Cómo los eventos cotidianos en el trabajo afectan a las emociones de los empleados

Lo que ocurre en el trabajo puede determinar cómo se sienten los empleados. Comprender estos desencadenantes emocionales cotidianos podría ayudar a las organizaciones a crear entornos de trabajo más saludables.

Equipo Do Better

No siempre podemos mantener una fachada profesional en el trabajo. Como humanos, nos sentimos felices tras recibir elogios de nuestros superiores, sorprendidos por un cambio inesperado o enfadados cuando nos asignan una carga de trabajo injusta que nos obliga a hacer horas extra. A veces, podemos vernos desbordados por muchas emociones a la vez.

El trabajo puede ser estresante, y un nuevo informe de 2026 de Gallup sobre el State of the Global Workplace da motivos de preocupación sobre el bienestar de los empleados. El informe reveló que en 2025, solo el 20 % de los empleados en todo el mundo se siente comprometido con su trabajo, y los niveles declarados de estrés, enfado y tristeza están por encima de los previos a la pandemia.

Pero ¿y si, en lugar de limitarnos a preguntar si los empleados están felices, estresados o comprometidos, examinamos los matices de lo que realmente ocurre durante su jornada laboral y qué provoca estas emociones?

Eso es exactamente lo que Rita Rueff-Lopes (Esade), José Navarro y Malena Otero (Universidad de Barcelona) exploraron en un artículo de 2026. Los investigadores examinaron los eventos cotidianos que desencadenan seis emociones básicas en el trabajo, lo que ofrece una imagen más completa de la experiencia laboral.

Lo que descubrieron los investigadores

El estudio encuestó a 102 empleados, que registraron 1499 entradas de diario sobre eventos importantes durante un período de entre 10 y 15 días laborales. La felicidad fue la emoción citada con más frecuencia, presente en el 67 % de los eventos recordados. Sin embargo, los resultados muestran que medir las emociones en el trabajo no es tan sencillo como clasificarlas simplemente como ‘positivas’ o ‘negativas’.

El miedo y el asco también aparecieron, aunque con menor frecuencia, y podían ser igualmente intensos. La sorpresa también fue habitual tras un evento inesperado. Igual que ocurre fuera del ámbito laboral, los investigadores descubrieron que la naturaleza de un evento ayudaba a explicar qué emoción surgía y con qué intensidad.

Esto merece tenerse en cuenta cuando las organizaciones recurren a encuestas anuales para entender el bienestar de sus empleados. Este tipo de encuestas puede ofrecer una fotografía útil, pero tanto la investigación como la opinión de expertos sugieren que los sesgos de respuesta y de deseabilidad social pueden distorsionar la imagen, especialmente cuando los empleados no se sienten capaces de hablar con libertad. El enfoque de los investigadores ofrece una perspectiva diferente: en lugar de tratar las emociones como un rasgo general de los empleados, ¿y si las organizaciones preguntaran qué ocurrió realmente para que la gente se sintiera así?

No se trata solo de si un evento es bueno o malo

No todos los eventos que desencadenan emociones en el trabajo provocan la misma intensidad de respuesta emocional.

Los investigadores midieron la intensidad de los eventos a partir de factores como la relevancia, la novedad y la disrupción. Por ello, un evento positivo muy significativo puede provocar una respuesta emocional más fuerte que una experiencia positiva rutinaria. Del mismo modo, un evento negativo que resulte disruptivo o personalmente importante puede tener un impacto especialmente intenso.

Los coautores sostienen que la intensidad del evento aporta una capacidad explicativa adicional, más allá de considerar simplemente si un evento es positivo o negativo. En otras palabras, comprender las emociones de los empleados exige atender no solo a lo que ocurrió, sino también a la importancia que ese evento tuvo para ellos.

El lugar de trabajo ofrece un contexto rico para la manifestación de las emociones básicas. Las personas no se limitan a realizar tareas como robots. Es allí donde las interacciones cotidianas, las decisiones, los éxitos, las decepciones, los eventos inesperados y los altibajos de sus relaciones laborales definen su experiencia emocional.

¿Qué es lo que realmente nos hace sentir emociones en el trabajo?

Al analizar en detalle las respuestas de los participantes del estudio, se aprecia con más claridad cómo los eventos influyen en las emociones.

Algunas personas sintieron enfado al enfrentarse a una sobrecarga de trabajo, políticas injustas, una comunicación deficiente, conflictos, comportamientos poco profesionales y problemas técnicos. Como dijo un participante frustrado: «Ayer me enviaron mucho trabajo a última hora. Y tuve que hacer horas extra. Además, me lo exigieron».

Otro encuestado relató haber recibido una nota de agradecimiento de un jefe que se marchaba, y dijo: «Fue increíblemente halagador leer todo lo que decía sobre mí, y me hizo sentir muy feliz y valorado».

Como es comprensible, la felicidad estaba vinculada a los logros, el crecimiento profesional, las relaciones de apoyo y el reconocimiento.

Otras emociones tenían sus propios desencadenantes específicos. El estudio documentó que el asco se asociaba con la discriminación, la hipocresía, la explotación y el acoso. La tristeza surgía como resultado de pérdidas, conflictos, expectativas incumplidas y condiciones laborales difíciles. La sorpresa suele seguir a cambios organizativos, decisiones o interacciones inesperadas. El miedo se vinculaba a la confrontación, las preocupaciones de seguridad, las condiciones laborales inestables y la incertidumbre ante tareas exigentes.

La respuesta de este participante resulta especialmente preocupante: «Ayer tuve una discusión con la empresa. Me hablan de forma muy grosera, me exigen que haga todo el trabajo aunque solo soy becario, y cuando hago una pregunta se muestran extremadamente despectivos. Me sentí muy desbordado y tengo miedo de la reunión del viernes».

Como seres humanos complejos, podemos experimentar varias emociones en respuesta a un mismo evento. Un conflicto puede provocar tanto enfado como tristeza. La experiencia emocional del trabajo es más compleja que una simple medida de satisfacción laboral.

No se puede seguir como si nada

Entonces, ¿por qué debería importarles esto a las organizaciones? Mantener a los empleados felices y comprometidos es fundamental para evitar una alta rotación de personal. Los hallazgos sugieren que las organizaciones deberían esforzarse por comprender mejor las emociones en el trabajo. Los jefes no pueden limitarse a decirles a los empleados que gestionen mejor sus emociones. Sin embargo, sí pueden prestar más atención a los eventos que ellos mismos generan.

El reconocimiento, los logros significativos y las relaciones de apoyo no son un simple ‘extra deseable’. Contribuyen a fomentar experiencias emocionales positivas. Por el contrario, una comunicación poco clara, un trato injusto, las cargas de trabajo excesivas, la discriminación y los conflictos mal gestionados no generan empleados felices.

Cuando entra en juego el instinto de supervivencia

El miedo, sin embargo, se comporta de forma distinta a otras emociones. Los empleados tendían a experimentar miedo de manera automática ante grandes eventos de resultado incierto, porque estamos programados para percibir la incertidumbre como una amenaza potencial. Por ejemplo, si el jefe anuncia una reunión importante para el día siguiente sin explicar de qué trata, los empleados pueden temer que se trate de malas noticias. Desde un punto de vista evolutivo, era más seguro para los humanos asumir que un crujido entre los arbustos era un tigre y no un simpático conejo.

El estudio también reveló que el género solo tiene un efecto limitado en la intensidad emocional, lo que sugiere que la naturaleza y la intensidad de los eventos laborales son más importantes que las suposiciones generales sobre cómo distintos grupos de empleados viven el trabajo.

Cómo fomentar el bienestar en el trabajo

Los empleados no llegan al trabajo sintiéndose felices, estresados, enfadados o ansiosos sin motivo. Algo ha ocurrido.

Ya sea una conversación incómoda, una reunión inesperada, el reconocimiento del jefe o una exigencia injusta, todo ello puede cambiar cómo se siente una persona en cuestión de minutos. Si las organizaciones quieren influir en las emociones de sus empleados en el trabajo, quizá deberían preguntarse: ¿qué, exactamente, les estamos haciendo sentir?

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