Cinco claves para reducir la deforestación global desde la UE
La UE plantea prohibir la importación de determinados productos, pero su aplicación podría fracasar en el objetivo de proteger las selvas tropicales y, sin buscarlo, acabar perjudicando a pequeños productores. Estas son los puntos que deberían tenerse en cuenta
Este artículo de Rachael Garrett, Janina Grabs, and Joss Lyons-White fue publicado originalmente en The Conversation bajo licencia Creative Commons 4.0. Aquí ofrecemos su traducción al español.
La cesta de la compra de la mayoría de los consumidores europeos suele incluir artículos asociados a la deforestación de las regiones tropicales, con productos agrícolas como la carne de res, las semillas de soja, el aceite de palma, el cacao, el caucho, el café, la madera o el papel. Estos productos básicos de “riesgo forestal” se hallan en miles de bienes de consumo, desde las hamburguesas hasta las barritas de chocolate.
Pero esto está a punto de cambiar. En diciembre, la UE acordó provisionalmente una nueva regulación para garantizar que las cadenas de suministro no incluyan procesos ni productos que provoquen la deforestación. Dicha regulación, que se espera que entre en vigor a mediados de 2023, establece que las empresas no podrán vender productos en la UE que hayan sido producidos en tierras deforestadas después de 2020. Las empresas deberán demostrar que sus productos han sido producidos legalmente.
Pero estas exigencias pueden resultar perjudiciales para los pequeños agricultores y fracasar en su intento de prevenir la deforestación global. Aquí aportamos cinco consejos para garantizar que la UE logre reducir la deforestación global y, al mismo tiempo, evite resultados no deseados.
1. El benchmarking local
La nueva regulación implica un proceso de benchmarking —es decir, una evaluación comparativa de los diferentes contextos— que determine si las regiones que producen productos básicos tienen un riesgo alto, medio o bajo de deforestación. Los productos de las regiones de riesgo más alto exigirán unos procedimientos de diligencia debida (due diligence) más estrictos.
Pero los países con mayor extensión, como Brasil o Indonesia, presentan distintos casos de riesgo de deforestación. Por ejemplo, El Cerrado, una vasta región de la sabana tropical al este del Brasil, tiene protecciones legales y voluntarias menos estrictas que la selva tropical amazónica. En consecuencia, la mayor parte de la deforestación para plantaciones de soja se producen en El Cerrado. Una única calificación del riesgo a escala nacional podría enmascarar esta diversidad de casos al impedir distinguir entre regiones de mayor y menor riesgo.
En cambio, una escala comparativa a nivel provincial o estatal (las regiones de Brasil se dividen en estados) podría distinguir estos riesgos y, por tanto, resultar más apropiada para los países más grandes. De este modo, a un estado de El Cerrado, como Maranhão, se le podría asignar un mayor riesgo de deforestación que a otro, como Mato Grosso do Sul, donde el riesgo es menor. Establecer un nivel de riesgo a escala estatal o provincial se ajustaría más a la realidad y haría más factible la monitorización de la deforestación.
Los gobiernos locales también pueden fomentar un mayor compromiso por parte de las empresas que operan en estas zonas. Históricamente, la deforestación ha sido frecuente en toda la región de Mato Grosso, pero en 2015 este estado brasileño lanzó la estrategia Producir-Conservar-Incluir. Desde entonces, los departamentos del estado han colaborado con las empresas privadas para alinear las políticas y los incentivos locales con el fin de alcanzar los objetivos de reducción de la deforestación y fomento de la inversión.
Esta estrategia pretende proporcionar un desarrollo inclusivo y sostenible a Mato Grosso. La región se ha fijado una reducción del 90% de la deforestación para el año 2030, al tiempo que incrementa la producción de grano de 50 a 92 millones de toneladas.
2. La trazabilidad
Las empresas que se abastecen de productos de regiones que presentan un mayor riesgo de deforestación han de poder realizar la trazabilidad de dichos productos para acreditar que provienen de explotaciones que cumplen la nueva regulación de la UE.
Sin embargo, en algunos sectores, como es el caso del cultivo de cacao, en que hay muchos pequeños productores y mercados informales, este planteamiento resulta costoso y suele resultar inviable. De hecho, podría acabar instando a las empresas a eliminar a los pequeños productores de sus cadenas de suministro o comprar tierras para la producción directa.
Una alternativa más justa y práctica sería realizar la trazabilidad del abastecimiento por determinadas aldeas y bosques. La organización holandesa IDH Sustainable Trade Initiative ha llevado a la práctica esta idea a través de su plataforma Sourceup. Dicha plataforma destaca las regiones productoras en que los productos básicos cumplen con determinados criterios de sostenibilidad.
3. Unas normas comunes
La regulación de la UE se fundamenta en amenazas y castigos para garantizar el cumplimiento, más que en incentivar un cambio de comportamiento entre los productores.
En este sentido, exige que todos los productos que entren en el mercado de la UE no contribuyan a la deforestación. Este requerimiento puede ayudar a equiparar las reglas del juego entre las empresas de las regiones que exportan a la UE, pero los consumidores de China y de los mercados internos de países que producen productos básicos de “riesgo forestal”, como Brasil e Indonesia, compran mucho más estos productos que los consumidores europeos.
Así pues, puede que algunos productores eviten vender a la UE y opten por centrarse en esos otros mercados. Ello reduciría las importaciones a la UE de productos asociados a la deforestación, pero no lograría abordar el problema de raíz. Por tanto, será crucial promover unas normas similares en estos mercados para evitar la división entre los distintos mercados.
4. Combatir la deforestación en origen
El grado de eficacia de las medidas propuestas para la reducción de la deforestación dependerá de cómo las empresas las integran en sus cadenas de suministro.
Los índices de deforestación tienden a caer cuando la mayoría de las empresas de la región dejan, voluntariamente, de abastecerse de productos asociados a la deforestación. Un compromiso –denominado “moratoria de la soja”– por parte de los operadores globales y la industria brasileña para dejar de comprar soja producida en terrenos forestales despejados después de 2006 hizo que la deforestación directa provocada por la soja en la Amazonia brasileña se redujera un 57% entre 2006 y 2015.
Sin embargo, las fugas (cuando la deforestación se desplaza a otras regiones) y la escasa cobertura del mercado mundial debilitan la efectividad global de estas políticas de gestión de la cadena de suministro a escala regional. La nueva regulación de la UE ayudará a abordar algunos de estos retos, pero una medida aún más positiva sería canalizar financiación europea hacia aquellas regiones que lleven a cabo acciones para promover un desarrollo sostenible. Ello reduciría la oposición del sector en las regiones productoras, al mostrar que la UE está dispuesta a invertir en los cambios que deben acometerse en dichas regiones.
5. Recompensar la inclusión
Los pequeños agricultores podrían quedar excluidos de los mercados de exportación si la regulación de la UE no logra convencer a las empresas para que mejoren la sostenibilidad de las operaciones de sus productores. Pero, si esta regulación se combina con formación en prácticas agrícolas sostenibles, mejores precios y acciones de difusión para promover la conservación, puede acabar beneficiándoles. Recompensar a las empresas que animen a los pequeños suministradores a adaptarse podría traducirse en reducciones generalizadas y permanentes de la deforestación tropical.
Por ejemplo, se podría requerir a las empresas que publicaran un informe anual en que indicaran la cantidad y los diferentes tipos de pequeñas comunidades agrícolas de las que se abastecen. Esto ya ocurre en el caso de la producción de aceite de palma, en que los informes del sector permiten controlar los cambios en la composición de las cadenas de suministro de las empresas a lo largo del tiempo.
Aunque la regulación de la UE será insuficiente para detener la deforestación global por si sola, estás claves contribuirían a maximizar su impacto y a evitar consecuencias no deseadas para los pequeños productores. Sin embargo, habrá que realizar más esfuerzos, fundamentados en nuevas investigaciones, y se requerirá la colaboración intersectorial internacional para lograr un progreso realmente transformador.
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