¿Y si queremos desaparecer de internet? Lo último sobre el derecho al olvido

En los últimos tiempos se ha popularizado entre particulares el recurso al llamado derecho al olvido (o derecho a ser olvidado).

Por Lola Bardají

Se trata de un derecho que existe desde antiguo, pero que ha cobrado un enorme protagonismo en la actualidad, con la irrupción en nuestras vidas de los motores de búsqueda en internet.

El equilibrio entre la libertad de información y el respeto de los derechos fundamentales de las personas debe presidir cualquier publicación de noticias, ahora y siempre.

Pero lo cierto es que la preocupación porque dicho equilibrio se alcance se ha acrecentado desde que las noticias pueden obtenerse de manera instantánea, así como expandirse con una celeridad antes impensable, gracias a esos motores de búsqueda de información en internet.

Las noticias “vuelan” a consecuencia de ese efecto multiplicador; y no solo eso, porque además se quedan y permanecen por los siglos de los siglos.

Derecho al olvido en Google
Nuestra huella digital puede permanecer en internet por los siglos de los siglos (Foto: Robin Worrall/Unsplash)

Frente a todo ello, el llamado derecho al olvido no es más que la legitimación para reivindicar, por parte del interesado, que la información relativa a su persona (datos personales) publicada y expandida, desaparezca de estas redes de información.

De manera somera, Cécile de Terwangne (2012) lo define como “el derecho de las personas físicas a hacer que se borre información sobre ellas después de un período de tiempo determinado”.

Algo tan aparentemente sencillo, como que la información personal expuesta a través de un motor de búsqueda en internet, debería ser la que la persona decide, no lo es de ninguna manera.

La mayoría de la jurisprudencia constitucional en los países europeos acoge el criterio de análisis y resolución de “caso por caso” en los supuestos de conflicto entre el derecho a la información y los derechos al honor, a la intimidad y a la propia imagen (protección de datos personales). Y, por lo tanto, no propugna la preponderancia de unos sobre otros, alejándose de fórmulas genéricas.

¿Por qué tiene que ser conocida una persona por hechos que ha realizado hace años?

Pero en el supuesto del derecho al olvido en internet, aunque la noticia publicada sea perfectamente lícita y destinada a informar de hechos reales, permanece viva con el paso de los años y es de acceso inmediato para todos.

Esto hace que la situación sea compleja: ¿por qué tiene que ser conocida una persona por hechos que ha realizado hace años? Y por otro lado: ¿Por qué un motor de búsqueda en internet debe borrar datos personales sobre noticias lícitas y reales?

El derecho a la supresión de datos personales puede exigirse al responsable del tratamiento de dichos datos, en los supuestos previstos en el art. 17 del Reglamento General de Protección de Datos de la Unión Europea (RGPD). Pero no es tarea fácil para los tribunales resolver cuándo es de aplicación dicho precepto en supuestos en los que se trata de información real, veraz, lícita, pero generada y publicada hace varias décadas.

¿Por qué un motor de búsqueda en internet debe borrar datos personales sobre noticias lícitas y reales?

La Agencia Española de Protección de Datos establece que es posible solicitar que se limite la difusión de datos cuando se trata de información veraz y legítima, “cuando la difusión universal e ilimitada de información que ya no tiene relevancia ni interés público a través de los buscadores, causa una lesión a los derechos de las personas”.

Pues bien, el último caso relativo a la publicación de hechos reales veraces y consiguiente solicitud de supresión de datos personales por parte del solicitante, ha acontecido en Alemania y fue resuelto el pasado mes de noviembre por el Tribunal Constitucional Federal (Bundesverfassungsgerichts) con la resolución 1 BvR 16/13.

El suceso en cuestión era una noticia relativa al autor de un doble asesinato cometido hace 37 años en Alemania.

El crimen tuvo lugar en 1982 a bordo del yate Apollonia. Tras una intensa pelea, un miembro de la tripulación mató a su empleador, a su novia, y además resultó gravemente herido un famoso economista que viajaba con ellos.

Los hechos conmocionaron al país y el asesino fue condenado a prisión.

Google derecho al olvido
Google lanzó oficialmente el procedimiento de solicitudes de derecho al olvido en 2014 (Foto: Paweł Czerwiński/Unsplash)

Tras cumplir la pena, fue excarcelado en 2002 y desde ese momento inició un camino judicial persiguiendo que su nombre desapareciera de las informaciones sobre el crimen que podían obtenerse a través de los buscadores de internet.

El Tribunal Federal de Justicia de Alemania desestimó su demanda en 2012, fundamentando su resolución en que el público, en general, tenía interés en conocer los llamados “crímenes del Apollonia” y que su nombre estaba irremediablemente vinculado a los hechos.

En definitiva, se trataba de una información de interés público y como tal fue considerada por los medios de comunicación.

Ahora bien, hace décadas la noticia habría quedado en la hemeroteca de un periódico y en los repertorios de sumarios archivados en un juzgado. Pero en la era de internet, el periódico Der Spiegel, que publicó tres informes sobre el caso en su edición impresa entre 1982 y 1983 (en los que apareció el nombre completo del asesino), posteriormente subió el material de archivo a la web del periódico, lo que provocó que los motores de búsqueda indexaran el nombre del autor del delito.

Google ha recibido 734.061 solicitudes de derecho al olvido

El Tribunal Constitucional de Alemania acaba de decidir a favor del solicitante al estimar que la noticia, después del transcurso de 37 años, ha perdido el carácter de interés general que en su día pudo tener, y, por el contrario, más bien puede producir un daño al demandante por atentar contra su imagen en el momento actual, ya que el archivo publicado por Der Spiegel representaba una violación de sus derechos de privacidad y de su "capacidad para desarrollar su personalidad".

Esta decisión es una muestra más de la complejidad de este derecho a ser olvidado. Deriva de la relevante sentencia Google del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, de 13 de mayo de 2014, a propósito de un caso español, en la que determinó que “los buscadores que operan para un público europeo y que comercializan la publicidad a través de establecimientos en la Unión Europea son responsables del tratamiento y están sometidos a la normativa sobre protección de datos”.

La sentencia añade que este derecho a la protección de datos personales “rige aunque se trate de información legítima en sí misma”. Ahora bien, en estos casos es necesario acudir a la vía judicial e iniciar un camino de momento nada fácil.

La consecuencia y alcance de la consagración, en 2014, del derecho al olvido por el Tribunal de Luxemburgo han sido de gran repercusión: se han producido ya más de un millón de solicitudes de ejercicio de este derecho en relación con el buscador Google.

Francia, Alemania y el Reino Unido son los países en los que se han hecho más solicitudes de derecho al olvido

Google hace públicas las estadísticas de ejercicio del derecho al olvido desde que el 29 de mayo de 2014 lanzara oficialmente el procedimiento de proceso de solicitudes.

De acuerdo con los datos de finales de 2018, Google ha recibido 734.061 solicitudes y ha evaluado 2.798.141 URLs, habiendo suprimido el enlace a las mismas en el 44 % de los casos y habiéndolo mantenido en el 56 % de ocasiones.

En Europa, Francia, Alemania y el Reino Unido son los países en los que se han hecho más solicitudes, seguidos de España e Italia.

Está por ver cómo acabará el supuesto alemán, pero siempre que se opere en el ámbito de la UE, parece que es posible (dependerá del caso en concreto) que la solicitud de anonimato acerca de determinadas noticias sobre hechos reales acontecidos hace tiempo, pueda ser atendida en pro del respeto a la privacidad y, por lo tanto, al libre desarrollo de la personalidad.

No se trata de suprimir las noticias (derecho de información), sino de suprimir datos personales que puedan ser causantes de ese perjuicio.

Cécile de Terwangne dijo en 2012: “Dios perdona y olvida, pero la web nunca”. 

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