Claves del nuevo protagonismo del Golfo: Oportunidades y vínculos con España
A través de la diversificación económica y un rol cada vez más activo en el tablero geopolítico, los países del Golfo son unos de los socios con mayor potencial competitivo y carácter estable en un mundo en transformación.
En un escenario internacional marcado por tensiones geopolíticas, la transición energética y la fragmentación de los bloques de poder, los países del Golfo han pasado de simplemente ser exportadores de petróleo a convertirse en actores estratégicos con visión global. Hoy el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) formado por Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Catar, Kuwait, Omán y Baréin, impulsa inversiones, lidera procesos de mediación internacional y teje alianzas con visión a largo plazo, emergiendo como actor económico, diplomático y financiero con proyección global.
Este nuevo protagonismo resulta de interés para países como España, que tienen la oportunidad revitalizar sus relaciones bilaterales y tejer nuevos lazos económicos. A ello contribuye la creciente diversificación económica de los países del Golfo o el aumento en la demanda de bienes consumo, así como el dinamismo de sus inversiones en el extranjero lideradas por fondos soberanos.
Así lo resume Javier Solana en el prefacio del Informe Relaciones económico-empresariales de España y el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG). Situación y oportunidades, elaborado por EsadeGeo de la mano los investigadores Tomás Guerrero y Adrián Blanco. Un informe que analiza en profundidad los factores de la creciente influencia de la región y las posibilidades que ofrece al resto del mundo.
España no es ajena a este movimiento. En los últimos años las relaciones bilaterales se han intensificado, aunque todavía cuentan con un gran potencial por aprovechar. ¿Cómo aprovechar esta oportunidad estratégica?
La transformación silenciosa: rentas altas, economías abiertas y un nuevo horizonte 2030
Con un PIB conjunto que supera los 2,18 billones de dólares y una renta per cápita que se ha duplicado en las últimas décadas, el CCG se ha consolidado como una de las regiones más dinámicas del planeta.
Aunque los hidrocarburos siguen siendo el principal motor económico, el crecimiento actual está impulsado por ambiciosas estrategias nacionales de diversificación como Saudi’s Arabia Vision 2030 o We the EUA 2031, entre otras. Estos planes están tratando de dirigir las inversiones hacia sectores de alto valor añadido: industria 4.0, inteligencia artificial, servicios financieros, energías renovables, logística y turismo.
La apuesta por la diversificación se apoya en políticas de apertura a la inversión extranjera, regímenes fiscales favorables, flexibilidad regulatoria y una creciente competitividad internacional. Emiratos Árabes Unidos, por ejemplo, es ya uno de los destinos globales más atractivos para la inversión greenfield y la región compite por posicionarse como hub de innovación y capital tecnológico.
El país también ha reforzado su posición en sectores de importancia geopolítica como las tecnologías disruptivas o las infraestructuras clave como las portuarias, así como el control de minerales críticos —tierras raras, superconductores o metales preciosos—.
En paralelo el proceso de integración regional —que avanza hacia la unión aduanera y un mercado común— así como los acuerdos comerciales con potencias como EEUU, Singapur y la EFTA, o las negociaciones con la UE, China, India y MERCOSUR, fortalecen sus políticas comerciales. Todo ello respaldado por un sistema financiero sólido y sofisticado que ha convertido al Golfo en un refugio para el capital internacional en tiempos de incertidumbre.
Las economías del CGC no solo buscan crecer, sino que quieren transformar la matriz productiva de sus economías y reducir la vulnerabilidad ante una caída de la demanda de combustibles fósiles.
De mediadores de conflictos a promotores globales
La transformación de la región no es solo económica. En los últimos años, los países del CCG han reforzado su papel político a través de una diplomacia pragmática y multilateral. Arabia Saudí y Emiratos han ingresado en los BRICS, mostrando capacidad para relacionarse por igual con bloques políticos enfrentados y facilitar el diálogo entre ellos. A su vez, la región acoge foros y cumbres de alto nivel y el papel mediador en conflictos como Ucrania, Gaza o Afganistán reflejan su creciente peso e influencia en el tablero internacional.
En paralelo, también han hecho del poder blando un instrumento central de su estrategia exterior: inversiones masivas en deporte, medios de comunicación, universidades y grandes eventos internacionales como la Expo de Dubái o la COP28, consolidan su imagen como promotores globales.
El papel de los fondos soberanos
Uno de los instrumentos más potentes del Golfo son sus fondos soberanos financiados con los excedentes del petróleo. Hoy representan cerca del 40 % del total de activos bajo gestión de estos vehículos en todo el mundo. Buscan impulsar la descarbonización, posicionarse en sectores como el tecnológico y potenciar la industria local. Son motores clave en la agenda de transformación económica de sus respectivos países y cuentan con capacidad financiera para movilizar recursos para proyectos a largo plazo.
En los últimos años estos fondos han invertido más de 17.000 millones de euros en empresas españolas: desde Iberdrola hasta Glovo, pasando por Telefónica o Enagás. Además, iniciativas como el fondo conjunto hispano-omaní SOPEF muestran el potencial de estas alianzas para facilitar coinversiones con visión estratégica de largo recorrido.
España: exporta más e invierte menos
Las relaciones económico-empresariales entre España y las economías del CCG atraviesan un buen momento. Las exportaciones españolas a la región crecen a un ritmo anual del 7,7 % —alcanzando los 95.182M€ según datos del informe—, lideradas por productos como semimanufacturas, alimentación y bebidas, entre otras. Al mismo tiempo las inversiones de los países del Golfo en España se han disparado en sectores como la energía, las infraestructuras y la tecnología.
Sin embargo, aunque la balanza comercial ha empezado a equilibrarse, la inversión española en la región sigue siendo reducida: apenas representa el 0,13 % del total de inversiones de España en el mundo. Según el informe de EsadeGeo la distancia geográfica, el tamaño del mercado y la falta de vínculos explican en parte esta situación.
Aun así, las oportunidades existen, sobre todo en sectores en los que las empresas españolas tienen ventajas competitivas y los países del CCG buscan socios: energías limpias, turismo, educación, salud o infraestructuras.
Reforzar el vínculo: una hoja de ruta compartida
El informe EsadeGeo identifica líneas de acción claras para intensificar esta relación. En el plano institucional, España podría liderar desde la UE las negociaciones para un acuerdo de libre comercio con las economías del CCG. También puede reforzar la presencia cultural y educativa en la región mediante la nueva sede del Instituto Cervantes o la creación de un canal internacional en árabe de RTVE (al estilo de la BBC, France24 o DW).
A nivel económico, el informe sugiere ampliar los mecanismos de coinversión con fondos soberanos, organizar más road shows (misiones comerciales) sectoriales y favorecer el turismo Halal con certificaciones adaptadas y visados, entre otras recomendaciones. Por su parte las empresas españolas pueden ganar competitividad en la región si desarrollan propuestas de valor específicas con socios locales, posicionándose como aliados estratégicos.
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