El problema con los rankings de las escuelas de negocios

Artículo basado en una investigación de Josep M. Lozano, Ivan Bofarull & Queralt Prat-i-Pubill

Para muchas personas, una titulación o cualificación de una escuela de negocios –especialmente si es de posgrado– supone una inversión única en la vida. Hay pocas cosas en la vida que requieran un gasto y un compromiso de este calibre, por lo cual resulta esencial que los futuros estudiantes se aseguren de que la institución que les proporcione esta formación esté bien situada en los rankings.

¿O no?

Según un estudio desarrollado por Josep M. Lozano, Iván Bofarull y Queralt Prat-i-Pubill de Esade, con la coautoría de Sandra Waddock del Boston College de Massachusetts, los rankings de las escuelas de negocios crean una “jaula de hierro” que obliga únicamente a las escuelas más consolidadas y exitosas a participar en un juego en que, por lo demás, es imposible ganar. En efecto, este sistema imposibilita que otras escuelas de negocios que se esfuercen por acercarse a las posiciones de las mejor clasificadas puedan competir con ellas, pese a la calidad de sus cursos.

Esto supone un problema especialmente para las instituciones no acreditadas y para las escuelas más pequeñas y más orientadas a la docencia.

Contra toda lógica, el hecho de centrarse en una docencia de calidad podría acabar teniendo un efecto perjudicial para los rankings

Contra toda lógica, el hecho de centrarse en una docencia de calidad podría acabar teniendo un efecto perjudicial para los rankings, que conceden más importancia a la puntuación obtenida en el GMAT (Graduate Management Admission Test) –una prueba que se utiliza para evaluar la adecuación de los candidatos a cursar un MBA u otras titulaciones de posgrado muy competitivas–, así como a los grandes nombres de las empresas de reclutamiento y de colocación de sus graduados, más que al proceso formativo en sí.

El resultado es similar al de una empresa que esté más centrada en incrementar los resultados financieros trimestrales para sus accionistas que en invertir en estrategias a largo plazo para desarrollar sus competencias y garantizar su crecimiento.

Esta es una situación que no tiene escapatoria para las escuelas más pequeñas y menos conocidas, sin destacados programas de investigación: para crecer y atraer a más estudiantes y reclutadores, necesitan puntuar mejor en los rankings; pero, para ello, necesitan ser escuelas más grandes y más conocidas, y desarrollar importantes programas de investigación.

Sin embargo, aunque parece un problema irresoluble, las escuelas de negocios pueden conseguir hacerse un nombre sin necesidad de aparecer en los rankings más reconocidos. Pero, para ello, los autores de este estudio consideran que es preciso crear un nuevo ecosistema de universidades.

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Para crecer y atraer a más estudiantes y reclutadores, las escuelas de negocios necesitan puntuar mejor en los rankings (Foto: Littleny/iStock)

1. Cambiar de enfoque

Existen alternativas a los rankings que permiten a las escuelas de negocios proporcionar una información más relevante a sus futuros estudiantes y a los reclutadores. Mientras la mayoría de las universidades se ajusten al actual sistema de rankings, estos seguirán estando dominados por las mismas grandes escuelas de éxito.

El mundo real –y complejo– en que nos movemos presenta muchos más matices. Limitar el foco a unos rankings fijos supone una desatención absoluta a la realidad, por unos motivos únicamente organizativos, sociales y comunitarios. Se han realizado propuestas de rankings nuevos y distintos, pero la cuestión no es optar por uno u otro, sino más bien crear nuevas formas de entender con más sentido, un panorama realmente muy complejo.

Las guías universitarias, la evaluación de los resultados de la educación superior (AHELO), los sistemas de clasificación y los marcos de cualificaciones pueden ayudar a ofrecer una imagen clara de qué puede ofrecer cada escuela a sus estudiantes.

2. Buscar la especificidad

Las empresas operan en muchos sectores distintos, cada uno de ellos con sus propias influencias únicas. Si bien la teoría puede aplicarse a todos por igual, las operaciones requieren estrategias alineadas con el mercado objetivo y con las cuestiones propias de cada sector. Son estos conocimientos personalizados y matizados los que a menudo no tienen los recién graduados.

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Este enfoque específico de cada sector puede que no ayude a ganar posiciones en el ranking; de hecho, puede resultar incluso contraproducente. Pero un nuevo tipo de cualidad, relacionada con los resultados reales, puede ayudar a las escuelas de negocios a romper moldes y ofrecer un programa que pueda convertirse en un recurso valioso que se gane la reputación del sector.

Introducir innovaciones en los programas de estudios y especializaciones orientadas a las necesidades del mercado, así como aprender a trabajar estrechamente con las empresas, son iniciativas que pueden impulsar aquellas instituciones que no quieran quedar demasiado atrapadas en el juego de las clasificaciones.

3. No estar sujetos a los números: que sean ellos quienes nos sigan

Una confianza excesiva en los rankings ha llevado a demasiadas instituciones a esforzarse por competir en desigualdad de condiciones.

Más que preguntarnos: “¿Qué tipo de rankings queremos?”, la pregunta debería ser: “¿Qué tipo de universidades queremos?” Y, cuando hayamos respondido esta pregunta, deberíamos preguntarnos: “¿Qué queremos saber de estas universidades?”

Una confianza excesiva en los rankings ha llevado a demasiadas instituciones a esforzarse por competir en desigualdad de condiciones

El número de estudiantes de educación superior se prevé que se multiplique por cuatro y pase de los 100 millones del año 2000 a los 414 millones en 2030. Por ello, sería aconsejable que las escuelas de negocios y, más en general, las universidades que no figuran en las primeras posiciones de los rankings se centraran en los estudiantes que ahora están entrando en este escenario global tan distinto, con una serie radicalmente nueva de prioridades y expectativas.

Y, lo que es más importante si cabe: las escuelas de negocios, a todos los niveles, deben considerar de qué modo sus ideas sobre la gestión y el liderazgo están al servicio de un mundo turbulento y altamente competitivo, y ofrecen una experiencia educativa que pueda ayudar a resolver los problemas modernos.

Aventurándose a ser diferentes y procurando servir a mercados sectoriales específicos, las instituciones más pequeñas y más orientadas a la docencia pueden lograr situarse en cabeza de sus respectivas ligas.

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