La covid-19 y la nueva normalidad: respuestas a múltiples niveles para hacer frente a sus consecuencias

Por Ignasi Martí, Annachiara Longoni & Angel Saz

Desarrollar una respuesta ante el brote de la covid-19 y adaptarse a la nueva normalidad es un desafío de gran envergadura, dadas las dimensiones de la crisis y el ritmo a que ha evolucionado. La mejor respuesta es, naturalmente, estar preparados antes de que nos golpee la crisis. Sin embargo, hay algunas medidas que, pese a no haber estado totalmente preparados en su momento, todavía pueden adoptarse ahora.

Si bien las consecuencias de la pandemia a largo plazo no se han manifestado aun plenamente, los responsables políticos, las empresas y las organizaciones de la sociedad civil ya han empezado a adoptar, reactivamente, algunas medidas para hacer frente a ellas.

En respuesta a la covid-19, los Estados han intervenido decididamente en el comercio mundial a través de dos vías principales, que han tenido grandes repercusiones para las empresas de todo el mundo.

En primer lugar, numerosos países han impuesto controles a las exportaciones de aquellas mercancías consideradas críticas (como los productos médicos y farmacéuticos), “militarizando”, en cierto modo, los suministros esenciales, al tiempo que han establecido límites a la inversión extranjera directa (IED) y a la propiedad extranjera.

Muchos países han buscado dinamizar sus mercados interiores y rescatar sus empresas nacionales

En segundo lugar, muchos países han buscado dinamizar sus mercados interiores y rescatar sus empresas nacionales, en un intento no solo de superar la pandemia, sino también de desarrollar a sus “líderes nacionales”.

En la UE, Alemania y Francia han activado las ayudas públicas inyectando grandes sumas de dinero a sus empresas nacionales. El 52% de todas las ayudas públicas que han otorgado los países de la UE a las empresas se han dado en Alemania. Además, ambos países reclaman que se relajen las reglas de la competencia y se creen “empresas europeas líderes”, capaces de enfrentarse a los gigantes tecnológicos norteamericanos y a las grandes empresas públicas chinas.

Desde el punto de vista empresarial, el brote de la covid-19 ha mostrado la fragilidad de las cadenas de suministro internacionales. La mayoría de las empresas han buscado asegurarse el suministro de las materias primas y los componentes. Sin embargo, solo unas pocas empresas que habían invertido antes en cartografiar sus cadenas de suministro se encontraron preparadas para hacer frente a la crisis. Y, cuando estalló el brote de la covid-19, pudieron prevenir y estimar posibles fuentes de disrupción, pues sabían, por ejemplo, cuáles de sus proveedores estaban localizados en regiones chinas que habían sido confinadas.

En la UE, Alemania y Francia han activado las ayudas públicas inyectando grandes sumas de dinero a sus empresas nacionales

En las primeras fases de la pandemia, cuando parecía que el brote solo se localizaba en China, hubo reiterados llamamientos a recuperar el control de algunas actividades que se habían deslocalizado (backshore), por los crecientes riesgos que suponían las cadenas de suministro globales.

Sin embargo, pese a que la recuperación de la producción local permite satisfacer la demanda interior y reducir, en general, el riesgo de disrupción y otros riesgos, todavía quedan otros muchos aspectos cuyo suministro depende de los mercados internacionales.

Además, en la producción local dispersa, se reducen las economías de escala y los costes de capital aumentan. Ahora que todos experimentamos dificultades por la escasez de los recursos económicos podría ser un buen momento para que las empresas entablen relaciones más éticas y sostenibles con sus proveedores, seleccionándolos no solo en función de los costes, sino también del valor que aportan y de si actúan de forma justa con respecto a las condiciones de pago.

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Entre las empresas que han mejorado estas condiciones destaca Unilever, que recientemente anunció que reduciría los plazos de pago a “sus proveedores más vulnerables: las pequeñas y medianas empresas”. La ética y la sostenibilidad no son un artículo de “lujo” solo aplicable en tiempos de bonanza, sino que contribuirá a crear cadenas de suministro más robustas.

Que esta crisis no es una mera crisis de salud pública es perfectamente visible. Numerosos indicadores cuantitativos y cualitativos permiten ver qué va a ocurrir, más allá de “solo” más pobreza y más desigualdad, con el riesgo de que puedan generalizarse las condiciones extremas que ya se observaban en las áreas marginales del sistema. El debilitamiento de los medios y de los proyectos de vida, y el agravamiento de las pautas de exclusión y marginalización son un problema complejo, con múltiples ángulos y facetas difíciles de abordar.

Numerosos indicadores cuantitativos y cualitativos permiten ver qué va a ocurrir, más allá de 'solo' más pobreza y más desigualdad

En estos momentos, podemos ver que, tanto a escala local como translocal, muchas personas están impulsando iniciativas solidarias, dando un nuevo sentido al papel y revitalizando la importancia de los bancos de alimentos y los hogares de acogida, impulsando iniciativas para el desarrollo de la vivienda social, centros de apoyo emocional y psicológico, y acciones contra la discriminación, por citar algunos ejemplos. Se trata de iniciativas muy importantes que deben alimentarse y potenciarse.

Paralelamente, los gobiernos, a distintos niveles –así como distintas organizaciones del sector privado y de la sociedad civil; a veces, colaborando con ellas–, también se están centrando en proporcionar soluciones, que serán forzosamente parciales, fragmentarias y temporales a lo que ya es una profunda crisis social, económica y moral.

Existe la preocupación compartida de que la crisis plantea dificultades, riesgos y limitaciones que impiden a muchas personas vivir una buena vida, una vida digna. Ante esta situación, es necesario crear un consenso amplio y diseñar y aplicar respuestas valientes para todos los sectores de la sociedad, que incorporen y apliquen claramente y con decisión los valores de cuidar a quienes son y serán más vulnerables.

Es imposible anticipar la llegada de una crisis global como la de la pandemia de la covid-19, pero los responsables políticos, las empresas y las organizaciones de la sociedad civil pueden colaborar entre ellos para desarrollar respuestas a múltiples niveles –transnacional, nacional, organizativo y de la cadena de suministro–, con el fin de hacer frente a sus consecuencias y repensar nuestra sociedad para la nueva normalidad, y así mejorar nuestro grado de preparación en caso de que estalle una nueva crisis.

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