Finanzas responsables para un futuro sostenible

Las finanzas sostenibles están cobrando mayor protagonismo para lograr un impacto positivo en el medio ambiente y en la sociedad, sin perder su sentido económico.

Por Jérôme Lacombe

En la última década, un nuevo tipo de finanzas ha adquirido protagonismo para financiar la transición hacia una economía global descarbonizada.

Los votantes, los organismos reguladores y la comunidad científica están presionando cada vez más al sector financiero para que aborde el enorme desafío del cambio climático, un reto que requiere cantidades ingentes de capital para frenar el calentamiento global.

El sector de las finanzas sostenibles está empezando a cubrir este déficit de financiación, asignando capital a proyectos ecológicos y sociales a través de fondos de inversión especializados, bonos y préstamos.

Las generaciones más jóvenes –y la sociedad en conjunto– reclaman al sector financiero que vaya un paso más allá y deje de limitarse a perseguir solo la obtención de beneficios.

Un sector financiero más sostenible

Las finanzas sostenibles integran criterios medioambientales, sociales y de gobierno (ESG) en decisiones de inversión individuales.

Las finanzas sostenibles iniciaron su andadura en 2008. Aquel año, el Banco Mundial emitió su primer bono verde y reunió 440 millones de dólares para financiar proyectos de protección del clima.

Esta operación constituyó un hito: conectaba el dinero de inversores institucionales con proyectos sociales y medioambientales.

Las generaciones más jóvenes reclaman al sector financiero que vaya un paso más allá de la mera obtención de beneficios

El instrumento se estructura como un bono tradicional, pero los activos se utilizan para financiar –o refinanciar– proyectos sostenibles. Expertos independientes determinan los proyectos elegibles y verifican la asignación de fondos a lo largo del tiempo.

Los bonos verdes contribuyen a crear conciencia sobre el cambio climático y ponen de manifiesto el trabajo conjunto de inversores, responsables políticos y científicos.

En los últimos años, el mercado global de los bonos verdes ha ido creciendo exponencialmente hasta alcanzar los 800.000 millones de dólares a finales de 2019 (v. gráfico adjunto). Entre los emisores, se incluyen fondos soberanos, bancos, servicios públicos, autoridades locales y corporaciones.

Bonos verdes: valor de mercado por año

Market value
Valor total de mercado en millones de millones de dólares por año (Fuente: bonddata.org)

A raíz de los bonos verdes, se han lanzado también otros nuevos tipos de bonos: bonos azules, bonos sociales, bonos de transición e incluso coronabonos, que ahora se están utilizando masivamente para combatir el virus de la Covid-19. Cada uno de ellos responde a un fin específico: la prevención del aumento del nivel del mar, la construcción de vivienda social o la financiación de asistencia médica en países emergentes, entre otros.

Nos enfrentamos a una de las peores crisis sanitarias mundiales del último siglo. La epidemia del virus de la Covid-19 está ocasionando la pérdida de vidas humanas y plantea desafíos económicos y sociales dramáticos. Los bancos centrales están inyectando miles de millones de dólares en la economía mundial. Y es muy probable que también sea necesaria la contribución del sector privado.

Cada vez son más los votantes que apoyan a partidos políticos que proponen acciones para combatir el cambio climático

No será la primera vez. Ya en 2017, el lanzamiento del primer bono por una pandemia recaudó 320 millones de dólares de inversores privados para ayudar a los países en vías de desarrollo a enfrentarse al Ébola y a otras enfermedades infecciosas. Esta vez, la crisis puede llevar a la emisión de eurobonos.

Impulsar un cambio rápido

La presión política a favor de un cambio sigue aumentando. Cada vez son más los votantes que apoyan a partidos políticos que proponen acciones concretas para combatir el cambio climático y mejorar la sociedad.

En 2019, los partidos políticos "verdes" aumentaron su representación en las elecciones al Parlamento Europeo en Francia, Alemania, el Reino Unido e Irlanda. Y actualmente se están convirtiendo en fuerzas políticas mayoritarias.

Los supervisores del mercado también están desempeñando su papel. En diciembre de 2017, ocho bancos nacionales constituyeron la Red para Reverdecer el Sistema Financiero (Network for Greening the Financial System, NGFS).

Esta organización publicó en 2019 su primer informe exhaustivo, titulado A call for action [“Una llamada a la acción”]. El informe propone recomendaciones para financiar la transición hacia una economía verde y baja en carbono. Desde entonces, la NGFS ha ido creciendo y en la actualidad ya cuenta con 42 miembros y 8 observadores de los cinco continentes.

Las compañías aseguradoras y los fondos de pensiones ahora reconocen que las inversiones financieras sostenibles también tienen un sentido económico

El seguimiento de la evolución histórica y la investigación económica contribuyen a la causa de las finanzas sostenibles. A la hora de analizar su desempeño histórico, los expertos concluyen que un mejor impacto en la sociedad no implica automáticamente un menor rendimiento económico, sino más bien lo contrario. Las compañías aseguradoras y los fondos de pensiones ahora reconocen que las inversiones financieras sostenibles también tienen un sentido económico. Por consiguiente, están destinando grandes cantidades de capital a fondos especializados en ESG.


En su informe Sustainable reality de agosto de 2019, Morgan Stanley afirmaba lo siguiente: “Hemos observado que los fondos sostenibles ofrecen rendimientos similares a los de los fondos tradicionales comparables, al tiempo que presentan menos riesgos de pérdidas (...). Incorporar criterios medioambientales, sociales y de gobierno (ESG) en las carteras de inversión puede ayudar a limitar el riesgo de mercado.


La implicación de los accionistas es también una forma eficiente de liderar el cambio. Los grandes inversores institucionales (por ejemplo, BlackRock) utilizan su solidez financiera y sus votos para influir en las decisiones estratégicas de las grandes corporaciones.

Los inversores de Climate Action 100+, que supervisan 32 billones de dólares en activos, fomentan una mayor transparencia sobre las estrategias ESG de las empresas y los riesgos de la transición climática. En mayo de 2019, el fondo de pensiones del Estado de Nueva York y el fondo de dotación de la Iglesia de Inglaterra votaron en contra de todos los directores de la empresa petrolera estadounidense Exxon en la asamblea anual, como protesta "contra una respuesta inadecuada al cambio climático".

Por su parte, los bancos están lanzando productos de préstamo sostenibles. ING, un destacado banco holandés, estructuró su primer préstamo para la mejora de la sostenibilidad en 2019.

El receptor de este préstamo acepta cumplir determinados objetivos medioambientales. Si lo hace, el margen del préstamo se le reduce. Si no lo logra, el coste de la deuda aumenta.

De esta forma, el banco recompensa el impacto positivo sobre la sociedad e incentiva a sus clientes a alcanzar sus objetivos con rapidez.

Finalmente, las generaciones más jóvenes no dudarán en impulsar el cambio con mensajes a favor del medio ambiente en las redes sociales o en las calles.

Climate change protest

Prácticamente nueve de cada diez millennials (86 %) están interesados en las inversiones sostenibles, según un informe de Morgan Stanley publicado en 2017. La mayor transferencia de riqueza intergeneracional en la historia se producirá en un futuro inmediato.

Según el informe, una suma estimada en 30 billones de dólares cambiará de manos. Ello proporcionará a la generación X y a los millennials una poderosa herramienta para reasignar fondos a las empresas que muestren mayor sensibilidad social o medioambiental.

Nueve de cada diez millennials están interesados en las inversiones sostenibles

Obstáculos por resolver

El denominado "eco-blanqueamiento" (green washing) podría diluir la fuerza de los mensajes.

Detectar los cambios estructurales entre el mar de artículos y anuncios comerciales que nos rodean es un reto. Los stakeholders con frecuencia acuden al mercado de las finanzas sostenibles buscando un poco de publicidad y crearse una imagen de marca verde.

Las finanzas sostenibles ¿están creando realmente nuevos pools de capital disponible?

En 2018, Steve Waygood, director de Inversión Responsable de la destacada aseguradora británica Aviva, señalaba que los bonos verdes no siempre movilizan capital nuevo.


"Creo que los bonos verdes son también una distracción, en cierto modo. Hay que tener en cuenta que la mayoría de las veces son mecanismos de refinanciación, de modo que la infraestructura ya existe. […] La gente mira el mercado de bonos verdes de 100.000 millones de libras y piensa que ese año han ido a parar a la infraestructura ecológica 100.000 millones de libras. Pero no es el caso."


El mercado de bonos es sofisticado y caro. Los emisores necesitan interaccionar con los asesores y divulgar información financiera a los reguladores, a las agencias de calificación y a los inversores.

En última instancia, resulta extremamente difícil medir el desempeño sostenible y ecológico, y todavía no existe un estándar internacional de referencia. Toda calificación de sostenibilidad debe integrar necesariamente criterios no financieros, que son subjetivos y nada fáciles de medir.

Las finanzas sostenibles necesitan con urgencia que exista un lenguaje común entre los inversores, los emisores, los promotores de proyectos y los responsables de las políticas.

Para superar este obstáculo, la Comisión Europea publicó el 9 de marzo de 2020 su informe de "taxonomía". El documento propone un marco coherente y ayuda a los inversores a identificar aquellas actividades que contribuyen a alcanzar los objetivos medioambientales, empezando por la mitigación del cambio climático o la adaptación al mismo.

Aunque probablemente no sea perfecta, esta taxonomía será una guía para los emisores que quieran acceder a la financiación verde.

Sustainable finance timeline
Fuente: ESMA

Mantener el impulso

¿Las finanzas sostenibles resistirán la inminente recesión económica y el cambio de orientación política hacia políticas empresariales más nacionales y un desempleo creciente?

La cuestión sigue pendiente de resolución:

  • Desde el inicio de la crisis de la Covid-19, los inversores extranjeros han retirado 83.000 millones de dólares de los mercados emergentes, la mayor salida de capitales jamás registrada, según datos de la asociación comercial Institute of International Finance del 2 de abril de 2020.
  • Los responsables de tomar decisiones necesitarán reactivar la economía global urgentemente. En una primera fase es posible que prioricen las industrias tradicionales con altas emisiones de carbono, como el sector de la construcción, responsable del 40 % de las emisiones mundiales de CO2.

Sin embargo, las medidas económicas urgentes que se adopten deberían ser compatibles con los compromisos previos de reducción de las emisiones de carbono. Las economías de los países desarrollados ya han anunciado su objetivo de reducir las emisiones de dióxido de carbono a cero en 2050 y deberán cumplir su palabra.

Cualquier plan de rescate deberá incluir fuertes compromisos medioambientales.

Sea cual sea el resultado final, la urgencia de reasignar capital para abordar el cambio climático y los desafíos sociales sigue estando ahí. Y las finanzas sostenibles van a tener que desempeñar su papel.

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