Instituciones clave para la recuperación económica

Por Koldo Echebarria

Los pronósticos del Fondo Monetario Internacional anuncian un descalabro histórico para la economía española. Se proyecta una caída del 8 % este año y, lo que es peor, una floja recuperación del 4,1 % el próximo año. Hay que advertir, además, que estas cifras se formulan tradicionalmente con un sesgo optimista, que el mismo organismo reconoce al apuntar riesgos severos de corrección a la baja. De hecho, varios analistas han observado que las anteriores estimaciones se quedan cortas a la hora de traducir el impacto de la parálisis de la actividad y sus secuelas.

Es urgente dar prioridad a reformas que generen una recuperación más rápida y efectiva. De la pasada crisis salimos gracias al desempeño del sector externo, impulsado por el dinamismo de las economías emergentes (las exportaciones pasaron de ser el 22 % del PIB en 2007 al 34,1 % en 2017), pero sin hacer todos los deberes.

Esta vez no parece que la trayectoria pueda repetirse, dado el impacto mundial de esta crisis y las amenazas que plantea sobre el comercio y cadenas globales de valor. La demanda interna está llamada ahora a desempeñar un papel relativamente más importante y esto pone en primer plano las políticas e instituciones que la condicionan.

Crisis coronavirus
Es urgente dar prioridad a reformas que generen una recuperación más rápida y efectiva (Foto: Isaac Planella)

No voy a entrar en el contenido de las políticas que se requieren. Mis colegas del Centro de Políticas Económicas de Esade así lo hacen. Pero más allá de lo que debemos hacer o el contenido de las políticas, es crucial poner atención en el proceso de elaboración e implementación de las mismas. Se observan grandes diferencias en el desempeño de los países, en función, no solo de la calidad de sus políticas, sino de las instituciones que las sustentan. Y hay también mucha evidencia de la relación causal que va de la calidad de las instituciones a la calidad de las políticas públicas.

También hay estudios recientes que establecen una fuerte conexión causal entre la calidad de las instituciones y la solidez y dinamismo del tejido productivo. Por ejemplo, los países y regiones con mayor eficacia institucional tienen un tejido empresarial más denso y eficiente.

Igualmente, los datos de supervivencia y recuperación de las empresas después de la anterior crisis muestran una conexión relevante con la calidad de las instituciones de sus países. La conexión es más fuerte para pequeñas y medianas empresas y también para sectores que están bajo fuertes tendencias de innovación y cambio tecnológico.

Los datos de supervivencia y recuperación de las empresas después de la anterior crisis muestran una conexión relevante con la calidad de las instituciones de sus países

El problema es que nuestro país no sale bien parado en estos estudios. Si atenemos a los indicadores de gobernanza del Banco Mundial, la calidad de las instituciones españolas, no solo es baja en relación al resto de países desarrollados, sino que es mucho más baja de lo que sería esperable para nuestro nivel de renta per cápita. De hecho, la evolución de estos indicadores desde la crisis ha sido negativa. Nos preguntamos cuáles serían los cuellos de botella principales que pondrían obstáculos a la recuperación.

En primer lugar, la capacidad de nuestro sistema político de llegar a acuerdos de amplia base y duración que den coherencia en el tiempo a las políticas públicas. Las crisis provocan la agudización de las incertidumbres y una de las funciones esenciales del marco institucional es reducirlas, proporcionando previsibilidad a la política económica. Solo en estas condiciones es razonable que las empresas sostengan y amplíen su capacidad productiva.

Estos acuerdos no son un mero ejercicio de renuncias ideológicas, sino de una construcción de políticas transversales donde la evidencia sobre lo que funciona es crucial. En numerosos países hay instituciones específicas, protegidas de la "partitocracia", integrando agentes sociales y expertos, con un caudal de conocimiento y prestigio, que ayuda a armar estos acuerdos. En España no disponemos de nada equivalente.

Foto laboratorio
Según la Fundación Cotec, la ejecución de los recursos presupuestarios dedicados a I+D solo alcanzó el pasado año el 46, 4 % (Foto: Pexels)

En segundo lugar, señalaría la capacidad de nuestras administraciones públicas de actuar con objetividad y competencia profesional. Los estudios reflejan esta combinación de amateurismo y politización que a veces se percibe en las altas instancias del Estado. El trabajo de Víctor Lapuente, por ejemplo, dibuja un panorama de falta de separación de roles políticos y burocráticos, insuficiente meritocracia e insularidad del aparato burocrático, que impacta en la calidad de las políticas públicas.

La administración española sufre déficits de capacidad técnica para ejecutar políticas que son vitales para la recuperación

La administración española sufre un altísimo grado de politización y déficits de capacidad técnica para elaborar y ejecutar políticas selectivas que son vitales para acompañar la recuperación. Según la Fundación Cotec, la ejecución de los recursos presupuestarios dedicados a I+D solo alcanzó el pasado año el 46,4 % de la cantidad presupuestada, el porcentaje más bajo desde que empezó la serie el año 2000.

Finalmente, es imprescindible poner en la mira la baja eficiencia del gasto público. Dado el crecimiento de la deuda pública y de la presión fiscal, será imperativo hacer reformas y no limitarse a nuevos recortes que incrementen las disfunciones del sector público.

El índice de eficiencia que presentó recientemente el Instituto de Estudios Económicos, nos pone en el grupo de países de eficiencia media-baja de los países de la OCDE. Los economistas Afonso, Jalles y Venancio concluyen que, de alcanzar la eficiencia del país mejor evaluado, España podría lograr los mismos resultados con una reducción del 41 % del gasto.

El margen de mejora es considerable y reclama importantes reformas institucionales para priorizar, ejecutar y evaluar la asignación de recursos. La calidad de la democracia no pasa solamente por tener el gobierno que mejor represente al pueblo, sino también el gobierno que lo haga mejor para el pueblo.

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