Incertidumbres electorales, escenarios perecederos y repercusiones mundiales

Por Enrique Rueda-Sabater

En un año que nos ha deparado tantas sorpresas –de las que no resuelven nada, sino que acentúan la incertidumbre dificultándonos la toma de decisiones– la utilidad de los escenarios se presenta con más fuerza que nunca. Los escenarios no pretenden predecir resultados, sino explorar posibilidades y ejercitar los resortes mentales con los que abordar los cambios imprevistos y convertir los retos en oportunidades.

El tipo de incertidumbre que resulta más difícil contemplar en nuestras decisiones es la incertidumbre radical (este término tiene más de cien años, cuando fue acuñado por Frank Knight, y se ha popularizado recientemente como “the unknown unknowns”), pero incluso en estos casos los escenarios pueden ayudarnos, explorando dinámicas no necesariamente probables pero plausibles y estudiando cómo puede resultar su cruce con tendencias más previsibles.

Por ejemplo, en 2010, la Fundación Rockefeller patrocinó el estudio de escenarios que analizaban el impacto que podría tener una pandemia letal que se expandiera rápidamente por numerosos países. Estas consideraciones podrían haber ayudado a múltiples Estados a prepararse para el 2020, si sus dirigentes hubieran prestado la debida atención al tema o hubiesen tenido una mentalidad más especulativa. De hecho, resulta fascinante pensar si el hecho de haber adoptado esta mentalidad basada en escenarios del tipo “qué pasaría si…” podría explicar algunas diferencias aparentemente inexplicables del impacto que ha tenido la pandemia en distintos países.

El análisis mediante escenarios puede resultar especialmente valioso cuando conocemos el momento y las coordenadas de un evento, pero la gama de resultados que puede generar es muy amplia

Los frutos del análisis mediante escenarios pueden resultar especialmente valiosos ante un tipo de incertidumbre muy diferente: cuando conocemos el momento y las coordenadas de un evento, pero la gama de resultados que puede generar es muy amplia. Este horizonte temporal puede ser corto y es tentador simplemente esperar a ver el resultado, pero entrever distintas posibles trayectorias desde ahora puede ofrecernos pistas valiosas para prepararnos mejor para una toma de decisiones rápida que vaya a servir para conseguir una ventaja comparativa. Con mi colega de EsadeGeo Ángel Saz-Carranza hemos explorado, por ejemplo, las implicaciones de distintos resultados electorales en EEUU para el comercio global.

En los próximos 2-3 meses, cabe esperar que se resuelva una de estas grandes incertidumbres. Las elecciones norteamericanas (a la Presidencia, al Congreso y a un tercio del Senado) tienen una fecha concreta –falta menos de un mes para que se celebren– y parece que lo que hasta ahora pensábamos que eran los límites de la incertidumbre este año se están cuestionando, tanto por las complicaciones logísticas de la votación planteadas por la pandemia, como por la actitud y las amenazas de Donald Trump.

White House
La Casa Blanca durante la administración de Trump (Foto: Gary Tognoni/Getty Images)

Esta situación determina el escenario para llevar a cabo un peculiar ejercicio de escenarios, por razón de su horizonte temporal (que los hace muy perecederos) y del conjunto limitado de resultados. Pero también ofrece la oportunidad (o la excusa) de ahondar en una situación sin precedentes y aplicar la lógica del análisis de escenarios para explorar múltiples vías posibles, no convencionales, que van más allá de las opciones normalmente binarias de los resultados de unas elecciones.

Naturalmente, todo ello contraviene los consejos habituales (incluso los que yo suelo dar) sobre el horizonte temporal y el alcance de los distintos escenarios. Para complicar todavía más las cosas, proponemos no tomar en consideración un resultado posible reflejando una de las dos posibilidades binarias. El conjunto binario normal implica que uno de los dos candidatos gana las elecciones presidenciales, lo cual supone, en consecuencia, o bien la continuación en el cargo (en su caso) del actual presidente o bien la transición hacia una nueva administración –y cambio del inquilino que ocupa la Casa Blanca.

Escenarios electorales para las elecciones estadounidenses de 2020

Lo atípico es que, para realizar este ejercicio, vamos a descartar una victoria de Trump el 3 de noviembre; una hipótesis perfectamente justificada por los resultados tan estables de las encuestas que han ido apareciendo a lo largo de las últimas semanas, las cuales reflejan, entre otras cosas, la patética respuesta de la administración Trump a los embates de la covid-19.

Las preocupaciones demócratas por una posible autocomplacencia son comprensibles, pero vamos a tomar como hipótesis de trabajo que la experiencia sorprendente de 2016 (en que un suficiente número de votantes independientes potencialmente favorables al Partido Demócrata prefirieron no ir a votar por una insondable pero decidida aversión a Hillary Clinton) va a jugar, esta vez, en contra de Trump, básicamente por la vehemencia con la que votantes independientes desaprueban su manera de proceder y su carácter… que el debate del 29 de septiembre no hizo más que agravar.

La experiencia sorprendente de 2016, en que un suficiente número de votantes potencialmente favorables al Partido Demócrata prefirieron no ir a votar, va a jugar, esta vez, en contra de Trump

Esta situación hace que persista una inusitada incertidumbre sobre qué va a ocurrir en las semanas siguientes al 3 de noviembre. Como acaben resultando esas semanas puede tener importantes consecuencias para la política estadounidense y para las relaciones, alianzas y conflictos internacionales. En concreto, las distintas posiciones que adopten los gobiernos nacionales (desde el respeto a los principios democráticos hasta interferencias perjudiciales) durante ese período de posibles turbulencias pueden tener unas consecuencias duraderas en las relaciones de distintos países con los Estados Unidos y, de rebote, importantes repercusiones para las empresas de dichos países.

Podemos configurar estos escenarios en torno a dos ejes de incertidumbre.

  • Los extremos de un eje relacionado con la victoria de Joe Biden van de que sea contundente (lo cual también implicará el control del Senado por parte de los demócratas) a que solo gane las elecciones por un estrecho margen (lo cual dará paso a un largo proceso de verificación de los resultados y supondrá que los republicanos mantendrán el control del Senado).
  • Los extremos de un eje de incertidumbre relacionado con la actitud personal que adopte el errático Donald Trump van desde la aceptación de los resultados a empeñarse en su negación.

Para ser exhaustivos, tendría sentido desarrollar una serie complementaria de escenarios, que podrían surgir de contraponer la dimensión de una hipotética victoria de Trump (que plausiblemente sería muy apretada) con el resultado de las elecciones al Congreso (que podría suponer desde el control de ambas cámaras por parte de los demócratas al mantenimiento de la inestable división actual, en que los republicanos controlan el Senado y en que los demócratas controlan el Congreso). No me propongo explorar esta serie de escenarios. No solo porque sobrepasan mi tolerancia prospectiva, sino también porque las diversas repercusiones de estos escenarios serían principalmente de carácter interno, mientras que a escala internacional simplemente ampliarían la naturaleza errática de los recientes posicionamientos estadounidenses.

Volviendo a los ejes de una victoria de Biden…, se ven claramente los cuatro tipos de escenarios distintos para el final del 2020 que la política estadounidense y la comunidad internacional podrían tener que afrontar. Estas cuatro situaciones se resumen en el gráfico adjunto mediante unos titulares de prensa que podrían aparecer publicados en algún momento tras las elecciones de este noviembre.

Elecciones EEUU escenarios

Trump dimite gruñendo

La victoria contundente de Joe Biden (que se evidencia enseguida, tanto en el voto presencial como en el voto ausente y por correo) y el número importante de escaños del Senado obtenidos por los demócratas se interpretan, en general, como un voto de castigo a Trump por sus dislates, con la connivencia de los líderes del partido Republicano (en este sentido, resulta significativa la inesperada pérdida del escaño del veterano senador Mitch McConnell). Numerosos países –especialmente los de la Europa occidental y China– se apresuran a reconocer estos resultados y se muestran abiertos a reconsiderar sus relaciones bilaterales y los compromisos globales.

En este escenario, Trump llega a un acuerdo poco transparente con el vicepresidente Pence en virtud del cual renuncia a la presidencia y obtiene un indulto

Donald Trump se enfrenta a la perspectiva de dos meses en vía muerta, durante los que será ignorado o ridiculizado; además, existen bastantes posibilidades de que en 2021 tanto él como su familia y las empresas Trump puedan encontrarse en peligro desde el punto de vista judicial. Ante estas perspectivas, Trump llega a un acuerdo poco transparente con el vicepresidente Pence en virtud del cual renuncia a la presidencia y obtiene un indulto tan amplio como sea posible, considerando las circunstancias, sobre las condiciones “preexistentes”.

En dos meses como presidente, M. Pence tiene la oportunidad de convertir un comportamiento de estadista razonable en una buena inversión en su futuro político y parte de esa estrategia incluye facilitar una transición ordenada a la nueva administración.

Este escenario allanaría el camino a la administración Biden, con el apoyo de la mayoría del Congreso, que enseguida mostraría su disponibilidad a reactivar de manera decisiva la cooperación internacional. Unos gestos positivos iniciales de China posibilitan la búsqueda de alternativas ventajosas para ambas partes (frente a la lógica actual de suma cero) en las relaciones económicas internacionales.

La presidencia de Alemania en el G20 también ofrece la oportunidad de mejorar el diálogo sobre los retos globales (especialmente en relación con la lucha contra el cambio climático) y la gobernanza, incluyendo la estabilidad financiera y la gestión de la pertinaz crisis. En este contexto, las empresas que se muevan rápidamente para entender la nueva situación re-globalizadora obtendrán una ventaja de resultado duradero.

Pataleta y desahucio

Pocos días después de las elecciones del 3 de noviembre, se ve claramente que Joe Biden ha obtenido una victoria rotunda y que numerosos candidatos demócratas consiguen nuevos escaños en el Congreso y en el Senado (que perdería su actual mayoría republicana). Donald Trump busca sin éxito todas las vías posibles para cuestionar los resultados y movilizar a los pocos miembros de sus bases dispuestos a agitar el panorama de forma inconstitucional en estas circunstancias.

La fustigada dirección del partido republicano ve la amenaza que supone para su supervivencia política que sea percibida como cómplice en estos intentos y decide distanciarse de estas acciones, dejando que Trump se pase dos meses despotricando y con pataletas, negándose a aceptar la derrota hasta el último momento y dificultando a los distintos departamentos del Gobierno que puedan iniciar una transición ordenada.

Donald Trump
En este escenario, Trump busca sin éxito todas las vías posibles para cuestionar los resultados (Foto: Gage Skidmore/Wikimedia)

En este escenario, las posiciones que hayan adoptado previamente los gobiernos nacionales y las grandes empresas internacionales tendrán repercusiones, las cuales se prolongarán en el tiempo. Algunos países que se han visto favorecidos en el pasado por las posiciones de la administración Trump o que simplemente han hecho la vista gorda interpretan mal esta situación y salen con evasivas –o con algo peor– y ello será tenido en cuenta en el futuro y puede convertirse en un serio obstáculo para seguir colaborando o participando en nuevas iniciativas internacionales patrocinadas por los Estados Unidos. Algunas empresas pueden ver la oportunidad de negociar y lograr exenciones en este contexto de agitación, pero después podrían ver cómo se esfuman estas ventajas, o que les resultan contraproducentes.

Cuando se restablece la calma, la administración Biden/Harris y el control demócrata del Congreso reabren las puertas para retomar la cooperación internacional, pero el complicado proceso de transición retrasa la reanudación de las iniciativas, salvo en las cuestiones más urgentes.

El ambiente estridente de las 10 semanas que van desde las elecciones hasta el inicio de la nueva legislatura y las actitudes que adopten –o no– los grupos de presión más influyentes en el Partido Demócrata determinarán las posiciones iniciales de la nueva administración, en temas como la política comercial (aranceles, acuerdos, propuestas “Buy American” …) y la presencia en organismos internacionales.

Unas Navidades sin política

Se va aproximando la fecha límite de finales de diciembre y los resultados todavía no se han acabado de verificar (faltan las conclusiones de algunos estados); Donald Trump rechaza aceptar la victoria de Biden aunque esta parece cada vez más clara (por un margen apretado) y los líderes republicanos (convencidos de que seguirán controlando el Senado) no presionan para llegar a una solución final, a la espera de ver qué ventajas pueden obtenerse de tener una nueva administración demócrata potencialmente exhausta antes incluso de llegar al poder.

Han surgido problemas de certificación en varios estados y la cuestión deberá resolverse finalmente en el Tribunal Supremo, con el tiempo escasamente justo para finalizar el proceso en el Congreso dentro del período estipulado.

White House protest
En este escenario, cunde el pánico en la Casa Blanca y se procede a la destrucción de documentos e intentos de encubrir irregularidades

La administración Trump ha sacado órdenes ejecutivas de todo tipo –muchas de las cuales han sido cuestionadas en los tribunales–, sembrando el caos en el Gobierno, y ni siquiera permite mencionar la necesidad de organizar el proceso de transición. Cuando empieza el nuevo año y resulta claro que el presidente Biden va a tomar posesión el 21 de enero, como mandan los cánones, cunde el pánico en la Casa Blanca donde se procede a la destrucción de documentos y se suceden los intentos de encubrir las últimas irregularidades.

Las bolsas de todo el mundo se han desplomado, los precios de acciones y obligaciones y los tipos de cambio han oscilado con una volatilidad sin precedentes, con fuertes caídas del valor del dólar estadounidense en varios puntos, puesto que las decisiones erráticas de Washington y las desinformaciones emitidas deliberadamente por varios gobiernos con la voluntad de interferir han afectado a todo tipo de mercados y han incidido en determinadas empresas de una forma imprevisible.

Las turbulencias del mercado y la incertidumbre económica mundial acentuada por el período postelectoral estadounidense tardarán años en estabilizarse –así como la hostilidad internacional que dichas interferencias han suscitado.

La transición del mal perdedor

Una victoria apretada de Biden pero suficientemente clara para que sea incuestionable en los días posteriores a las elecciones deja a Donald Trump sin base de apoyo para cuestionar los resultados. Pese a que le persuaden para que respete el veredicto de las urnas, se dispone a boicotear a la administración entrante con ánimo vengativo para que el período en que él ha estado a cargo del Gobierno parezca mejor en términos comparativos.

Los departamentos y las agencias gubernamentales tienen prohibido hacer ningún contacto con los equipos demócratas encargados de realizar la transición y se urge a los cargos de nombramiento políticos en dichos organismos a que bloqueen cualquier intento constructivo por parte de los funcionarios de carrera.

Una victoria apretada de Biden deja a Donald Trump sin base de apoyo para cuestionar los resultados

La victoria de Biden/Harris no ha logrado suficientes apoyos para cambiar el control del Senado y la mayoría republicana intenta reagruparse y no está dispuesta a gastar energías intentando moderar la agitación saboteadora de la administración ni a intervenir en las corruptelas que han proliferado en los procesos de toma de decisiones en las últimas semanas de la administración Trump.

El partidismo parece acentuarse de nuevo pero por lo menos vuelve a sus cauces, centrándose más en los problemas del país que en la personalidad de los líderes. Una cuestión sobre la cual rápidamente llegarán a un acuerdo los dos partidos es en la adopción de una serie de medidas determinantes que penalicen a aquellos países o empresas que han buscado intensificar el caos interfiriendo en las elecciones o que se han aprovechado de la opacidad del período de transición.

El progreso será lento y dificultoso en los asuntos internacionales más importantes, que requieren el compromiso constructivo de los dos partidos, como los tratados para combatir el cambio climático o la reactivación de los acuerdos comerciales, los mecanismos de resolución de disputas y los tratados internacionales.

Asimismo, en el plano interno, será complicado avanzar en la cobertura y gestión sanitarias, y decidir una actuación inmediata si los efectos de la covid-19 persisten a lo largo de 2021, con potenciales consecuencias negativas para los mercados globales.

Conclusión no concluyente

Los períodos previos a casi todas las elecciones son fuente de incertidumbre; lo hemos visto reiteradamente en los últimos años. Además, algunas elecciones tienen un impacto muy importante más allá de sus fronteras políticas estrictas. Un ejemplo cercano de ello es el Brexit.

Las próximas elecciones estadounidenses se producen en un momento complejo, con la pandemia que sigue persistiendo, la gobernanza global inmersa en un clima de confusión (al cual han contribuido, sin duda, las acciones de los Estados Unidos) y una situación generalizada de desigualdad e insatisfacción social, mientras unas pocas empresas acumulan un poder tecnológico y financiero sin precedentes.

Aunque los escenarios suelen aplicarse especialmente para analizar las dinámicas a más largo plazo, aquí los hemos utilizado para ilustrar cómo los resultados a corto plazo de unas elecciones pueden activar unas dinámicas globales de impacto duradero, para bien o para mal.

Por su propio diseño, los escenarios no son concluyentes –sino que suscitan más preguntas que respuestas–, pero ahí reside su valor…: nos llevan a cuestionar visiones “en singular” del futuro y nos obligan a buscar alternativas plurales y a analizar sus repercusiones.

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