Gestión responsable de personas

¿Se puede ser un buen líder de una empresa sin ser un buen director de personas?

Por Ignasi Carreras

Ser un directivo eficaz ya no es suficiente para ser considerado un buen líder de empresa. 

Los directivos excepcionales combinan una capacidad de conseguir grandes resultados con una clara orientación a las personas para alcanzarlos. Generan un propósito común y fomentan el crecimiento de las personas a través del desempeño. Invierten en ellas y usan los retos para ayudarles a desarrollarse profesional y personalmente.

Los directivos excepcionales fomentan el crecimiento de las personas a través del desempeño

Esta forma de liderar integra la responsabilidad social de la empresa (RSE) con la gestión avanzada de personas. Cada vez más, para incorporarse y continuar en una empresa las personas aprecian que esta sea responsable, o sea, que demuestre un compromiso activo tanto con la sociedad como con el cuidado y el desarrollo de sus empleados. Este requisito es aún más evidente en las generaciones jóvenes. 

La RSE propicia la ética corporativa e impulsa una aspiración ilusionante que combina la generación de valor económico con la creación de valor social y medioambiental.

Asimismo, promueve una cultura de igualdad de oportunidades, de diversidad y de transparencia.

Cuando la RSE influye en la gestión de personas, amplía su alcance y contenido. Va mucho más allá de lo establecido por el mínimo legal y de lo necesario para capacitar y desarrollar a los miembros de los equipos según las diferentes necesidades operativas. Alcanza lo que se conoce como la gestión responsable de personas.

En un estudio recientemente publicado por Esade e ISS, se identifican siete políticas y prácticas de gestión responsable de personas que las compañías deberían considerar:

  1. La conciliación y la flexibilidad laboral
  2. La incorporación de personas en situación de vulnerabilidad
  3. El desarrollo de competencias a través del voluntariado corporativo
  4. La prevención y el cuidado de la salud física y emocional
  5. El fomento de la diversidad
  6. La formación en competencias personales y profesionales
  7. La desvinculación responsable

De las diferentes experiencias analizadas se deduce que para que una empresa adopte este enfoque de gestión responsable de personas es necesario un tipo de liderazgo que sea más compartido, centrado en las personas y comprometido socialmente de lo que es costumbre hasta el momento.

Nos queda aún bastante trecho por recorrer.

Artículo publicado originalmente en La Vanguardia.

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