Juventud mediterránea: ¿Un futuro optimista?

Aunque la región mediterránea sigue enfrentando dificultades económicas, un informe indica que podría haber motivos para un moderado optimismo entre los jóvenes.

Equipo Do Better

La actual crisis mundial del coste de la vida que, según la OCDE, “ha hecho que aumente la brecha entre ricos y pobres”, está afectando a los jóvenes de los países mediterráneos con especial intensidad. 

En su informe, los investigadores de Esade analizaron las condiciones de vida de los jóvenes que viven en España, Italia, Portugal, el Líbano, Marruecos, Túnez y Jordania, y descubrieron que más de la mitad de los nacidos después de 1980 afirmaban no poder cubrir sus gastos básicos. 

En dichos países, un número excepcionalmente elevado de adultos de en torno a los 30 años sigue viviendo en casa de sus padres. En Portugal, España e Italia, las cifras oscilan entre el 23 y el 29,5%, mientras que en Túnez y Marruecos, la mitad de los jóvenes de edad similar siguen viviendo con sus padres. La edad media para dejar el nido en la UE es de 26,4 años. 

No se trata únicamente de la doble crisis

La falta de ingresos y ahorros propios son los factores principales que impiden independizarse a la gran mayoría de los jóvenes. El impacto económico del covid, no mucho después de la recesión de 2008 y la posterior crisis de deuda pública, sigue siendo un importante motivo de inquietud tanto para los responsables políticos como para los investigadores. 

David Henneberger es director de la oficina para España, Italia, Portugal y responsable del programa de diálogo regional para el Mediterráneo de la Friedrich Naumann Foundation for Freedom (FNF), organización alemana que trabaja con gobiernos, ONG y comunidades académicas de todo el mundo para promover las libertades civiles. David afirma: “En el informe La generación de la doble crisis de 2020 miramos más allá de Europa, hacia la región MENA, y nos intrigó el impacto de la crisis (económica) del covid”

“Nos preguntamos cómo las generaciones más jóvenes podrían enfrentar otro desafío en una región donde las diferencias sociales tienden a estar más articuladas y la red de seguridad social suele estar menos desarrollada. Mientras que Europa envejece a un ritmo dramático, los países de Oriente Medio y Norte de África tienen algunas de las poblaciones más jóvenes del mundo”, apunta Henneberger. 

“Esto afecta a todo lo que nos preocupa, en particular la migración y la necesidad de empleo y de unos ingresos justos para todos”, señala. 

Reconocer los problemas 

Si a esta combinación de factores le añadimos la inflación, la crisis energética y las actuales guerras, el panorama parece desalentador. Pero, ¿es posible que estemos vislumbrando el final? Ignacio Jurado y Jorge Galindo, los autores del informe de Esade EcPol La juventud mediterránea frente a los desafíos de la crisis permanente, creen que sí. 

Tras analizar los problemas a los que se enfrentan los jóvenes del sur de Europa, los investigadores se muestran moderadamente optimistas. Los autores del informe afirman que, si nos centramos en las oportunidades más que en las amenazas, es posible que seamos capaces de superar los retos de la transición ecológica, la digitalización y el envejecimiento de la población para ofrecer a los jóvenes un futuro mejor. 

“El inicio del siglo XXI ha presentado un conjunto de retos significativos para las generaciones emergentes en la región mediterránea, que abarca desde el sur de Europa hasta el norte de África y Oriente Medio”, explican Jurado y Galindo. Y añaden que la mejor manera de afrontar dichos retos es reconocer su naturaleza y magnitud. 

Los investigadores afirman que, para poder avanzar, es necesario abordar una serie de desafíos de partida: la escasez de oportunidades provocada por la lenta recuperación económica; los mercados laborales segmentados, con una clara división entre puestos de trabajo estables y precarios; los desafíos demográficos, que varían según el país; las brechas de género existentes y, a menudo, significativas, y el nivel de solidez y resiliencia de las instituciones de soporte. 

Aceptar las diferencias 

En su informe, tras reconocer la cruda realidad de la situación y aceptar las diferencias de cada país, Jurado y Galindo han identificado una un conjunto de principios comunes a todos los jóvenes de la cuenca mediterránea. “Con base en estos principios, planteamos un conjunto de recomendaciones y acciones que, aunque generales, están diseñadas para ser flexibles y lo suficientemente amplias como para que sea posible adaptarlas a las distintas realidades y desafíos de cada país”, alegan los autores. 

“Basados en el análisis previo, es evidente la necesidad de un plan estratégico para cerrar la brecha entre las expectativas y la realidad a la que se enfrentan los jóvenes en diversos países”, explican los investigadores. “Si bien es complicado diseñar una estrategia que se adapte a naciones con situaciones tan variadas, existen ciertas condiciones de incertidumbre y desafíos que son comunes a los jóvenes de todos estos lugares”. 

Jurado y Galindo proponen un menú de ideas y recomendaciones que se centra en cuatro pilares: generar una prosperidad equilibrada y compartida, crear oportunidades para los jóvenes, la formación como base y el soporte económico de partida. 

Este enfoque, dicen los investigadores, es “una percepción coordinada de posibles soluciones que, aunque generales, pueden ofrecer un camino a seguir.” 

Sentar las bases de la independencia 

Las propuestas, que pueden consultarse íntegramente en el informe de Jurado y Galindo, incluyen tres bloques diferenciados pero complementarios: ampliación de las infraestructuras de capital humano, acompañamiento de soporte básico de ingresos y capital, y acceso efectivo a la vivienda

“Somos conscientes del limitado margen fiscal y entendemos que no todas las propuestas serán viables en cada país o momento”, reconocen Jurado y Galindo. “Sin embargo, creemos que merecen ser al menos consideradas. En ello se requiere un compromiso de toda la sociedad”. 

Los jóvenes reclaman reformas. Tienen preferencias definidas sobre cómo afrontar los retos del futuro, les preocupan la desigualdad y la distribución de la riqueza, y apuestan por un cambio de instituciones que ayude a que sirvan más para solucionar los problemas de la gente. Sin embargo, se sienten desconectados de las élites políticas”, afirman. 

“Conseguir integrar los intereses de los jóvenes y sus preferencias en la agenda política es la mejor inversión que podemos hacer para establecer los pilares de una sociedad cohesionada el día de mañana. Una inversión en progreso y también en estabilidad”. 

Corregir las desigualdades y las dificultades que truncan su acceso a las oportunidades será la apuesta con mayor rédito potencial de todas las que podemos hacer”, concluyen. 

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