El ‘momento euro’ de la defensa europea: De la amenaza a la estrategia

Europa se enfrenta a una verdad incómoda: ya no puede externalizar su seguridad. La autonomía estratégica, antes una ambición lejana, se ha convertido en una necesidad urgente.

Equipo Do Better

Poco después de asumir el cargo, Donald Trump afirmó que la Unión Europea se había creado “para joder a Estados Unidos”. Javier Solana, ex secretario general de la OTAN, ex alto representante de la UE para la Política Exterior y de Seguridad Común, y ahora presidente de EsadeGeo, recordó recientemente que las primeras instituciones europeas fueron financiadas por el Plan Marshall desde Washington. “Es un cambio de parámetros fantástico”, advirtió. Algo casi increíble hace no tanto tiempo. 

La creciente hostilidad de Washington hacia la UE ha sacudido a Bruselas, Varsovia, Madrid, París y muchas otras capitales europeas de su confiada dependencia de Estados Unidos y las ha unido en una misma conversación: la autonomía estratégica ya no es una ambición lejana, sino una necesidad en materia de seguridad. Expertos en la UE se reunieron recientemente en Esade durante la European Union Week, donde un tema se impuso sobre todos los demás: Europa debe empezar a abordar la defensa como una vez hizo con la moneda única: compartiendo riesgos, dinero y credibilidad. 

Más allá de la actitud hostil del presidente de EEUU, mientras la guerra sigue llamando a las puertas de Europa, Rusia planea como una potencial amenaza para la seguridad de la UE. Steven Everts, director del Instituto de Estudios de Seguridad de la Unión Europea (EUISS), señaló en su discurso inaugural: “Europa solo puede libre si es fuerte”. 

Forjar unidad en tiempos inestables

Para Monika Sus, profesora en la Academia Polaca de Ciencias y profesora visitante en el Centro de Seguridad Internacional de la Hertie School, la convergencia de opiniones entre europeos debe achacarse a Vladimir Putin y Donald Trump. La guerra híbrida —ciberataques, desinformación, chantaje energético— implica que la amenaza puede ser ahora tan relevante para Madrid como para Varsovia. La respuesta, según Sus, está cobrando impulso: París se plantea ampliar y compartir sus capacidades nucleares, y hablar de eurobonos para defensa —impensable hace cinco años— ya no parece descabellado. 

La Comisión Europea incluso ha propuesto un instrumento llamado Security Action for Europe (SAFE), dotado con 150.000 millones de euros: préstamos baratos y con respaldo conjunto para que los Estados miembros compren material militar de forma conjunta y mantengan los pedidos dentro de las fábricas europeas. 

Quién paga la factura

Sin embargo, el dinero es solo la mitad del problema. Rearmarse es caro, y los partidos populistas de extrema derecha que proliferan por Europa lo saben. Sus advierte que, sin “una narrativa fuerte y convincente a nivel nacional y local”, estos actores intentarán convencer a la opinión pública de que el gasto en sistemas de defensa es innecesario e inasumible. 

A pesar del creciente consenso, aún persiste la preocupación pública sobre los posibles sacrificios en pro de la defensa, especialmente en países alejados del frente como España o Francia, donde parte de la población ve el gasto en defensa como un detrimento del bienestar social. Las encuestas más recientes del Eurobarómetro muestran que el apoyo al gasto en defensa sigue siendo desigual en Europa. 

Ante este panorama, Bruselas propone relajar las normas de déficit para las inversiones en defensa. El plan “ReArm Europe” de 800.000 millones de euros impulsado por la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, permitiría a los Estados invocar la “cláusula de escape” del Pacto de Estabilidad y Crecimiento para alcanzar sus objetivos de gasto en defensa. 

Gastar mejor y de forma conjunta

Desde el punto de vista de la industria, Rebeca López, directora comercial de Asuntos de la OTAN en Indra, destaca un punto clave: “El problema no es solo cuánto gastamos, sino cómo lo hacemos”. López menciona tres imperativos: 

  • Integración. Las guerras ya no se libran solo en el campo de batalla, sino en múltiples dominios. Por tanto, en esta nueva era, los sistemas de guerra electrónica españoles deben poder “comunicarse” con los drones polacos y los satélites alemanes. El hardware y software militares de los países de la UE deben estar interconectados.
  • Estandarización. Las especificaciones de la OTAN y programas de la UE como el Fondo Europeo de Defensa o el ASAP proporcionan una guía a las empresas. “Estamos trabajando duro para estandarizar al máximo”, afirma López. Es la única manera de evitar duplicidades de equipos y de costes.
  • Cadenas de suministro resilientes. La fabricación avanzada, los nuevos materiales y la inteligencia artificial acortarán los ciclos de vida: las armas y sistemas quedarán obsoletos mucho más rápido. Indra, señala, “ha captado el mensaje” y está aumentando su capacidad de producción mientras agiliza y refuerza sus procesos. 

Una coalición de los dispuestos

Si los países de la UE están de acuerdo en que Europa debe reforzar su sistema de seguridad sin depender de Estados Unidos, ¿cómo hacerlo realidad? ¿Quién comienza a gastar primero? ¿El resto cumplirá su parte? 

La analogía histórica favorita de Solana es la decisión de adoptar el euro como moneda única. En 1999, solo seis Estados miembros abandonaron sus monedas nacionales; el resto se sumó más tarde. “El dinero y la seguridad son los asuntos más patrióticos”, señala, y por tanto los más difíciles de gestionar conjuntamente a nivel europeo. Recomienda que la UE empiece permitiendo que un grupo núcleo de países comparta arsenales. Se debería utilizar el voto por mayoría cualificada siempre que sea posible, y mantener al Reino Unido implicado mediante acuerdos ad hoc. La necesidad de unanimidad en cada decisión de la UE, insiste, “tiene que ser superada”. 

Ganar corazones antes que votos

Sus y Solana coinciden en otro punto: la comunicación. La política de defensa no puede sustentarse únicamente en el lenguaje técnico de Bruselas. El sector debe ganarse el apoyo del público joven. 

En la UE, los votantes deben percibir la seguridad como algo que protege su estilo de vida: sus datos, sus fronteras y sus valores. Hay que desafiar la percepción de que la seguridad militar solo implica bombas cayendo en tierras lejanas. 

Cómo pagar el escudo de Europa

Los préstamos del SAFE podrían ser un primer paso acertado; después, los eurobonos podrían marcar la diferencia. Sus defensores argumentan que un instrumento común reduciría los costes de endeudamiento para los Estados más pequeños y mostraría unidad política tangible en la UE. Los escépticos temen un riesgo de gasto irresponsable por parte de algunos países, dejando al resto con la carga de la deuda. Los críticos aluden al riesgo de una mutualización encubierta, en la que los países acabarían compartiendo de forma involuntaria las deudas ajenas. Por ahora, las capitales están divididas, pero el hecho de que esta idea se esté debatiendo ya supone un cambio importante en las costumbres presupuestarias de Bruselas. 

¿Puede Europa valerse por sí misma?

Si Europa fue capaz de crear una moneda nueva en menos de una década, ¿puede ahora construir la seguridad nacional que necesita en aún menos tiempo, antes de que la siguiente presidencia de Trump o la siguiente jugada del Kremlin pongan a prueba su capacidad? 

Si los ministros aprueban este año el reglamento SAFE, los primeros desembolsos podrían llegar en 2026. Si eso bastará para dar a los responsables de defensa de la UE el músculo financiero suficiente para reducir su dependencia de Washington es algo que aún está por ver. 

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