Así es cómo la IA está transformando la comunicación corporativa —y por qué la credibilidad y la transparencia, como resultado, se han convertido en cuestiones urgentes.

Martí Guasch

No hace tanto, la comunicación corporativa seguía un guion bastante predecible. Los informes anuales se elaboraban durante semanas por equipos que debatían cada frase, cada matiz y cada cambio de tono. La información evolucionaba lentamente, con una clara huella humana. Hoy, ese guion está cambiando.

La inteligencia artificial es capaz de redactar mensajes corporativos en cuestión de segundos. El consejero delegado de Goldman Sachs, David Solomon, ilustraba recientemente la magnitud del cambio: la preparación de un formulario S-1 —que antes requería dos semanas de trabajo de un equipo de seis personas— puede estar ahora “al 95 % hecha por IA en minutos”.

Al mismo tiempo, las empresas afrontan una creciente presión para divulgar información no financiera, especialmente en materia de sostenibilidad. Los indicadores ESG ocupan cada vez más espacio en los relatos corporativos y, en muchos casos, influyen directamente en la retribución de los directivos.

Incluso en entornos menos regulados, las compañías experimentan con formatos de divulgación más flexibles para atraer a los inversores. El resultado es un nuevo lenguaje corporativo: más rápido y, a menudo, más ambicioso. Pero a medida que la comunicación se acelera, surge una tensión central: cuando las palabras son baratas y fáciles de generar, distinguir los compromisos reales de los relatos bien construidos se vuelve más difícil.

Esa fue la cuestión central de la edición 2025 del Barcelona Accounting Summer Workshop, celebrada en junio en la Universitat Pompeu Fabra y coorganizada con Esade. Investigadores de universidades internacionales analizaron cómo la IA generativa, la sostenibilidad y las decisiones de gobernanza están redefiniendo la comunicación empresarial —y la forma en que los mercados la interpretan.

El auge del lenguaje corporativo automatizado

Uno de los cambios más visibles es el uso creciente de inteligencia artificial generativa para redactar comunicaciones corporativas. Las empresas ya experimentan con herramientas de IA para elaborar presentaciones de resultados, comentarios de gestión, folletos de salida a bolsa, notas de prensa o comunicaciones internas.

A medida que la IA “toma el bolígrafo”, el desafío ya no es solo qué se comunica, sino cómo se interpreta

La investigación de Elizabeth Blankespoor muestra que la GenAI no es una promesa futura, sino una realidad presente en los principales formatos de divulgación corporativa. Su uso es especialmente frecuente en aquellos apartados con mayor “coste de redacción”, como el Management Discussion and Analysis (MD&A) de los informes anuales o las descripciones del negocio en los folletos de OPV.

La automatización puede mejorar la eficiencia y la coherencia del discurso. Sin embargo, también introduce lo que Blankespoor denomina la “trampa de la fluidez”: cuando un texto suena seguro, pulido y profesional, resulta más difícil para el lector identificar la incertidumbre o los riesgos subyacentes.

Sus hallazgos indican que los informes generados con IA tienden a ser más positivos en tono y menos legibles. Las malas noticias pueden quedar diluidas tras una prosa sofisticada. A medida que la IA “toma el bolígrafo”, el desafío ya no es solo qué se comunica, sino cómo se interpreta. Cuando el lenguaje suena impecable, ver lo que se oculta detrás exige mayor esfuerzo crítico.

Trabajar con la IA, no solo desplegarla

Mientras la investigación de Blankespoor se centra en la comunicación externa, el trabajo de Jasmijn Bol analiza lo que ocurre dentro de las organizaciones cuando humanos e IA colaboran.

Sus estudios experimentales distinguen entre distintos usos de la IA: generar borradores iniciales, refinar textos existentes o proporcionar retroalimentación a los autores humanos. Las diferencias son relevantes.

Cuando la IA asume por completo la creación de contenido, los empleados pueden perder parte del sentido de responsabilidad y pertenencia sobre el mensaje. En cambio, cuando la IA se utiliza como herramienta de apoyo o de revisión, las personas mantienen un mayor grado de implicación, al tiempo que aprovechan la capacidad analítica de la tecnología.

El mensaje de fondo es claro: la adopción de GenAI no es solo una decisión tecnológica, sino una decisión de diseño organizativo. Las empresas que piensan cuidadosamente cómo articular la interacción entre humanos y máquinas tienen más probabilidades de mejorar su comunicación sin erosionar la confianza.

Objetivos ESG e incentivos

Si la GenAI está transformando el cómo, el ESG está redefiniendo el qué.

Los objetivos de sostenibilidad se han convertido en un elemento central del relato corporativo. Muchas compañías vinculan ya los bonus del consejero delegado al cumplimiento de metas ESG como prueba de su compromiso.

Sin embargo, la investigación de Clara Chen introduce un matiz crítico. Las empresas que “cumplen” o “superan” sus objetivos ESG suelen presentar peores resultados reales al año siguiente, como mayores emisiones contaminantes o menor seguridad laboral.

Estos datos invitan a plantear preguntas incómodas. ¿Se fijan algunos objetivos en niveles fácilmente alcanzables? ¿Se utilizan como mecanismo para justificar retribuciones elevadas o atraer inversores responsables?

En ciertos casos, los indicadores ESG pueden convertirse en ejercicios de greenwashing o diversity washing: métricas que proyectan una imagen de responsabilidad sin garantizar cambios sustantivos.

Gobernanza y el poder del relato

Las cuestiones de credibilidad no se limitan a la sostenibilidad. La investigación de Iván Marinovic examina cómo las empresas estructuran y justifican paquetes de retribución extrema para sus directivos, con casos de alto perfil como el de Elon Musk en Tesla.

Estos planes suelen apoyarse en supuestos complejos, difíciles de verificar ex ante y fáciles de racionalizar ex post. De nuevo, el relato desempeña un papel clave. Las narrativas sobre liderazgo excepcional y creación extraordinaria de valor ayudan a legitimar decisiones que, de otro modo, resultarían difíciles de defender.

El lenguaje no es neutro. Forma parte de cómo se ejercen el poder y los incentivos dentro de las organizaciones.

Con la facilidad para producir lenguaje corporativo, la atención pasa de la cantidad de información a centrarse en la credibilidad

La credibilidad como denominador común

En los debates sobre GenAI, ESG e incentivos ejecutivos, un concepto apareció de forma recurrente: credibilidad.

La investigación de Thomas Bourveau analiza empresas que operan bajo estándares de información más flexibles, como el mercado extrabursátil conocido como “Pink Sheets”. Estos regímenes permiten mayor discrecionalidad en la divulgación. Los resultados son claros: la información solo es efectiva cuando está respaldada por mecanismos de credibilidad —verificación, consistencia en el tiempo y una gobernanza sólida—.

En ausencia de estos elementos, más divulgación no implica más confianza. Los mercados descuentan la información que perciben como barata, no verificable o puramente simbólica —un riesgo que puede intensificarse con narrativas generadas por IA.

A ello se suma la evidencia presentada por Fabrizio Ferri sobre una norma de la SEC estadounidense que obliga a revelar quién recomienda a los nuevos consejeros independientes. Aunque el cumplimiento es irregular, el origen de la recomendación —directivos, consejeros independientes o headhunters externos— ofrece información valiosa sobre la independencia, la experiencia y la diversidad del consejo. La omisión de este dato debilita la transparencia y reduce la utilidad de la información.

En conjunto, el mensaje es coherente: cuando producir lenguaje es sencillo, lo escaso deja de ser la información y pasa a ser la confianza.

Mirando hacia adelante

El lenguaje empresarial está cambiando. Es más rápido, más adaptable y cada vez más moldeado por algoritmos y métricas. Sin embargo, el desafío de fondo sigue siendo el mismo: alinear las palabras con la realidad.

GenAI y ESG no son tendencias aisladas. Juntas están redefiniendo cómo las empresas comunican su desempeño, su propósito y su responsabilidad. Que este nuevo lenguaje fortalezca la confianza —o la erosione— dependerá menos de la tecnología en sí que de cómo las organizaciones decidan gobernarla.

En una era de discurso abundante y barato, la credibilidad puede convertirse en el activo más valioso de una empresa.

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