Por qué los directivos y los inversores pueden estar subestimando los riesgos políticos y geopolíticos

Por Ángel Pascual-Ramsay

Los riesgos políticos y geopolíticos han dejado de ser un riesgo remoto para los negocios. Numerosos factores se han concitado para poner fin a la era de relativa estabilidad global que caracterizó el mundo occidental tras la Segunda Guerra Mundial, y se abre un período nuevo, caracterizado por las fluctuaciones políticas, geopolíticas y económicas.

Entre estos factores, uno de los más importantes es la fragmentación del orden internacional en todo el planeta, provocada por el repliegue de los Estados Unidos, que se inició durante la presidencia de Obama y se ha intensificado con la presidencia de Trump, junto con el ascenso de las nuevas potencias globales, notablemente de China, pero también, de una forma distinta, de Rusia y Turquía, entre otros estados. 

Ello ha coincidido en un momento en que el proceso de globalización económica se enfrenta a algunas de las consecuencias menos positivas de su lógica interna, en particular el efecto deflacionario sobre los salarios de amplios segmentos de la población activa de los países desarrollados, acentuado por el impacto de la tecnología sobre el empleo.

El 84 % de los directivos creen que la inestabilidad geopolítica tendrá un impacto importante o muy importante en los negocios a escala global

Lo que hace que esta época resulte especialmente problemática es que es la primera vez en la historia reciente que una perturbación económica global coincide con un reordenamiento político global. El colapso de la URSS a principios de los años noventa resultó menos desestabilizador porque el contexto económico internacional era estable, y las convulsiones económicas anteriores, como la crisis de 1973, se habían producido en un contexto de relativa estabilidad geopolítica.

Oil crisis 1973
Una gasolinera en Estados Unidos durante la crisis del petróleo en 1973 (Foto: David Falconer/Wikimedia Commons)

Existen algunos datos que indican que los ejecutivos de empresas se están dando cuenta de la importancia y del impacto potencialmente negativo que pueden tener estas perturbaciones. Según un estudio realizado por el McKinsey Global Institute en 2017, el 84 % de los directivos (el mayor porcentaje registrado en la historia de este estudio) creen que la inestabilidad geopolítica tendrá un impacto importante o muy importante en los negocios a escala global, frente al 61 % que lo indicaban en el estudio del año anterior. 

Sin embargo, menos de un tercio de los encuestados reconocía haber integrado bien o muy bien dentro de la estrategia global de la empresa la comprensión de estos factores y, lo que es más revelador si cabe, solo el 13 % admitían que sus empresas hubieran realizado algunas acciones para abordar los riesgos derivados de la inestabilidad geopolítica o de la política interna.

Riesgos políticos y geopolíticos para las empresas

Los riesgos políticos y geopolíticos pueden traducirse en numerosos riesgos importantes para los negocios. El primero es, claramente, la posibilidad de que estalle un conflicto militar a raíz del crecimiento de la inestabilidad geopolítica. Son buenos ejemplos de ello las recientes guerras en Siria, Ucrania y el Yemen.

Un análisis realizado por Cytora Ltd., empresa especializada en estudios de riesgos geopolíticos, ha identificado más de cien posibles escenarios de que dos estados nacionales provoquen conflictos militares en la próxima década. La mera percepción de una amenaza de riesgo geopolítico tiene consecuencias económicas y financieras negativas. 

La amenaza de episodios de riesgo geopolítico provoca un declive de la actividad económica real

Una investigación llevada a cabo por los economistas Dario Caldara y Matteo Iacoviello, del Comité de Gobernadores de la Reserva Federal en Nueva York, ha mostrado que la amenaza de episodios de riesgo geopolítico provoca un declive de la actividad económica real y una reducción de los beneficios en los mercados bursátiles, así como movimientos de los flujos de capital desde las economías emergentes hacia las economías más avanzadas. 

Además, el auge de la geoeconomía y la militarización del comercio, las finanzas y otros instrumentos económicos y del mercado son otros riesgos que está creando esta nueva era geopolítica. 

Cada vez resulta más probable que las empresas se vean envueltas en el fuego cruzado de estas acciones, y pueden sufrir serios daños colaterales.

Dos áreas en que esto ya se está materializando claramente son la ciberseguridad y el proteccionismo comercial. Algunos ejemplos recientes son el uso creciente, por parte de los Estados Unidos y de China, de diversos instrumentos económicos para presionar políticamente a sus adversarios (como en el caso de Huawei), y las sanciones contra Rusia por el conflicto con Ucrania y las represalias de Rusia. 

Huawei ads in China
El gigante de la industria tecnológica Huawei ha recibido fuertes críticas vinculadas a varios aspectos de sus operaciones (Foto: iStock)

En definitiva, la geopolítica puede tener importantes consecuencias directas e indirectas sobre las empresas.

Los investigadores han identificado numerosos mecanismos perfectamente conocidos a través de los cuales el riesgo político puede impactar en las empresas, como son las expropiaciones, los controles de capital, las devaluaciones monetarias, los controles de precios, la tributación o la política fiscal, los impagos o las modificaciones normativas en sectores fuertemente regulados (energía, infraestructuras, etc.). 

Además, los conflictos pueden dañar las plantas de producción y las infraestructuras públicas/privadas, cerrar rutas comerciales y perturbar las cadenas de suministro (cada vez más globales), así como los suministros de energía y de otras materias primas. 

Los riesgos políticos y geopolíticos pueden generar incertidumbre e incrementar los costes de las empresas 

Los riesgos políticos y geopolíticos también pueden generar incertidumbre e incrementar los costes de las empresas que operan no solo en las regiones en conflicto, sino también en sus propios países.

Sin embargo, no es fácil evaluar el impacto de los riesgos políticos y geopolíticos. La mayoría de las empresas, pese a que van predicando sobre la relevancia de estas cuestiones, realmente hacen muy poco para incorporar, en sus valoraciones y decisiones de inversión y de gestión, los efectos de las perturbaciones geopolíticas y sus consiguientes riesgos políticos.

La disonancia geopolítica de los mercados

La primera razón que podría explicar por qué las acciones y las decisiones de los ejecutivos y de los inversores no acaban de reflejar los cambios geopolíticos actuales es la creencia de que estos fenómenos acaso no son tan relevantes o que, en caso de serlo, pueden ser una fuente de oportunidades más que de riesgos. 

A fin de cuentas, en los últimos treinta años la mayoría de los eventos geopolíticos –el colapso de la URSS, la democratización de América Latina, la apertura de China, etc.– han resultado positivos para el libre mercado. Muchos inversores todavía creen que ahora también será así.

Históricamente, también es cierto que los eventos geopolíticos han tenido escasa incidencia sobre las rentas a corto plazo, y todavía menos a largo plazo. Por ejemplo, muchos expertos predijeron amplios efectos negativos cuando la opinión pública británica votó a favor del Brexit o cuando salió elegido el presidente Trump, pero estos efectos no se han materializado. Por el contrario, a corto plazo los mercados han reaccionado de forma positiva.

Investors entering the NYSE
Un grupo de inversores en el New York Stock Exchange (Foto: iStock)

Una segunda razón podría ser que los ejecutivos y los inversores a menudo consideran que intentar evaluar el impacto de los eventos geopolíticos en los mercados es un ejercicio vano. Las disrupciones geopolíticas parecen arbitrarias e impredecibles para la mayoría de los analistas financieros, los cuales consideran, en consecuencia, que incorporar estas disrupciones en sus modelos cuantitativos es una tarea imposible.

Cabe, sin embargo, un escenario alternativo: que los directivos y los inversores estén minusvalorando las eventuales consecuencias negativas de estos eventos. Después de todo, es razonable suponer la falibilidad de los inversores a la hora de evaluar el impacto de estas cuestiones.

Los consensos en los precios de mercado reflejan la opinión generalizada de los participantes en el mercado. Pero la mayoría de ellos son expertos en finanzas y tienen escasos conocimientos o poca experiencia en cuestiones políticas y geopolíticas, lo cual limita la precisión de sus análisis y de sus conclusiones sobre esta materia. Así pues, es razonable suponer que los precios de los activos, en la medida que son el reflejo de este análisis falible, acaso no captan el potencial impacto negativo de los eventos geopolíticos. 

Los directivos y los inversores podrían estar minusvalorando las eventuales consecuencias negativas de los eventos geopolíticos

Los inversores pueden experimentar una cierta disonancia cognitiva –incomodidad y resistencia a emprender acciones que vayan en contra de sus propias creencias o preferencias valorativas– a la hora de incorporar sus valoraciones de los riesgos geopolíticos en las decisiones de inversión o de gestión.

Las decisiones de los inversores acaso reflejan una actitud un tanto optimista con respecto al riesgo geopolítico –lo cual, a su vez, les lleva a preferir ver la geopolítica como un factor no de riesgo para los negocios y los mercados.

Se crea así una profecía autorrealizable según la cual las perturbaciones geopolíticas se valoran positivamente, o bien se minimizan sus potenciales impactos negativos. Esta dinámica distorsiona los mercados y condiciona los precios. Pero, al mismo tiempo, la distancia entre la valoración y los principios básicos, entre los deseos y la realidad resulta insostenible. Y, como señaló agudamente Martin Feldstein en cierta ocasión, si algo es insostenible, no se puede sostener.

La disonancia cognitiva podría impedir a los ejecutivos y a los inversores ver los riesgos que puede implicar un cambio de paradigma geopolítico

En definitiva, puede que un cierto grado de disonancia cognitiva esté impidiendo a los ejecutivos y a los inversores ver los riesgos que puede implicar un cambio de paradigma geopolítico. Si bien es cierto que los eventos geopolíticos aislados pueden tener una incidencia limitada, ahora estamos asistiendo a un cambio de paradigma mucho más profundo que puede generar nuevos riesgos que por el momento están siendo subestimados.

Si ello es así, sería esencial realizar un esfuerzo para entender las posibles consecuencias de las perturbaciones geopolíticas en los mercados, y la dificultad de llevar a cabo esta tarea no debería ser óbice para ni siquiera intentarlo.

La consciencia del riesgo y su gestión

Un paradigma político y geopolítico cambiante ciertamente brinda oportunidades para los ejecutivos, pero también genera riesgos de gran calibre que difícilmente pueden ignorarse. 

Es importante entender que estos riesgos no son meros fenómenos “macro” etéreos, con escasa incidencia en la actividad comercial y en sus resultados, sino más bien amenazas que pueden afectar directamente la cuenta de resultados y las valoraciones de las empresas, como ha sucedido con la devaluación de la libra esterlina tras el voto a favor del Brexit

Con todo, todavía persiste una autocomplacencia generalizada entre los ejecutivos con respecto al potencial impacto negativo de estos riesgos.

El presidente Franklin D. Roosevelt dijo en cierta ocasión la famosa frase: “De lo único que hemos de tener miedo es del propio miedo.” Acaso hoy sería más apropiado decir que si de algo hemos de tener miedo es de la evidente ausencia del miedo. 

Y, si bien es cierto que en la actualidad no nos enfrentamos al mismo tipo de riesgos existenciales que durante la Guerra Fría, también es cierto que aquel temor centraba la mente y, en cierto modo, constituía el mejor seguro. Hoy, en cambio, existe un notable riesgo de subestimar las amenazas.

Este cambio de paradigma dificulta especialmente hacer predicciones sobre los efectos políticos y geopolíticos. Pero esta dificultad no debe impedir a las empresas incorporar los análisis políticos a la hora de tomar decisiones de inversión.

De hecho, tomar consciencia de la importancia de los riesgos políticos y geopolíticos en buena lógica no debería motivar la dudosa aspiración de realizar predicciones precisas y consistentes, sino más bien infundir una cultura de la conciencia política en las empresas, a fin de que pudieran crear las capacidades necesarias para gestionar con resiliencia las perturbaciones políticas y geopolíticas.

Este artículo se basa en las ideas presentadas en un informe de posición publicado por EsadeGeo.

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