Preguntas para la (geo)política europea en tiempos del Covid-19

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Por EsadeEcPol

Autores: Antonio Barroso Villaescusa (Subdirector de Análisis, Teneo) & Luis Cornago Bonal (Analista, Teneo)

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Resumen ejecutivo

  • ¿Cuál será el impacto del coronavirus sobre la (geo)política europea? Este artículo argumenta que para entender las consecuencias políticas de la pandemia es necesario identificar de forma precisa las tendencias que se venían produciendo antes de su llegada.
  • En lugar de realizar predicciones generales sobre el impacto del virus, este trabajo sugiere preguntas específicas para guiar una reflexión basada en las profundas transformaciones políticas por las que estaba pasando Europa a todos los niveles.
  • A nivel nacional, la cuestión fundamental es hasta qué punto la pandemia afectará al realineamiento político sustantivo que se estaba produciendo en los sistemas de partidos.
  • En cuanto a la Unión Europea (UE), la pregunta central no es tanto si habrá más o menos integración, sino cuál será el ritmo de esta, así como su alcance, su forma, y las consecuencias para la competencia entre los partidos europeístas y las fuerzas euroescépticas.
  • A nivel global, el interrogante es cómo el Covid-19 afectará a la habilidad de Europa para adaptarse al nuevo contexto de competición geopolítica.

Introducción

Las consecuencias económicas y sociales de la crisis sanitaria que ha generado el coronavirus se están haciendo más patentes conforme pasan los días. Dada la magnitud del shock que supone el Covid-19, es posible que este también tenga efectos políticos sustantivos, provocando lo que los politólogos llaman una “coyuntura crítica”, un espacio de tiempo relativamente corto durante el cual es más probable que se produzcan cambios de gran calado (Capoccia, 2016).

Es todavía pronto para saber si ese será el caso y el alcance de las posibles transformaciones, especialmente teniendo en cuenta la incertidumbre radical que todavía rodea al virus. Sin embargo, en este trabajo argumentamos que es necesario revisar en qué situación se encontraba la política en Europa y más allá de sus fronteras para explorar aquellas áreas sobre las cuales la pandemia podría ejercer un mayor impacto.

Para entender las consecuencias políticas de la pandemia hay que identificar las tendencias que se venían produciendo

Con este fin, el artículo realiza un repaso de las tendencias que se estaban produciendo a varios niveles con el fin de formular preguntas que puedan guiar la reflexión sobre el impacto del Covid-19 en la (geo)política europea. Las siguientes secciones analizan la reciente evolución de la política en Europa desde el punto de vista de los sistemas políticos nacionales (primera), la integración europea (segunda) y la geopolítica (tercera).

1. Política nacional

El Covid-19 ha llegado a los países europeos cuando estos se encontraban inmersos todavía en un periodo de profundo realineamiento político. Durante la última década, los partidos tradicionales han visto disminuido su espacio en prácticamente todos los parlamentos, lo que ha llevado a una mayor fragmentación política en casi toda Europa.

Como indica el gráfico 1, tanto el centroderecha como el centro izquierda han sido sistemáticamente penalizados por los votantes entre 2007 y 2019 en Alemania, España, Francia e Italia.

Gráfico 1. Cambios en los sistemas de partidos europeos (2007-actualidad)

Covid-19 partidos políticos
Fuente: base de datos ParlGov para los votos hasta 2019; encuestas para los datos actuales, consultadas en pollofpolls.eu el 20 de abril de 2020.

La crisis de la eurozona provocó la ruptura de los sistemas de partidos en los principales países del sur de Europa. En España y en Italia, los partidos anti-establishment de izquierdas fueron los primeros en emerger, seguidos por las fuerzas de derecha radical.

En el noroeste de Europa, la crisis aceleró los cambios políticos que se venían produciendo ya desde hacía décadas con la emergencia de partidos de derecha radical e izquierda alternativa y verdes. Así ha sucedido en los últimos años en países como Dinamarca, Finlandia u Holanda, donde tanto los verdes como la derecha radical se han afianzado (o incluso crecido en algunos casos) electoralmente, con excepción de la ultraderecha danesa, que obtuvo el año pasado uno de los peores resultados electorales de su historia.

En Alemania y Suecia, la derecha radical, que había sido testimonial en democracia, emergió con relativa fuerza después de la crisis; más adelante se verían beneficiados también por la politización de la crisis de los refugiados en 2015. Los verdes en Alemania son ahora más fuertes que nunca según las encuestas y los verdes suecos comparten el gobierno con los socialdemócratas, aunque solo cuentan con dos diputados y apenas obtuvieron el 5 % de los votos en las últimas elecciones.

El nuevo panorama político ha dado lugar a experimentos políticos inéditos

Este nuevo panorama político ha dado lugar a experimentos políticos inéditos. En 2015, la izquierda radical llegó al poder en Grecia apoyada por la derecha nacionalista de ANEL. En 2018 se formó en Italia la primera coalición íntegramente populista, formada por el Movimiento Cinco Estrellas y la Liga Norte.

En España la primera coalición de gobierno a nivel nacional de nuestra historia incluye un partido a la izquierda de la socialdemocracia, algo poco común en Europa. Durante este tiempo, la derecha radical se ha convertido en la principal fuerza en el espectro de la derecha en Italia y Francia, relegando al centroderecha tradicional a un segundo plano; en Suecia y en Finlandia la nueva y la vieja derecha compiten hoy de tú a tú por ese mismo espacio.

¿Cuáles son los factores que explican estos cambios? Las transformaciones políticas de los últimos diez años en Europa no se explican exclusivamente a través de la Gran Recesión. Numerosos trabajos académicos han estudiado el impacto de las transformaciones y las crisis económicas en los sistemas políticos de las democracias capitalistas en el marco de la globalización (Bartels, 2008; Beramendi, Häusermann, Kitschelt y Kriesi, 2015; Bornschier et al., 2008; Iversen y Soskice, 2019).

Las transformaciones políticas de los últimos diez años en Europa no se explican exclusivamente a través de la Gran Recesión

Por un lado, se han producido avances sociales con implicaciones económicas —por ejemplo, la expansión educativa o la incorporación de la mujer al mercado laboral. Por otro lado, han ido cristalizando fenómenos económicos con consecuencias sociales y culturales como la terciarización de la economía (el aumento sustantivo de las actividades del sector servicios) y la creciente segmentación del mercado laboral entre trabajadores insiders (con puestos de trabajo relativamente protegidos) y outsiders (desempleados o con trabajos precarios).

Como consecuencia de estas transformaciones, la estructura social y económica de las democracias más avanzadas también ha evolucionado en las últimas décadas. Como se observa en el gráfico 2, la mayoría de tendencias son comunes a los distintos países.

Gráfico 2. Cambios en la distribución del empleo por clase social, 1992-2015

Trabajadores Covid-19
Fuente: Oesch y Piccitto (2019).

Así sucede, por ejemplo, con el descenso del número de trabajadores de la industria (production workers) o el aumento relativo del porcentaje de directores y asociados o profesionales técnicos. Sin embargo, todavía existen importantes diferencias en la estructura económica y social de los distintos países, lo que se ve reflejado también en el desarrollo de los sistemas de partidos.

Políticamente, estos cambios estructurales han supuesto una creciente atomización de los intereses de los votantes. Los partidos tradicionales son ya incapaces de mantener bajo el mismo paraguas coaliciones de votantes tan diversas.

En este contexto, por ejemplo, observamos cómo los partidos socialdemócratas cada vez lo tienen más complicado para reconciliar los intereses de su coalición electoral, formada por nuevas clases medias y la clase obrera tradicional. Algo similar les sucede también a los partidos de centroderecha en Europa occidental, con fuertes tensiones entre su electorado de corte más liberal y aquellos más tradicionales en la dimensión cultural y “chovinistas” y proteccionistas en lo económico.

Estas tendencias sugieren las siguientes preguntas sobre el posible impacto de la pandemia:

¿Habrá otra oleada de cambio político?

Existe la posibilidad de que la crisis del Covid-19 acelere todavía más el ritmo de las transformaciones políticas en Europa; ello dependerá entre otras cosas de cómo de fuerte y duradero sea el shock económico en los diferentes países. Así sucedió después de la última crisis, cuando los gobiernos que habían tenido que gestionar la crisis fueron penalizados (Bartels, 2008; Hernández y Kriesi, 2016), especialmente en los países del sur de Europa (Hutter, Kriesi y Vidal, 2018). En cambio, hasta el momento muchos gobiernos se han visto reforzados durante la primera fase de emergencia sanitaria. 

La crisis del Covid-19 podría acelerar el ritmo de las transformaciones políticas en Europa

Esto podría cambiar conforme aumente la politización de la crisis y los gobiernos tengan que tomar decisiones cada vez más divisivas también en el plano económico o, si fuera necesario, recular en la desescalada del confinamiento.

El ciclo electoral también podría influir en la suerte de los gobiernos que se enfrentan a esta crisis. Por ejemplo, los países del sur de Europa no tienen previstas elecciones generales en el corto plazo, pero sí en Alemania y Holanda en 2021 y en Francia en 2022.

La gestión de la pandemia y sus consecuencias económicas monopolizarán el debate político a buen seguro en los meses previos a estas elecciones. Por otra parte, también es posible que esta crisis pueda acortar algunas legislaturas.

¿Cuál sería la rapidez de estos cambios?

Europa afronta esta crisis con una situación política de partida más precaria que en 2008, lo cual hace que los riesgos para los sistemas políticos sean mayores. Los partidos anti-establishment parten ahora desde una posición electoral más ventajosa. En Italia y en Francia, por ejemplo, la alternativa más probable al gobierno actual incluiría dos fuerzas antieuropeas de derecha radical, como son la Liga en Italia y Agrupación Nacional en Francia.

Los partidos anti-establishment parten ahora desde una posición electoral más ventajosa

El cambio electoral en la anterior crisis se produjo paulatinamente, en un periodo de dos o tres elecciones (Hutter et al. 2018). En la primera fase de la última crisis, los votantes penalizaron al gobierno de turno y el partido tradicional de la oposición llegó al poder. Así sucedió en Grecia en 2009, en España en 2011 o en Francia en 2012.

Sin embargo, en la crisis que se avecina, los partidos anti-establishment en algunos países podrían llegar al poder en las primeras elecciones; por tanto, los cambios, de producirse, podrían hacerlo con mayor rapidez.

¿Cuál será la suerte de los partidos populistas?

Es posible que el mensaje de los partidos populistas pierda algo de atractivo en el corto plazo. En circunstancias extraordinarias, los discursos centristas, arropados en las recomendaciones de los expertos, podrían verse beneficiados. Además, en muchos países los partidos populistas son percibidos ya como parte del sistema y han podido perder parte de su pureza.

En cambio, en el medio y largo plazo estos partidos podrían disfrutar de otra ventana de oportunidad si cuestiones como el cierre de fronteras, el fortalecimiento del estado nación o el cuestionamiento de algunas formas de globalización adquieren relevancia en el debate político. Al fin y al cabo, estos partidos han construido su reputación durante años en torno a una agenda que incluye estos y otros asuntos.

Sin embargo, como argumenta Cas Mudde, hasta el momento no todos estos partidos han respondido de igual forma a esta crisis. Por tanto, la suerte de estos partidos podría variar notablemente entre países.

2. Política de la Unión Europea

Cada vez que un shock golpea a la Unión Europea, se ha convertido en lugar común citar la conocida frase de uno de los padres fundadores del proyecto, Jean Monnet: "Europa se forjará en las crisis y será la suma de las soluciones que se encuentren a dichas crisis".

El problema de aplicar esta máxima a la situación actual es que la Unión acaba de salir de una década de sobrecarga de crisis, habiendo tenido que enfrentarse a la del euro de 2010-2012 y a la migratoria de 2015 (a las que hay que sumarle la deterioración progresiva del estado de derecho en Hungría y Polonia, y el Brexit).

¿Qué nos dicen estos episodios sobre el impacto potencial de la pandemia en la integración europea? Quizás sea útil recordar que, durante la última década, la toma de decisiones a nivel de la UE ha estado influida por dos tendencias de largo recorrido.

La primera es que la integración europea ha tocado hueso. Como argumentan Genschel y Jachtenfuchs (2018), los problemas derivados del diseño incompleto de la Unión Económica y Monetaria (UEM) o la falta de una política migratoria común generan fuertes externalidades que demandan una acción conjunta. Pero, a diferencia de la armonización de las legislaciones nacionales para crear el mercado interior, integrar las políticas fiscales para hacer sostenible la Eurozona o las de interior para gestionar mejor los flujos migratorios es mucho más complicado dado que estas políticas forman parte del núcleo de la soberanía de los estados. Este salto cualitativo en la integración requiere la inversión de cantidades más grandes de capital político que en el pasado.

Globalización
Cuando la supervivencia de la UE está en peligro, los líderes políticos acaban actuando (Foto: Zane Meiere/Twenty20).

A la par, se ha producido la cristalización del fin del "consenso permisivo" apuntado por Hooghe y Marks (2009), en virtud del cual los electorados aceptaban de forma más o menos acrítica las decisiones de las élites europeas en relación a la UE. Como hemos descrito, la globalización se ha convertido en una nueva dimensión de competición política en casi todos los estados miembros. En este contexto, los partidos Euroescépticos han hecho un esfuerzo concienzudo por vincular las tensiones culturales, sociales y económicas derivadas de la globalización con la profundización de la integración europea con el fin de crecer electoralmente.

A pesar de estos desafíos, cuando los shocks generan una fuerte interdependencia entre los estados miembros que pone en peligro la supervivencia de la UE, los líderes políticos acaban actuando (Schimmelfennig, 2018). Pero lo hacen con soluciones que minimizan tanto la pérdida de control sobre competencias que los gobiernos consideran cruciales como el coste político percibido.

Esto explicaría, por ejemplo, la resistencia a llevar a cabo emisiones conjuntas de deuda acompañadas de una verdadera política fiscal común y la proclividad a dejar en manos del Banco Central Europeo (BCE) gran parte de la responsabilidad de estabilizar la Eurozona. También la creación de una institución intergubernamental como el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE), cuyas decisiones más importantes están sujetas a unanimidad, en lugar de atribuirle dichas competencias a la Comisión Europea.

Las soluciones a previas crisis no han resuelto todas las vulnerabilidades existentes

Aunque es cierto que la integración avanza, el equilibrio resultante es problemático por dos razones. En primer lugar, las soluciones alcanzadas no resuelven todas las vulnerabilidades existentes, lo que expone a la Unión a futuras crisis (Jones, Kelemen, y Meunier, 2016).

En segundo lugar, el proceso de toma de decisiones genera tensiones políticas que pueden minar el apoyo del electorado al proyecto europeo y ser explotadas por partidos euroescépticos (véase cómo el partido alemán Alternative für Deutschland surgió al calor de las polémicas sobre el rescate griego, o cómo la Lega italiana aprovechó la crisis migratoria para promover de forma exitosa su agenda nacionalista-identitaria).

Las primeras reacciones al brote Covid-19 sugieren que la UE está siguiendo las pautas aquí apuntadas. La respuesta a la pandemia ha estado dominada por las decisiones de los estados miembros (que son los que tienen competencia en materia sanitaria). La Comisión Europea ha utilizado sus poderes en materia de mercado interior para contener el repliegue nacional en áreas como la exportación de material sanitario. Pero Bruselas está teniendo dificultades para coordinar las decisiones de los gobiernos en relación con la salida de los confinamientos.

La respuesta a la pandemia ha estado dominada por las decisiones de los estados miembros

Sin embargo, es en el plano económico donde se ven más claramente destellos de situaciones precedentes. La relajación de las reglas fiscales y sobre ayudas de estado ha permitido a los estados desplegar medidas para contrarrestar el impacto negativo del Covid-19, algunas de las cuales podrán ser apoyadas por financiación europea. Y el BCE ha actuado de forma enérgica a través de su Programa de Compra de Emergencia Pandémica, aunque después de una reacción inicial titubeante que ha servido como recordatorio del delicado equilibrio político en el cual se encuentra la institución.

Pero como en la crisis del euro, los líderes siguen teniendo distintos horizontes temporales a la hora de negociar medidas de mayor calado, con algunos gobiernos afrontando una mayor presión política y económica para llegar a un acuerdo sobre cómo financiar la recuperación (p.ej. Italia) que otros (p.ej. Holanda).

Además, las farragosas discusiones han reactivado fracturas políticas que parecen estar contribuyendo al deterioro de la imagen de la Unión incluso en países tradicionalmente europeístas como España.

A tenor de lo expuesto, surgen los siguientes interrogantes sobre el posible impacto del Covid-19 sobre la integración europea: 

¿Cuánto tiempo durará el statu quo?

Aunque los estados miembros suelen actuar de forma decisiva en presencia de crisis que revelan la fuerte interdependencia entre ellos, es difícil anticipar el umbral a partir del cual el equilibrio existente se hará insostenible.

¿Se acelerará la cooperación en materia sanitaria si se produce una segunda ola de infecciones? ¿Generará el shock económico que se avecina presión suficiente sobre los países del euro para que estos alcancen soluciones que hagan la eurozona más estable económica y políticamente?

Es difícil anticipar el umbral a partir del cual el equilibrio existente se hará insostenible

¿Más intergubernamentalismo o más supranacionalismo?

A raíz de la crisis del euro, las instituciones comunitarias vieron aumentados sus poderes en algunas áreas (p.ej. el BCE en relación con la supervisión financiera y la Comisión con relación a la supervisión macroeconómica). Pero también se crearon nuevas instituciones intergubernamentales como el MEDE.

Las discusiones actuales sobre la creación de un fondo de recuperación ligado al Marco Financiero Plurianual (el presupuesto de la UE) parecen sugerir que los estados miembros son receptivos a explorar soluciones supranacionales. Pero dadas las tendencias mencionadas (a las que hay que sumar las dificultades para reformar los tratados de la UE), podría ser difícil para los estados desviarse del reciente sesgo intergubernamentalista.

En un escenario donde no se pueda llegar a acuerdos de calado, ¿podrían acordarse fórmulas de integración diferenciada o incluso desintegración parcial?

La geometría variable a nivel europeo ya existe (véanse como ejemplos el área Schengen o los opt-outs existentes), y en teoría la flexibilidad es un buen instrumento para gestionar la creciente heterogeneidad de la UE (Leuffen, Rittberger y Schimmelfennig, 2013).

No es de extrañar, por tanto, que recientemente hayan resucitado ideas como la emisión de deuda por parte de un subconjunto de estados. Pero este tipo de propuestas conllevan riesgos económicos (¿serían creíbles emisiones conjuntas de deuda sin Alemania?) y políticos (¿sería Francia capaz de romper el eje francoalemán?). Estos dilemas serían incluso mayores si se volvieran a plantear ideas como la exclusión de un estado miembro de áreas de integración como la Eurozona.

Las medidas adoptadas contra el Covid-19 han supuesto la suspensión de algunos de los pilares que garantizan el correcto funcionamiento del mercado interior

¿Es posible una reversión de la integración?

Las medidas adoptadas para luchar contra el Covid-19 y sus efectos económicos han supuesto la suspensión de algunos de los pilares que garantizan el correcto funcionamiento del mercado interior, como por ejemplo las fronteras abiertas y la prohibición de ayudas de estado.

Si los efectos sanitarios y económicos de la pandemia se prolongan en el tiempo, ¿cuál será el impacto sobre la integridad del área Schengen? ¿Y cuál es el riesgo de que algunos gobiernos utilicen la situación para hacer política industrial encubierta que vaya en detrimento de una competencia justa dentro del mercado interior?

¿Se abrirá una nueva oportunidad para las ideas euroescépticas?

En línea con el realineamiento político a nivel nacional descrito en la primera sección, es posible que la crisis pueda ser explotada por los “emprendedores políticos” euroescépticos para movilizar apoyos en favor de su agenda (de Vries y Hobolt, 2012).

Los 'emprendedores políticos' euroescépticos podrían explotar la crisis para movilizar apoyos en favor de su agenda

Al mismo tiempo, estudios recientes muestran que crisis como las del euro han hecho que los europeos evalúen la integración más en términos de coste-beneficio que desde un punto de vista identitario (Hobolt y Wratil, 2015). Esto quiere decir que también podrían generarse oportunidades para que los partidos europeístas contrarresten las estrategias basadas en la identidad que generalmente persiguen las fuerzas euroescépticas.

3. Geopolítica

A nivel de política internacional, la pandemia ha golpeado a un orden global caracterizado por el aumento de la competición entre las principales potencias y con un multilateralismo a la baja (Wright 2017).

La elección de Donald Trump como presidente de los EEUU en 2016 ha convertido la rivalidad entre estados en la principal preocupación de la política exterior estadounidense. China ha hecho explícitas sus aspiraciones globales. Y Rusia ha desarrollado una política exterior mucho más agresiva y multifacética (utilizando desde la fuerza militar hasta la desinformación) con el fin de alcanzar el lugar que Vladimir Putin cree que el país merece ocupar en el orden internacional.

Geopolitical risks
Las divisiones entre los estados miembros han continuado minando la capacidad de influencia geopolítica de la Unión Europea (Foto: The Kremlin, Moscow)

¿Cómo ha respondido Europa a este nuevo paisaje? En el plano de la política exterior, las divisiones entre los estados miembros han continuado minando la capacidad de la UE de influir sobre los principales desafíos geopolíticos de los últimos tiempos.

Por ejemplo, la falta de una estrategia política clara sobre Rusia ha llevado a una cronificación de la inestabilidad en Ucrania, y Europa ha perdido relevancia en Oriente Medio a pasos agigantados. Los desacuerdos internos también han dificultado la formación de una posición común sobre China, debilitando la habilidad de la UE para responder eficazmente al desafío que supone la nueva asertividad global del gigante asiático.

Al mismo tiempo, sin embargo, la UE ha intentado reaccionar más enérgicamente al nuevo contexto de "desglobalización" caracterizado por guerras comerciales y tecnológicas.

Por ejemplo, en respuesta a los aranceles sobre el aluminio y acero impuestos por el gobierno estadounidense, Bruselas reaccionó aumentando los suyos sobre bienes simbólicos producidos en estados clave para algunas de las figuras más importantes del partido republicano.

En medio de las guerras comerciales generadas por EEUU, Bruselas ha seguido negociando tratados de libre comercio con otros países

La Unión también ha respondido al boicoteo de la Organización Mundial del Comercio por parte de Trump creando un sistema ad-hoc de resolución de disputas comerciales a la que se ha sumado China. Y en medio de las guerras comerciales generadas por EEUU, Bruselas ha seguido negociando tratados de libre comercio con otros países (p.ej. Japón, Singapur o los estados del Mercosur, entre otros).

En cuanto a China, la creciente preocupación sobre sus inversiones en activos estratégicos (especialmente por parte de Alemania, pero no únicamente) ha llevado a un tímido intento de crear un sistema de control de inversiones a escala europea. Y la Comisión ha anunciado que propondrá acciones para contrarrestar los efectos distorsionadores de los subsidios estatales por parte de terceros países, así como reglas para delimitar el acceso de empresas extranjeras al mercado de licitaciones públicas de la UE.

A su vez, se ha venido produciendo un intenso debate sobre la creación de “campeones europeos” que puedan competir con las principales empresas chinas y estadounidenses.

En definitiva, durante la segunda mitad de la última década se ha producido un cierto "despertar estratégico" de la UE, con la Comisión von der Leyen añadiendo el adjetivo “geopolítico” a su agenda y con algunos líderes europeos llenando sus discursos de menciones a la necesidad de que Europa persiga su “soberanía estratégica”.

Muchos líderes europeos reconocen abiertamente que la UE ya no puede confiar en EEUU para imponer orden en el mundo

Dada la naturaleza global de la pandemia, podemos formular las siguientes preguntas sobre cómo esta puede afectar a las perspectivas geopolíticas de Europa:

¿Aumentará la brecha transatlántica?

Aunque no hay dos regiones más interconectadas en el mundo, es indudable que la relación entre la UE y los EEUU se ha deteriorado en los últimos años de forma considerable (Riddervold y Newsome, 2018).

Si bien es cierto que la elección de Trump explica gran parte de este deterioro, muchos líderes europeos reconocen abiertamente que la UE ya no puede confiar en EEUU para imponer orden en el mundo. El Covid-19 parece que no ha hecho más que reforzar esta impresión, dada la negativa de Washington a liderar la coordinación global de la lucha contra la pandemia.

President Trump
La elección de Trump explica gran parte del deterioro de la relación entre la UE y los EEUU (Foto: Dale Greer)

¿Se incrementarán las divisiones europeas en la relación con China?

Una de las consecuencias de la crisis del euro fueron las significativas inversiones de empresas chinas en varios países de la Unión, algunos de los cuales se han mostrado más receptivos a los intereses de Pekín.

Es cierto que la gestión temprana de la pandemia por parte del país asiático y su posterior campaña de propaganda para ganar en influencia en Europa parece estar siendo contraproducente. Pero no debería subestimarse la capacidad de Pekín de utilizar su poder económico y financiero para obtener influencia en momentos de debilidad de la Unión.

¿Habrá un mayor o un menor entendimiento con Rusia?

El Covid-19 ha llegado justo en medio de la controversia generada por el presidente francés Emmanuel Macron, quien había comenzado a resetear la relación con Moscú con el fin de salir del impasse creado por la situación en Ucrania. Las recientes campañas de desinformación rusas sobre la pandemia ciertamente no ayudarán a la mejora de las relaciones.

Pero más allá del corto plazo, ¿qué impacto tendrá la gestión doméstica del brote por parte del Moscú sobre sus actitudes hacia Europa?

¿Habrá una aceleración del proteccionismo estratégico de la UE?

El brote parece haber acentuado los miedos europeos sobre las compras de activos estratégicos por parte de China. ¿Abrirá la pandemia una ventana de oportunidad para los defensores de la creación de campeones nacionales en detrimento de la política de la competencia?

A los recelos sobre las inversiones de terceros países también se han añadido las incipientes preocupaciones sobre la dependencia excesiva en el suministro de productos de importancia estratégica (p.ej. medicamentos). ¿Cuál será la capacidad de la UE para atraer la producción de ciertos bienes a Europa y su vecindario?

¿Qué pasará con los tratados de libre comercio?

En parte como consecuencia de los cambios políticos descritos en la primera sección, la ratificación de tratados comerciales se estaba convirtiendo en una tarea cada vez más ardua (como mostró el debate sobre la ratificación del Acuerdo Económico y Comercial Global entre Canadá y la UE). ¿Afectará el Covid-19 de forma significativa a las actitudes sobre el libre comercio de los ciudadanos y, por ende, a la habilidad de sus gobiernos para ratificar tratados?

Bibliografía

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