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Enrique Rueda-Sabater

La digitalización ya ha originado cambios significativos en torno al dinero y los mecanismos de pago. A esta dinámica le queda mucho camino por recorrer y, con todas las iniciativas de los operadores de tecnologías financieras, grandes y pequeños, y las respuestas de las personas responsables y los reguladores, existe una incertidumbre considerable sobre hasta qué punto y cuán rápido se desarrollará. Pero claramente será una dinámica innovadora y disruptiva importante que causará cambios generalizados en el sistema financiero y afectará a todos a ambos lados de las transacciones de pago.

Merece la pena considerar el paralelo con las dos revoluciones digitales de la industria de la música. La primera produjo los CD, una inmensa mejora en el sonido y la fiabilidad, y terminó con un colapso de los ingresos a medida que la música digitalizada iba estando disponible online. La segunda fue impulsada por los servicios de streaming, con nuevos actores, nuevos acuerdos transaccionales y fuentes de ingresos, que afectan a los dispositivos involucrados y, especialmente, a la experiencia del usuario. La comprensión de este paralelismo entre el destino real de los CD y el potencial de los mecanismos de pago “plásticos” (tarjetas de crédito y débito) es muy útil y, por supuesto, cuando afecta no solo a un producto o servicio (como en el caso de la música), sino también al dinero las implicaciones serán bastante más amplias.

La revolución de los pagos resulta de la convergencia de tres factores:

  • La sustitución del dinero en efectivo y del papel (cheques) por instrumentos más cómodos (tarjetas de plástico)
  • La expansión del comercio electrónico
  • La conectividad móvil y las plataformas digitales, con una miríada de aplicaciones Fintech

Tarjetas 

El dinero plástico es un fenómeno relativamente reciente. Comenzó en los EE.UU. en la década de 1950 con tarjetas Diner's Club y American Express de uso limitado y se extendió rápidamente después de la década de 1960, cuando se consolidaron Visa y Mastercard. Los cheques se mantuvieron en uso generalizado hasta mediados de la década de 2000, cuando, en los Estados Unidos, las operaciones con tarjetas de crédito y débito ganaron popularidad y se ensanchó rápidamente la brecha existente entre ambos medios de pago, por lo que las transacciones con cheques representan ahora menos de una décima parte de las realizadas con tarjetas y el uso de los cheques está disminuyendo rápidamente.

Fintech-payments

En Europa, el uso de los cheques había estado menos extendido al principio y las tarjetas de plástico se generalizaron con rapidez después del 2000 (las transacciones con tarjeta han pasado de 10 a 45 mil millones de euros desde entonces). En la actualidad, existen en todo el mundo alrededor de 3.000 millones de tarjetas de plástico activas, cerca de la mitad en los Estados Unidos.

Comercio electrónico

La participación minorista del eCommerce, como lo ilustra el caso de los EE.UU. (probablemente representativo de la mayoría de los países de ingresos medios y altos) había estado creciendo de manera constante entre 2000 y 2010, se aceleró después de ese período y recibió un gran impulso durante los confinamientos de la pandemia (entre el primer trimestre de 2019 y el primer trimestre de 2021, las ventas de comercio electrónico aumentaron un 59%; y el comercio minorista convencional un 15%).

Fintech-payments

La expansión del comercio electrónico aumentó la demanda de tarjetas de crédito y débito y también creó oportunidades para las primeras aplicaciones Fintech −la más conocida de las cuales es PayPal−, que desde entonces han evolucionado y siguen expandiendo su alcance y su oferta.

Conectividad móvil

La expansión de la conectividad móvil (resultante de la combinación de teléfonos más inteligentes y redes de telecomunicaciones mejoradas, hasta 5G y subiendo) se ha convertido rápidamente en un ingrediente del cambio en la forma en que se realizan los pagos. Las aplicaciones de tecnología financiera Square o SumUp, por ejemplo, han hecho posible que los comerciantes acepten tarjetas en casi cualquier lugar con un mínimo de parafernalia.

En este contexto, la última innovación ampliamente adoptada en tarjetas de plástico puede estar convirtiéndolas en víctimas de su propio éxito: la identificación por radiofrecuencia (RFID) permite la verificación sin contacto entre tarjetas y lectores de tarjetas comerciales con un cifrado similar al de los chips inteligentes en la generación anterior de tarjetas plásticas. Como la mayoría de los teléfonos inteligentes pueden producir las mismas señales RFID, los pagos realizados con el teléfono se convirtieron en el siguiente paso natural.

Servicios como Apple Pay y Google Pay permiten a los titulares de tarjetas cargar su información en su smartphone y evitar la necesidad de llevar una tarjeta. Los monederos digitales de WeChat y Alipay han llegado a dominar el sistema de pagos en China, donde el cambio a los pagos móviles se ha producido a una velocidad asombrosa y este sistema es ahora el modo de pago dominante, con muchas de las transacciones ya no relacionadas con tarjetas y con una relación indirecta, si es que existe, con cuentas bancarias convencionales.

Fintech-payments

En 2019, los instrumentos digitales más utilizados seguían siendo los pagos con tarjeta, y las personas de los países integrados en el BPI-CPIM (que representan alrededor del 80% de la economía mundial) realizaban compras con tarjetas de débito y crédito por valor de 15 billones de dólares al año. Pero los consumidores están sustituyendo cada vez más los soportes físicos por instrumentos digitales. Este desplazamiento está promoviendo pagos eficientes, más rápidos y cómodos.

La etapa actual de la revolución de los pagos se caracteriza por la irrupción del dinero electrónico y el dinero digital. Básicamente, el eMoney es un valor monetario almacenado electrónicamente (basado en monedas convencionales) emitido al recibir fondos destinados a realizar transacciones de pago. Una de las primeras versiones, que se podía utilizar con teléfonos básicos, fue el muy exitoso M-Pesa (M de móvil y Pesa, el término swahili para dinero), lanzado en Kenia por Safaricom (parte del grupo Vodafone). El éxito limitado en la replicación del M-Pesa en muchos países apunta a silos regulatorios y conflictos entre los ámbitos bancario y de telecomunicaciones, un problema que seguramente generará incertidumbre e influirá en la evolución del dinero electrónico en todo el mundo.

Los consumidores están sustituyendo cada vez más los soportes físicos por instrumentos digitales

Los datos sobre el eMoney aún no están disponibles de manera integral o comparable, pero los informes del BCE sugieren que en Europa ya ha superado a las transacciones con cheques y está ganando velocidad rápidamente. Y, en países con sistemas financieros menos extensos o que se habían basado sobre todo en transferencias interbancarias, hay indicios de que se han producido cambios bruscos, ya que las tarjetas de plástico no se habían generalizado cuando el dinero electrónico comenzó a despegar. A partir de las limitadas estadísticas disponibles, este parece ser el caso al menos en India e Indonesia, dos de los países con una mayor población. En el caso de China, el predominio de los pagos móviles probablemente incluye un componente importante de dinero electrónico, impulsado por la enorme escala de las actividades de Alibaba, Tencent y sus filiales.

Además de a los teléfonos y los relojes inteligentes, es probable que el dinero electrónico y los pagos móviles se extiendan a todo tipo de innovaciones de tecnología financiera. Ello incluye dispositivos portátiles que pueden transmitir señales de radio compatibles e incluso ropa fabricada con chips incrustados en la manga. Y más allá de las tarjetas, los teléfonos y los dispositivos portátiles habilitados para identificación por radiofrecuencia (RFID, por sus siglas en inglés), otras innovaciones y experimentos de pago se basarán en la autorización biométrica, como a través de huellas dactilares, escaneos de iris y reconocimiento facial. El ecosistema de pagos está destinado a seguir evolucionando de manera creativa y a generar cambios en el mercado; los bancos tradicionales se esfuerzan por formar parte de él desempeñando un papel en la remodelación de las opciones de pago dentro de su esfera de influencia.

El desafío para el papel central de los bancos tradicionales va más allá de los pagos. En la mayoría de las economías, los servicios de pago son una extensión de su función de intermediación y los bancos son el punto de contacto para todos los usuarios del sistema de pagos. El sistema financiero, y la forma en que los consumidores almacenan e intercambian valor, se organiza en torno a los bancos, mientras que los pagos son una especie de fontanería subyacente al papel central de los bancos, lo que incluye los créditos.

El ecosistema de pagos está destinado a seguir evolucionando de manera creativa y a generar cambios en el mercado, con los bancos tradicionales esforzándose por formar parte de él 

Lo que está surgiendo podría convertirse en una economía basada en plataformas con los pagos en el centro conectados con aplicaciones sociales y comerciales y otras actividades organizadas en torno a la funcionalidad de pagos central. El principal punto de contacto de los consumidores sería la entidad que administra la plataforma en lugar de un banco. Los servicios financieros como el crédito y los seguros podrían subordinarse a los servicios de pago. En este nuevo tipo de jerarquía financiera, las filiales Fintech de los sistemas de pago desempeñarían roles de liderazgo. Este tipo de reorganización del sistema financiero ya está muy avanzado en China, por ejemplo, donde Yu'e Bao, una filial de Alibaba a través de Ant Financial, se ha convertido en el fondo de inversión del mercado monetario más grande del mundo y Sesame Credit, otra filial, se ha erigido como el sistema de calificación crediticia dominante y ha puesto las bases para nuevas opciones de crédito.

El dinero digital, a diferencia de las criptomonedas, se sumará al desafío para los bancos y a la dinámica de transformación en torno a los pagos. Vale la pena seguir la evolución de tres manifestaciones del dinero digital:

  • Las monedas digitales de los bancos centrales, incluido el euro digital, podrían ser una fuente sorprendente de disrupción procedente del propio establishment, ya que podrían hacer posible que prosperen todo tipo de mecanismos de pago sin involucrar necesariamente a los bancos comerciales.
  • Las redes sociales ven su gran base de usuarios como un posible trampolín financiero y los experimentos de Big Fintech están brotando en diversos contextos, aunque con un progreso lento hasta el momento. Facebook ha liderado el desarrollo de las monedas digitales de las redes sociales, primero con su moneda Libra, una "moneda estable" diseñada para vincularse a una cesta de divisas oficiales, pero ahora ha cambiado a un enfoque paso a paso menos ambicioso con el Diem.
  • La tecnología financiera “Frontier” consiste en transacciones prometedoras basadas en tecnologías blockchain, como aplicaciones en torno al protocolo de pago Lightning Network. Su enfoque intenta reunir lo mejor de la moneda convencional y los mundos blockchain / criptomonedas ... lo que puede ser o no una propuesta viable.

La revolución de los pagos digitales y el papel de las empresas de plataformas en ella es algo que todos estamos experimentando de una forma gradual en nuestra vida cotidiana. Esa proximidad y la falta de cambios bruscos pueden llevarnos fácilmente a subestimar su efecto, que será generalizado, con implicaciones no solo para las entidades del sector financiero, sino también para cualquier negocio relacionado con los consumidores.

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