Cómo mejorar las políticas públicas a través de los datos y la evidencia

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El dinero público nunca debería invertirse en políticas basadas en una corazonada. En la esfera política, sin embargo, a menudo se toman decisiones que parten de opiniones subjetivas o intuiciones.

En este podcast, Toni Roldán, director del Centro de Políticas Económicas (Esade EcPol), y Pedro Rey, profesor titular de economía del comportamiento, reflexionan sobre cómo los gobiernos deberían mejorar las políticas públicas a través de los datos y la evidencia. Los expertos abogan por reemplazar las corazonadas por datos para gestionar los recursos públicos de forma más eficaz.

Toni Roldán: Es un placer estar aquí hoy con Pedro Rey, un fantástico experto en economía del comportamiento que liderará el Policy Impact Lab, una pieza fundamental del nuevo Centro de Políticas Económicas que acabamos de crear en Madrid. En las últimas dos décadas se ha producido un cambio profundo en la forma de estudiar la economía, una revolución empírica impulsada por los datos y las nuevas técnicas de análisis disponibles. ¿Por qué es tan importante este cambio en la economía y en el diseño y evaluación de las políticas públicas?

Pedro Rey: La revolución tecnológica basada en la disponibilidad de datos permite que cualquier acción deje un rastro digital, en términos de qué consumimos, qué vemos o qué dejamos de hacer. Como ocurre en cualquier revolución, la explosión del volumen de datos disponibles ha ido acompañada de una explosión de las tecnologías para analizar esos datos, que hoy ofrecen una capacidad de análisis muy superior.

Este acceso a los datos nos permite medir y analizar los efectos de las políticas públicas e ir más allá del debate ideológico, de las decisiones políticas basadas en creencias propias o intuiciones que parten de premisas sin saber si van a funcionar o no.

Cambiar muchos factores de forma simultánea no permite saber si algo que ha funcionado en una situación podría replicarse en otra

Toni Roldán: Desde mi experiencia política, creo que hay políticas que a menudo se deciden de forma subjetiva, sin hacer programas piloto para analizar de qué evidencia se dispone. Esta aproximación puede tener un resultado catastrófico porque al no utilizar las técnicas correctas no es posible aislar las razones causales, separar lo que funciona de lo que no es efectivo.

Por ejemplo, si se implementa una política para aumentar el número de profesores con el objetivo de reducir el abandono escolar, para poder confirmar si es una solución efectiva, antes deberían tenerse en cuenta distintas variables. España necesita un cambio cultural: hay que dejar de lado la cuestión ideológica y centrarse en políticas basadas en la evidencia.

Pedro Rey: No tengo experiencia política y desconozco cómo suelen tomarse las decisiones a nivel político, pero es cierto que muchas veces se basan en replicar lo que ha funcionado en otros lugares. El problema de basarse en qué ha funcionado en otros lugares es que al hacer la comparación no cambia un único factor; hay muchas variables que pueden alterar el resultado final.

Volviendo al ejemplo de analizar si el ratio de profesores afecta al rendimiento escolar, si se quisiera trasladar a España una política educativa que ha funcionado en otro país habría que tener en cuenta muchos factores que podrían ser diferentes: el nivel de renta, las materias que se estudian, la accesibilidad al mercado de trabajo...

Una de las grandes ventajas de tener una cultura de políticas de evaluación es canalizar los recursos hacia los temas importantes

Cambiar muchos factores de forma simultánea no permite saber si algo que ha funcionado en una situación podría replicarse en otra. Para saber si algo funciona, hay que cambiar un factor cada vez, es decir, hacer pequeños experimentos en los que se mantengan constantes determinados factores y modificar solo la variable que se quiere analizar en una política específica.

Toni Roldán: Aplicar el método científico, como en medicina.

Pedro Rey: Exacto, sería como un ensayo clínico, con un grupo de control y un tratamiento. La única diferencia entre el tratamiento y el placebo es que en el tratamiento las dos poblaciones son idénticas, mientras que en el placebo solo se cambia un único factor: el que se quiere analizar para ver si funciona o no. Este proceso permite ver si un grupo funciona mejor que otro y también establecer causalidad: el único factor que se cambia es el indicador que permite saber si esa política funcionará.

Toni Roldán: En un mundo con sociedades cada vez más envejecidas y una deuda pública en aumento, la responsabilidad y hacer un buen uso de los recursos públicos son aspectos fundamentales. Una de las grandes ventajas de tener una cultura de políticas de evaluación es canalizar los recursos hacia los temas importantes. Si queremos asegurar el crecimiento y la sostenibilidad futura de la inversión en sanidad pública y educación debemos ser capaces de evaluar las políticas públicas con más rigor y datos.

Si queremos asegurar la sostenibilidad de la inversión en sanidad pública y educación debemos ser capaces de evaluar las políticas públicas con más rigor

En mi experiencia política, por ejemplo, una de las cuestiones que más me chocaba era en materia de empleo. España ha sido uno de los países más anómalos del mundo en sus índices de empleo. Gastamos, por ejemplo, miles de millones de euros todos los años en políticas de formación, sin saber si funcionan, ni el por qué las estamos implementando, ni qué cursos funcionan mejor que otros, ni qué índices de reintegración tienen.

Hay una reflexión que te he oído decir alguna vez: la evaluación no es cara, todo lo contrario. Los políticos se excusan y dicen que las pruebas piloto son muy difíciles.

Pedro Rey: Hay muchas políticas que son más fáciles de vender que otras: por ejemplo, ¿por qué no hacer políticas activas de empleo si electoralmente es fácil venderlas? A simple vista puede parecer una buena idea, pero si esas políticas de empleo derivan en una pérdida de recursos y no obtienen los resultados esperados dejan de ser efectivas. Deberíamos hacerlas una vez detectemos cuáles son las que funcionan. Seguro que hay políticas activas de empleo que funcionan muy bien, pero primero tenemos que encontrarlas.

En lugar de estar debatiendo sobre si deberíamos gastar más o menos, podríamos invertir una cantidad muy reducida en una prueba piloto que permitiera analizar distintas políticas de empleo para ver cuál funciona mejor. Y solo entonces dedicar los recursos públicos a las políticas que realmente sabemos que funcionan.

Toni Roldán: Hablar de evaluación en política a veces genera resistencia porque parece que quieras poner algo en evidencia. Es una percepción que tenemos que cambiar. Esto no va de señalar a nadie. Solo podemos saber si estamos haciendo algo bien o mal si disponemos de datos.

Pedro Rey: Precisamente por este motivo creo que es importante que estemos impulsando esta nueva unidad desde un centro que no está adscrito a ningún partido político. En este caso la iniciativa surge de Esade, pero podría salir también de una agencia pública que tiene interés en saber qué funciona, independientemente de ideologías.

Desde el Policy Impact Lab vamos a impulsar acciones para que se implementen políticas públicas que se puedan evaluar. Uno de los problemas que tenemos en España es que los datos, o no se toman, o no están disponibles para investigar porque a veces hay políticos que sospechan que dar acceso a los datos podría dejarlos en evidencia. 

La segunda medida que vamos a intentar impulsar es luchar para conseguir que haya más datos disponibles y se quiten esas suspicacias de que lo que estamos intentando hacer es ir unos contra otros. Lo que estamos intentando es ver qué funciona y por qué.

Toni Roldán: Tenemos un reto por delante gigantesco: comprender qué funciona y qué no funciona, y usar mejor los recursos públicos en un momento en el que cada vez son más escasos. Muchas gracias, Pedro, por unirte a este proyecto.

Pedro Rey: Gracias por invitarme.

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