciones describe un panorama distinto

Cuando la UE no tiene condición de miembro en las OIG, el nivel de cooperación entre ambos es alto. Pero cuando la UE está presente en calidad de observadora o como miembro de pleno derecho de la OIG, el nivel de conflicto en sus interacciones aumenta 

Cuando la UE es miembro de una organización, el nivel de conflicto en sus interacciones aumenta

Dichos resultados están ilustrados por algunos ejemplos extraídos de la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (ECOWAS) y la Organización Mundial del Comercio (OMC). Cada una de ellas mantiene un número similar de interacciones con la UE. Sin embargo, las interacciones con la OMC, de la que la UE es miembro de pleno derecho, son conflictivas en general, mientras que las interacciones con la ECOWAS (de la que la UE no es miembro) son cooperativas.  

Esto puede indicar que la UE forma parte de las OIG que más le interesan, lo que a su vez se traduce en un mayor nivel de negociación y en la posibilidad de que haya conflictos.

El bajo impacto de la autoridad 

De acuerdo con las conclusiones de los estudios anteriores, Saz-Carranza, Vandendriessche, Nguyen y Agell esperaban que el nivel de autoridad ejercido por la OIG afectase al número de interacciones con la UE.  

Sería lógico pensar que, a mayor autoridad, habría más escrutinio y estándares más exigentes que influirían en la cantidad y en el nivel de cooperación en la relación. Es decir, cabría esperar que la autoridad implicase un mayor número de circunstancias en las que se pueden producir conflictos. 

No obstante, y de forma sorprendente, los investigadores descubrieron que el nivel de autoridad de una OIG desempeña un papel mínimo en el número de interacciones. En cualquier caso, afecta muy poco al tipo de interacción; pero, en contra de lo esperado, cuanto más se delega el poder de la OIG, mayores son los niveles de cooperación con la UE.  

Un buen ejemplo de ello es el Organismo Internacional de Energía Atómica (IAEA), que tiene una gran autoridad (es decir, capacidad de decisión autónoma) y mantiene unas interacciones relativamente positivas con la UE. Mientras que la OTAN, cuya autoridad es baja, ya que depende de las decisiones de sus miembros, mantiene una relación conflictiva con la UE. 

Investigación futura sobre el solapamiento de políticas 

Los autores indican que sería necesario investigar más la importancia que tienen los ámbitos de las políticas en los que una OIG es activa, ya que este aspecto parece desempeñar un papel en la calidad de la relación que mantiene con la UE. 

Y concluyen que, en líneas más generales, una revisión profunda de la relación existente entre el solapamiento de políticas, la cooperación y el conflicto podría definir las condiciones en las que dicho solapamiento acaba derivando en conflicto o en cooperación. 

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