El papel de las escuelas de negocios en los sistemas de innovación

Por Guillermo Dorronsoro

Me invitó hace pocas semanas Oriol Alcoba a compartir algunas reflexiones sobre el papel de las escuelas de negocios en los sistemas de innovación, aprovechando un encuentro que celebraba el X Aniversario de Esade Creapolis.

No es una pregunta sencilla de responder, porque el concepto “sistema de innovación”, igual que el de innovación, está todavía en una etapa incipiente de definición.

Por citar un dato, el Manual de Oslo ha tenido ya cuatro versiones diferentes desde la primera edición en 1992 (la última, en diciembre de 2018). Precisamente esta cuarta versión es la primera en reconocer de forma explícita el papel fundamental de la conexión con el sistema en los procesos de innovación empresarial.

El concepto “escuela de negocio” está un poco más maduro; no en vano algunas han cumplido ya la edad de 100 años… Aunque en este último siglo, han tenido que reinventarse varias veces para adaptarse a una realidad empresarial siempre cambiante. 

Las escuelas de negocios han tenido que reinventarse para adaptarse a una realidad empresarial cambiante

La innovación ha cobrado una importancia creciente, no solo como una competencia clave a incorporar en la formación de graduados, postgraduados, ejecutivos y en la investigación académica, sino también como una receta que han tenido que aplicar las escuelas a sus propios procesos, sometidos al impacto de la tecnología o la globalización.

Así que, no siendo fácil, la pregunta es muy relevante, tanto para los sistemas de innovación, como para las escuelas de negocios.

Siendo profesor de Deusto, y viniendo este encargo de Esade, me pareció interesante responder la pregunta utilizando como marco de referencia las cuatro componentes relevantes de la pedagogía jesuítica: utilitas, iustitia, humanitas y fides (la utilidad, la justicia, la humanidad y la fe).

Utilidad

Esta dimensión es la más inmediata. Las empresas necesitan formar profesionales y equipos directivos en la disciplina y el arte de la gestión de la innovación, y este ámbito de conocimiento requiere de la investigación académica para ayudar a decantar las buenas prácticas de forma objetiva.

No solo las empresas, también las instituciones públicas tienen por delante los retos de ser ellas mismas innovadoras y fomentar la innovación empresarial en sus territorios, ambos aspectos clave para garantizar su prosperidad (como demuestran los estudios del Nobel de Economía en 2018, Paul Romer).

Las empresas necesitan formar profesionales y equipos directivos en la disciplina y el arte de la gestión de la innovación

En todo ello las escuelas de negocios tienen un papel fundamental, tanto en la parte docente como investigadora. Precisamente Esade es una de las escuelas líderes en este ámbito en el Estado, de la mano de Xavier Ferràs, entre otros profesores.

Justicia

Nos encontramos en una encrucijada histórica caracterizada por un crecimiento de la desigualdad en las sociedades avanzadas, como consecuencia de tres grandes olas de cambio: demografía, tecnología y globalización.

La inercia de décadas en las que la retribución del accionista ha marcado la lógica empresarial es difícil de cambiar

El problema está cada vez mejor definido, pero no la solución. Las intuiciones pasan por un ajuste fundamental o refundación del capitalismo, en el que las empresas asuman un papel mucho más activo en la redistribución de la riqueza que crean.

Pero la inercia de décadas en las que la retribución del accionista ha marcado la lógica empresarial es difícil de cambiar.

La última encuesta sobre la percepción social de la innovación presentada por COTEC confirma que una mayoría de las personas considera que los avances tecnológicos están profundizando en la desigualdad, especialmente en los colectivos más vulnerables de la sociedad.

Las escuelas de negocios deben impulsar una innovación no solo centrada en nuevas formas y modelos de creación de riqueza, sino también en su justa distribución, en un nuevo “contrato social” del que habla el profesor Antón Costas para el siglo XXI. Si no, los sistemas de innovación no cumplirán su misión…

Solo personas de fuertes convicciones son capaces de afrontar el riesgo personal de transformar

Humanidad

Cito a Xavier Ferràs en un reciente post: “Paradójicamente, en un mundo dominado por la tecnología, la perspectiva filosófica y humanística, y el juicio crítico serán más necesarios que nunca”.

Ese nuevo contrato social necesita de una nueva mirada, que no solo procederá de la tecnología o la economía.

Es preciso repensar el Estado del bienestar, el concepto del empleo, la vida en las ciudades, el modelo económico… Es preciso volver a poner a las personas en el centro, recuperar la mirada humanista que iluminó el siglo de la Ilustración.

Las escuelas de negocios deben ser capaces, conscientes, comprometidas y compasivas

Antón Costas suele recomendar la lectura del libro La gran transformaciónescrito en 1944 por el filósofo húngaro Karl Polanyi, para entender la magnitud de los cambios que es preciso acometer.

Fe

La historia nos enseña que estas grandes transformaciones requieren del trabajo de personas comprometidas, personas que hunden sus raíces en un sentido de trascendencia.

La genial película Un hombre para la eternidad retrata la figura de Tomás Moro, clave en el Renacimiento, que sembró las semillas de la transformación económica y social. Solo personas de fuertes convicciones son capaces de afrontar el riesgo personal de transformar…

En ocasiones, estas cuatro dimensiones (la utilidad, la justicia, la humanidad y la fe) se traducen por cuatro adjetivos que deben acompañar a las instituciones educativas. Las escuelas de negocios deben ser capaces, conscientes, comprometidas y compasivas. Añadía recientemente el Padre General Arturo Sosa una quinta “c”, la de la coherencia.

Todo un reto para las escuelas de negocios en el siglo XXI.

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