Infraestructuras científicas, 'spin-offs' tecnológicas e impacto social

Algunas de las tecnologías más omnipresentes en la sociedad, como internet, los diagnósticos y tratamientos médicos y las tecnologías de la información, son el resultado de aplicar la investigación generada por infraestructuras científicas a otras áreas, más allá de su ámbito científico directo.

Por Jonathan Wareham

Imagen: © CERN

En Europa existen más de 600 infraestructuras científicas dedicadas a la megaciencia, entre las que destacan instituciones prestigiosas como el CERN, ESO, European XFEL, EMBLESRF e ILL.

El potencial de impacto de la megaciencia es indiscutible, pero el debate público puede resultar controvertido, porque las inversiones en ciencia compiten con todas las demás iniciativas financiadas con fondos públicos, como las escuelas, los hospitales, los transportes u otros servicios públicos.

A diferencia de las necesidades socioeconómicas inmediatas, evaluar el valor de la investigación científica básica es un reto difícil, sobre todo porque se trata de procesos que se desarrollan a largo plazo.

Un punto de partida obvio es evaluar la productividad de las infraestructuras científicas, que acostumbra a manifiestarse a través del número de citas y patentes obtenidas.

Pero, aunque es fácil evaluar cuantitativamente estas medidas, se consideran poco representativas del valor científico, porque se trata de indicadores que no reflejan los numerosos beneficios colaterales que aportan las infraestructuras de la megaciencia.

Por ejemplo, William Bianco y Eric Schmidt –de la Universidad de Indiana– señalan que la Estación Espacial Internacional, cuya construcción costó más de 100.000 millones de dólares y su funcionamiento, unos 2.000 millones anuales, en 2017 solo generó 34 artículos revisados por expertos y 4 patentes. Debido a sus largos ciclos temporales, las cifras de publicaciones y patentes favorecen las infraestructuras más maduras y se utilizan a menudo como justificaciones post hoc de inversiones realizadas inicialmente a fondo perdido.

NASA astronaut
El astronauta Luca Parmitano finalizando trabajos de reparación del detector de materia oscura y antimateria en la Estación Espacial Internacional (Foto: © NASA)

Adquisición de alta tecnología

Ampliando el alcance más allá del impacto científico, los investigadores que intentan evaluar el valor de las infraestructuras científicas normalmente se centran en analizar los impactos de los costes directos de adquisición de alta tecnología, con sus correspondientes efectos multiplicadores en la economía regional. En este caso, se evidencia que la adquisición de alta tecnología es la que tiene el mayor efecto multiplicador.

Los investigadores que intentan evaluar el valor de las infraestructuras científicas normalmente se centran en analizar los impactos de los costes directos de adquisición de alta tecnología

En 2016, el exdirector general del CERN Herwig Schopper estimaba que este efecto multiplicador era, por término medio, de 4,2 puntos en los diversos grupos tecnológicos del CERN: por cada euro que se gastaba el CERN adquiriendo productos de alta tecnología a sus proveedores, se generaban 4,2 euros para las industrias de apoyo.

Spin-offs tecnológicas y valor social

Más allá de su impacto en los proveedores inmediatos, otra razón que justifica las inversiones en infraestructuras de investigación científica son las spin-offs tecnológicas y sus supuestos efectos sobre el crecimiento económico, la creación de puestos de trabajo y los ingresos fiscales.

En este caso, la NASA es probablemente el ejemplo más prolífico: ha creado más de 2.000 spin-offs desde 1976. Por su parte, la Agencia Espacial Europea también considera las spin-offs un tema fundamental en sus acciones de comunicación pública. 

Proteger o no proteger

Sin embargo, estimar el impacto económico indirecto –e incluso el directo– resulta cada vez más problemático cuando los derivados tecnológicos no están protegidos por patentes, marcas registradas o citas de patentes, como sucede a menudo.

El mandato político de muchas infraestructuras de investigación es generar conocimiento científico para lograr impacto social

Puesto que el mandato político de muchas infraestructuras de investigación es generar conocimiento científico para lograr impacto social, la decisión de no proteger las tecnologías con derechos de propiedad es frecuente y explícita. 

Estas prácticas son coherentes con la ética de la ciencia abierta y los movimientos a favor de la innovación abierta, así como con los mandatos específicos de las agencias de financiación de hacer accesibles los datos de las investigaciones financiadas con dinero público, publicando sus resultados en plataformas de acceso abierto, conforme a los principios de los FAIR data.

El caso más famoso y reciente es el de la World Wide Web (concretamente, HTTP, URL y HTML), cuando en 1993 Berners-Lee convenció a los directivos del CERN para que la hicieran de dominio público y pusieran el IP a la libre disposición de todo el mundo.

Portrait of Sir Tim Berners-Lee in a rack of the CERN Computer Centre
Tim Berners-Lee en el Centro de Computación del CERN (Foto: © CERN)

Con este paso, el CERN aceptaba no obtener réditos ni valor económico de la red. En palabras de un director científico del CERN: “En caso de conflicto entre la generación de ingresos y la difusión, prevalece la difusión.”

Para una tecnología con este nivel de impacto, cualquier cuantificación de su valor socioeconómico resulta casi surrealista.

Beneficios sociales alternativos

Los investigadores también han intentado definir los beneficios sociales alternativos de las infraestructuras de investigación dedicadas a la megaciencia. 

Por ejemplo, en 2016, el profesor Massimo Florio y sus coautores describieron un modelo que revela los seis principales beneficios sociales de las infraestructuras de investigación:

  1. Impacto en las empresas debido a los beneficios tecnológicos indirectos producidos por el acceso a nuevos conocimientos y por el aprendizaje basado en la práctica.
  2. Beneficios a los empleados y a los estudiantes por un incremento del capital humano.
  3. Valor social de las publicaciones científicas para los científicos.
  4. Beneficios culturales a través de actividades de divulgación.
  5. Servicios adicionales proporcionados a los clientes.
  6. Valor de los descubrimientos científicos.

Otra perspectiva sobre estos potenciales beneficios sociales ya la habían ofrecido Autio et al. en 2004, cuando describieron las siguientes propuestas de valor positivas que las infraestructuras de investigación podrían tener en el ecosistema de sus proveedores:

  • Expandir las fronteras de la tecnología y los estándares técnicos.
  • Reducir la incertidumbre en torno a los estándares y las inversiones tecnológicas.
  • Compartir su capacidad de gestionar proyectos muy complejos.
  • Agregar campos de conocimientos muy diversos y especializados para propiciar el aprendizaje radical y combinaciones innovadoras.
  • Dar acceso a redes internacionales.
  • Aportar prestigio y reputación.
  • Propiciar la creación de redes.
  • Proporcionar una escala y un alcance excepcionales que faciliten al máximo la realización de prototipos y pruebas.

Incertidumbre, barreras temporales y tiempo

En 2011, el profesor de Esade Max Boisot afirmaba que cuanto más se dedica una infraestructura de investigación a la investigación básica, mayor es la incertidumbre en torno al valor futuro de sus resultados. Ello se explica, en gran parte, por el largo lapso temporal que media entre los descubrimientos científicos básicos y su eventual aplicación en productos y servicios reales.

Veamos, por ejemplo, el caso de la antimateria. La antimateria existe, no es un mero objeto de ciencia ficción. Esta idea se postuló por primera vez en 1896 y Paul Dirac la convirtió en una curiosidad matemática en 1928. Nadie creía realmente que existiera la antimateria –ni siquiera Dirac. Era simplemente el resultado de unas técnicas matemáticas que Dirac necesitaba para resolver algunas ecuaciones de la mecánica cuántica: un curioso formalismo matemático, no una realidad.

Cuanto más se dedica una infraestructura de investigación a la investigación básica, mayor es la incertidumbre en torno al valor futuro de sus resultados

Sin embargo, más tarde se confirmó su existencia empíricamente. Y posteriores trabajos realizados en Europa y en los Estados Unidos llevaron finalmente a la ciencia médica a aceptarla como una de sus herramientas más importantes de diagnóstico: los escáneres PET (positrón = electrón de carga positiva, emisión, tomografía = imágenes de cortes o planos concretos de un cuerpo), que utilizan la aniquilación entre positrones y electrones para diagnosticar varias formas de cáncer, problemas cardíacos y trastornos del sistema nervioso central.

Las largas demoras temporales en el proceso de transferencia tecnológica pueden verse complicadas por el hecho de que numerosas instituciones de investigación suelen tener barreras culturales que no facilitan la transferencia tecnológica –e incluso pueden oponerse a ella.

Para muchos científicos, la moneda social dominante es la generación de conocimiento científico, no la comercialización o la difusión de tecnología. 

La ausencia de datos fiables o la simple causalidad hacen que sea demasiado difícil cuantificar las conceptualizaciones más holísticas, y ello puede llevar a narrativas con orientación política.

Numerosas instituciones de investigación suelen tener barreras culturales que no facilitan la transferencia tecnológica

En resumen, las reflexiones anteriores conducen a las siguientes conclusiones:

  • Para impulsar la investigación científica de vanguardia, se han creado diversas organizaciones de megaciencia con instalaciones, infraestructuras e instrumentos de una sofisticación técnica sin precedentes. El desarrollo de estas tecnologías puede ser una fuente inestimable de innovación tanto para las economías regionales como para la economía global.
  • A raíz de la pregunta sobre cómo se asignan los limitados recursos públicos, se ha planteado la cuestión del impacto social y económico de la megaciencia y cómo medir efectivamente dicho impacto frente a las demandas políticas y sociales de más corto plazo.
  • Pese a estas preocupaciones, las infraestructuras científicas tienen un buen historial de búsqueda constante de nuevas aplicaciones para sus tecnologías que tengan impactos tangibles en la sociedad. El mundo en que vivimos hoy sería imposible si no fuera por los conocimientos básicos de física, química y biología que han desarrollado las infraestructuras de investigación científica. Además, las tecnologías desarrolladas para hacer avanzar las prioridades en investigación básica tienen un valor evidente para otras aplicaciones y productos, más allá de su propósito original.

Artículo basado en una investigación llevada a cabo en el marco del proyecto europeo ATTRACT.

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