IA para un impacto significativo: Por qué el liderazgo importa
En el Mobile World Congress en Barcelona, en colaboración con 4YFN y con Esade como socio académico oficial, el evento exploró cómo la IA está transformando industrias, redefiniendo el trabajo y reformulando la economía global.
Junto al entusiasmo por las nuevas tecnologías, también aflora la cautela. En la apertura de la sesión de Esade, titulada “AI for Meaningful Impact”, el director general Daniel Traça definió la paradoja del momento actual. Sí, la IA avanza a una velocidad extraordinaria, ofreciendo capacidades que hace apenas unas décadas parecían ciencia ficción. Pero, al mismo tiempo, muchas personas sienten incertidumbre ante lo que depara el futuro.
Traça citó un dato del Edelman Trust Barometer: “Solo el 32 % de la población mundial cree que el futuro será mejor que el pasado”. Una cifra que apunta a una creciente ansiedad social ante las consecuencias del cambio tecnológico: desde el impacto de la IA en el empleo hasta la desinformación, la desigualdad o la concentración de poder en la economía digital.
Si la IA tiene tanto potencial, ¿por qué genera también tanta incertidumbre? La respuesta, sugiere Traça, no está en la tecnología en sí, sino en cómo las sociedades deciden gestionarla.
La promesa extraordinaria de la IA
No hay duda de que la IA ya está teniendo un impacto positivo en múltiples sectores. Desde la salud y la logística hasta las finanzas y la educación, los sistemas de IA permiten analizar datos complejos, identificar patrones y tomar decisiones con una rapidez y precisión sin precedentes.
En la medicina, por ejemplo, las herramientas de IA facilitan la detección temprana de enfermedades. Sistemas entrenados con grandes volúmenes de datos pueden identificar señales de cáncer en imágenes médicas, detectar irregularidades sutiles en el ritmo cardíaco o anticipar ictus antes de que aparezcan los síntomas.
La IA también puede ampliar el acceso al conocimiento en comunidades previamente aisladas. Un simple smartphone con herramientas de diagnóstico basadas en IA puede apoyar decisiones sanitarias en zonas donde escasean los profesionales médicos.
Para Traça, estos ejemplos demuestran que la IA, en su mejor versión, no sustituye a las personas, sino que potencia sus capacidades: “La inteligencia artificial, en su mejor versión, no reemplaza a la humanidad. Amplía lo que la humanidad puede llegar a ser”.
Esta capacidad de amplificación explica por qué la IA se considera cada vez más una tecnología de propósito general, comparable a avances como la electricidad o internet. Según estimaciones de McKinsey, solo la IA generativa podría añadir entre 2,6 y 4,4 billones de dólares anuales a la economía global.
Sin embargo, como subraya Traça, el potencial tecnológico no se traduce automáticamente en progreso social.
La tecnología por sí sola no genera progreso
La historia muestra que las grandes innovaciones han transformado economías y sociedades, pero las mejoras en la calidad de vida rara vez fueron inmediatas.
Traça pone como ejemplo la Revolución Industrial. En sus primeras décadas, la productividad y la riqueza crecieron con rapidez. Surgieron nuevas industrias, se expandieron las fábricas y el crecimiento económico se disparó. Pero las mejoras en las condiciones de vida llegaron más tarde.
En algunos países pioneros de la industrialización, la esperanza de vida incluso descendió inicialmente debido a jornadas laborales extensas, entornos inseguros y ausencia de protección social. Los beneficios del crecimiento no se distribuyeron de manera uniforme.
Las ganancias más amplias de la industrialización solo se consolidaron cuando se introdujeron nuevas regulaciones: leyes laborales, sistemas educativos adaptados a las nuevas necesidades y redes de protección social para afrontar periodos de dificultad económica.
Nada de esto ocurrió de forma automática. Requirió decisiones políticas, innovación institucional y liderazgo a largo plazo. Como resume Traça: “La tecnología por sí sola no garantiza el progreso. Lo garantiza la gobernanza”.
Este principio es plenamente aplicable a la IA. Las oportunidades que crea solo se convertirán en prosperidad compartida si se gestionan adecuadamente.
El verdadero desafío: gobernanza y cooperación global
La tecnología no es el problema central; lo es su gobernanza. La cuestión clave es cómo construir sistemas e instituciones capaces de gestionar un cambio tan acelerado.
Cuando la innovación va más rápido que la capacidad para gobernarla, la incertidumbre augmenta
Traça vuelve a la historia para ilustrarlo: la gestión de la tecnología nuclear en el siglo XX. Las armas nucleares representaban una de las tecnologías más poderosas y potencialmente destructivas jamás creadas. Sin embargo, pese a la rivalidad geopolítica, los países lograron establecer acuerdos e instituciones internacionales para limitar su proliferación y reducir el riesgo de conflictos catastróficos.
Estos acuerdos no fueron perfectos, pero demostraron que la cooperación ante riesgos tecnológicos globales es posible, incluso en contextos complejos.
Cuando el ritmo de la innovación supera la capacidad colectiva para gestionar sus consecuencias, aumenta la incertidumbre, explica Traça.
Este desajuste ayuda a entender la sensación de inestabilidad actual. La globalización, el cambio climático y la transformación digital han alterado profundamente economías y sociedades, mientras las instituciones no siempre estaban preparadas para responder.
Por ello, la cooperación internacional es esencial. Muchos de los desafíos asociados a la IA —desde la gobernanza de los datos hasta los estándares éticos— no pueden abordarse desde un solo país o empresa. Requieren colaboración transfronteriza y multisectorial.
El papel del liderazgo en la era de la IA
El liderazgo desempeña un papel decisivo en cómo se afrontan los desafíos tecnológicos.
Las instituciones educativas tienen una responsabilidad renovada en preparar a los líderes de la era de la IA. Ya no basta con enseñar habilidades técnicas o herramientas analíticas. Los futuros responsables de la toma de decisiones deben comprender el impacto más amplio de los sistemas que diseñarán y gestionarán.
“La educación empresarial debe preparar líderes no solo para optimizar sistemas, sino para comprender las vidas que esos sistemas van a moldear”, afirma Traça.
Esta visión se refleja en el enfoque de Esade hacia la tecnología y la innovación. En 4YFN, la escuela reunió a emprendedores, investigadores y líderes empresariales para explorar cómo la IA puede guiarse por valores humanos y orientarse hacia el bienestar social, la inclusión económica y la sostenibilidad a largo plazo.
La gran decisión de la era de la IA
“La inteligencia artificial marcará el próximo capítulo de la historia humana”, concluye Traça. “La cuestión no es si transformará nuestro mundo. La cuestión es si sabremos orientar esa transformación con sabiduría”.
El futuro de la IA dependerá no solo de los avances tecnológicos, sino de los valores que guíen a quienes la diseñan, despliegan y regulan.
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