Geoeconomía y poder: Implicaciones para las decisiones en el consejo
En la nueva era de fragmentación y rivalidad estratégica, la geoeconomía redefine los riesgos y oportunidades para las empresas. Los consejos de administración deben integrar una mirada geopolítica en su toma de decisiones.
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El diplomático norteamericano Leslie H. Gleb, galardonado con el premio Pulitzer como corresponsal del The Times, afirmó en 2010 que “la mayoría de las naciones hoy en día tocan los tambores de su política exterior, en gran medida, en base a ritmos económicos”. Esta frase, un tanto premonitoria, pone de manifiesto cómo, en los últimos años, el poder económico ha dejado de ser un simple reflejo del poder político para convertirse en su principal instrumento.
En un contexto donde el poder económico sustituye progresivamente al militar como herramienta de influencia, la geoeconomía —el uso de instrumentos económicos con fines geopolíticos— se ha vuelto indispensable para entender los desafíos estratégicos que enfrentan las empresas globales.
Para las empresas, los riesgos y oportunidades ya no se definen solo por el mercado, sino también por la geopolítica
En 1990, Edward Luttwak empezó a usar este término para explicar cómo los países estaban cambiando en el ámbito internacional el uso de herramientas militares por otras relacionadas con instrumentos económicos (como los aranceles o las sanciones económicas) para poder ganar más poder en el orden mundial establecido. Para Luttwak, esta transformación no implica una menor intensidad en la competencia, sino un cambio en sus formas: “la proyección en la escena mundial de las ambiciones de empresarios y tecnólogos, así como antaño la guerra y la diplomacia reflejaron las ambiciones aristocráticas”. Esta lógica sitúa a la economía en el centro de la estrategia internacional, y convierte a las empresas en actores —y a veces instrumentos— de poder geopolítico. La geoeconomía no busca necesariamente atraer o persuadir (como lo haría el soft power), sino imponer, condicionar o limitar a otros actores mediante herramientas económicas.
Para las empresas, esto implica operar en un entorno donde los riesgos y oportunidades ya no se definen solo por el mercado, sino también por la geopolítica. La reciente intensificación de los controles a la exportación de semiconductores avanzados por parte de EEUU hacia China, o la presión regulatoria sobre empresas tecnológicas en Europa por razones de soberanía digital, son ejemplos claros de cómo las decisiones estatales reconfiguran el terreno competitivo global. Asimismo, la guerra en Ucrania ha alterado profundamente las cadenas de suministro de materias primas críticas, como el gas, el trigo o los metales industriales, obligando a muchas empresas europeas a rediseñar sus estrategias de aprovisionamiento y producción. La geoeconomía, en este sentido, no es una abstracción académica, sino una realidad tangible que afecta a sectores, alianzas estratégicas y decisiones de inversión en la empresa.
Herramientas y actores de la geoeconomía
La geoeconomía opera a través de una serie de instrumentos que, aunque económicos en su forma, tienen una clara intencionalidad estratégica. Estados y bloques regionales recurren a sanciones (como las impuestas por la UE y EEUU a Rusia tras la invasión de Ucrania desde 2022), subsidios (por ejemplo, los contemplados en el Inflation Reduction Act -IRA 2022- estadounidense para tecnologías limpias), controles de exportación (como las restricciones de EEUU a la venta de chips avanzados a China en 2024), inversiones dirigidas (como las realizadas por China en infraestructuras críticas en África y el sudeste asiático) y políticas industriales (como el Green Deal Industrial Plan de la UE en 2023) para moldear el entorno internacional conforme a sus intereses. Estas herramientas permiten ejercer presión, condicionar comportamientos o proteger sectores considerados críticos o estratégicos, sin recurrir al uso directo de la fuerza.
La transformación en la arquitectura del poder global ha dado lugar a una nueva configuración de alianzas y rivalidades
En el actual escenario internacional, el modelo clásico basado en el Estado-nación westfaliano y en economías de mercado abiertas ha dado paso a una configuración más compleja y fragmentada. En este nuevo contexto, han emergido actores con un peso creciente en las relaciones internacionales, entre los que destacan tanto los bloques geoeconómicos como las grandes empresas multinacionales, que hoy ejercen un poder significativo en la definición de las reglas del juego global.
Esta transformación en la arquitectura del poder global ha dado lugar a una nueva configuración de alianzas y rivalidades, articulada en torno a bloques geoeconómicos que compiten —y en ocasiones cooperan— por influencia, acceso a recursos y control de tecnologías estratégicas. En este marco, pueden identificarse cuatro grandes bloques geoeconómicos:
- Bloque occidental: liderado por Estados Unidos y la Unión Europea. Promueve una visión liberal del comercio internacional, aunque cada vez más condicionada por la seguridad económica, la autonomía tecnológica y la sostenibilidad. Ha intensificado la coordinación en sanciones, regulación digital y subsidios industriales. Su cooperación militar se refleja en la OTAN y en el tratado AUSUK (2021).
- Bloque alternativo: formado por China, Rusia e Irán, que comparten una agenda de contestación al orden liberal occidental y cooperan en el marco del BRICS+, ampliado en 2024 con Irán, Arabia Saudí, Emiratos Árabes, Etiopía y Egipto.
- Países no alineados: como India, Turquía, Indonesia o Brasil, buscan mantener una posición de equilibrio, maximizando beneficios sin comprometer su autonomía estratégica.
- Sur Global: economías emergentes y en desarrollo con intereses diversos, vulnerabilidades estructurales y una creciente demanda de voz en foros multilaterales.
Las grandes empresas tecnológicas también han emergido como actores geoeconómicos de peso. Controlan infraestructuras digitales, datos, algoritmos y plataformas de comunicación, lo que les confiere poder estructural. Figuras como Elon Musk, Mark Zuckerberg o Sundar Pichai participan en decisiones con implicaciones geopolíticas. Además, la economía de las apps ha consolidado plataformas (TikTok, X, Meta, Amazon) como nuevas infraestructuras críticas que configuran narrativas, modelan comportamientos y plantean desafíos estratégicos.
¿Qué debe considerar un consejo de administración en la era de la geoeconomía actual?
En un entorno global marcado por la fragmentación, la rivalidad estratégica y la instrumentalización del poder económico, los consejos de administración no pueden ignorar la dimensión geoeconómica. La exposición a riesgos regulatorios, tecnológicos o logísticos ya no es una hipótesis remota, sino una realidad operativa que afecta a sectores como la energía, la automoción, la tecnología o la alimentación.
Incorporar la geoeconomía en la agenda del consejo implica:
- Integrar capacidades de inteligencia estratégica.
- Anticipar escenarios disruptivos.
- Formular preguntas clave:
- ¿Dónde están nuestros principales riesgos geoeconómicos?
- ¿Qué grado de dependencia tenemos de proveedores, tecnologías o mercados sensibles?
- ¿Estamos preparados para responder con agilidad ante cambios regulatorios o restricciones comerciales?
- ¿Contamos con los perfiles y conocimientos adecuados en el consejo para interpretar estas dinámicas?
El gobierno corporativo debe evolucionar hacia una visión más sistémica y prospectiva. La resiliencia empresarial depende también de la capacidad de leer el mundo estratégicamente. La geoeconomía se ha convertido en un factor estructural que condiciona la sostenibilidad, competitividad y legitimidad de las decisiones empresariales.
Directora académica, Programa Ejecutivo de la Mujer en la Alta Dirección (Proyecto PROMOCIONA)
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