Resignificar el ESG en un contexto de ruptura global

Ante un mundo más hostil y convulso, emerge el reto de redefinir el sentido del ESG más allá del cumplimiento normativo. Para ello, universidades y empresas comparten la responsabilidad de preparar un talento competente, consciente de su impacto sistémico

Equipo Do Better

En un mundo marcado por la fragmentación geopolítica, la aceleración tecnológica y el cuestionamiento de los consensos básicos, hablar de ESG supone todo un reto. Más allá de proteger la reputación corporativa o cumplir con marcos regulatorios, se trata de definir cómo las empresas pueden crear valor sostenible y generar un impacto positivo en el mundo. Todo ello en un momento global en que la ley del más fuerte parece estar suprimiendo los principios más básicos de solidaridad.

La mesa Estrategia y gestión de los factores ESG en tiempos de transformación, celebrada en el marco del Spain Investors Day con Esade como partner académico, abordó el reto aunando la perspectiva de empresas, fundaciones e instituciones académicas. Daniel Traça, director general de Esade, destacó el papel central que juegan las universidades a la hora de formar un talento consciente de su impacto en el mundo, pero también de ejercer como hubs capaces de reunir una coalición de diferentes actores para buscar soluciones comunes.

Un mundo más hostil

La conversación arrancó con un diagnóstico contundente por parte del presidente de la Fundación SERES, Fernando Ruiz: vivimos una situación excepcional caracterizada por un entorno volátil e incierto, el debilitamiento de la gobernanza global y la transición hacia una lógica de poder más cruda. “Estamos pasando de un sistema de gobernanza imperfecto a la ley del más fuerte”, indicó.

A ello se suman una transformación tecnológica acelerada, encabezada por la inteligencia artificial, y un crecimiento económico en forma de “K”, donde una parte de la sociedad captura el valor generado por la tecnología mientras otra se empobrece activamente. “Todo esto implica un reto y una oportunidad para las empresas. Para ello, el enfoque ESG crea valor a largo plazo”, añadió, abogando por un modelo en que la búsqueda de la competitividad empresarial no suponga una pérdida para la mayoría social.

Javier Targhetta, presidente de Atlantic Copper, recordó que los grandes avances sociales nacieron de poner en el centro al ser humano. Un enfoque que se ha diluido en los movimientos actuales de dominación y represión de la esfera internacional. Frente a ello, reivindicó el papel de la sociedad civil y de la empresa como espacios para volver a poner a las personas en el centro, no solo a los stakeholders tradicionales, sino también a los colectivos olvidados. “Esos ejercicios ennoblecen a la sociedad y dan un paso más al desarrollo de la civilización”, afirmó.

“Nos hemos enfocado mucho en la libertad y no tanto en la armonía, pero la sociedad debe funcionar como un todo”, reflexionó Traça. “Tenemos que preparar a gente con capacidad para entender que el sistema depende de lo que ellos hacen. Puede que en un contexto histórico estable esto no fuera necesario, pero ahora es urgente”.

¿Cómo formamos el talento del futuro?

La reflexión sobre el talento ocupó un lugar central en la conversación. Traça destacó que España dispone de una gran capacidad de generar talento, condicionada por el reto demográfico, pero con una oportunidad clara si se conecta con la atracción de estudiantes e inversión internacionales.

Sin embargo, advirtió de que los modelos formativos tradicionales ya no son suficientes. Las fronteras entre disciplinas —tecnología, humanidades, derecho o management— han desaparecido, y preparar a las personas para la era de la IA exige una formación transversal, con una comprensión profunda de cómo funcionan las sociedades y de cómo cada decisión individual impacta en el conjunto.

Como ejemplo, mencionó el Bachelor in Business and Artificial Intelligence (BBAI), un nuevo grado que Esade impartirá a partir del próximo curso un nuevo grado y que integra la dimensión de negocio desde un enfoque práctico. “El objetivo es que los estudiantes puedan entender, diseñar y liderar la IA con una mentalidad técnica aplicada al impacto empresarial, desde una perspectiva estratégica y éticamente responsable", explicó.

La era de la IA requiere una educación interdisciplinar, basada en una comprensión profunda de cómo funcionan las sociedades

“Preparar talento hoy implica formar profesionales conscientes de que la competitividad y el impacto social son inseparables”, recordó Traça. “Una decisión que parece menor puede tener un impacto brutal en todo el sistema”.

El reto tecnológico

El impacto de la tecnología y, en particular, de la IA, fue otro de los ejes del diálogo. Elena Herrero, presidenta de HP para el sur de Europa, subrayó que la disrupción tecnológica se produce en un contexto de escasez —de talento, de materias primas y de certidumbres— que está redefiniendo alianzas y tensiones entre países.

“La IA será uno de los mayores motores de productividad y generación de valor, pero el verdadero reto no reside en la tecnología en sí, sino en la capacidad de las personas y de las organizaciones para adaptarse, desarrollar juicio crítico y evitar que la innovación amplifique las brechas sociales existentes”, comentó.

En este sentido, Herrero defendió una responsabilidad empresarial que va más allá del perímetro de la compañía. Democratizar el acceso al conocimiento, invertir en formación continua y redefinir roles para que las personas puedan aportar mayor valor añadido son, a su juicio, condiciones necesarias para que la tecnología actúe como aliada de la inteligencia humana y no como un factor de exclusión.

El momento de las nuevas generaciones

Pese al retroceso global, Targhetta señaló que el cambio en la actitud de inversores y empresas hacia los factores ESG ha sido más coyuntural que estructural. “Aunque no lo muestren, muchos de ellos no han cambiado interiormente”, sostuvo. Y se mostró convencido de que la lógica de compartir el privilegio y devolver valor a la sociedad volverá a imponerse.

La tecnología, el talento y el propósito son elementos clave para asegurar un futuro de diálogo, cooperación y competitividad

Herrero se sumó a esta nota de optimismo al destacar que las nuevas generaciones muestran una sensibilidad mucho mayor hacia el impacto colectivo de las decisiones corporativas. Una tendencia que, bien canalizada, puede renovar el contrato social entre empresa y sociedad. “Las nuevas generaciones piensan mucho más en el colectivo que las anteriores. Eso da esperanza”, comentó.

Por su parte, si bien Traça se mostró de acuerdo en que existe esa preocupación por parte de los jóvenes, también advirtió que la inacción puede generar una enorme frustración en ellos. “No podemos esperar 20 años hasta que esa generación llegue a mandar. Nuestra generación también debe acercarse a ellos, y no quedar simplemente como la que ha destruido todo. Y las universidades son un lugar muy interesante para que esta conversación intergeneracional se dé”, añadió.

La mesa concluyó con una llamada a resignificar el ESG para afrontar los tiempos que corren: una “E” medioambiental basada en compromisos realistas y auténticos, una “S” centrada en el impacto social tangible y una “G” de buen gobierno que vaya más allá del cumplimiento formal. En palabras de los ponentes, el futuro del diálogo, la cooperación y la competitividad sostenible dependerá de la voluntad de las personas y sus organizaciones para integrar tecnología, talento y propósito en un mismo proyecto de sociedad.


Spain Investors Day es un foro económico y financiero de referencia que se celebra anualmente en España y que reúne a altos directivos de las principales empresas españolas con inversores institucionales nacionales e internacionales. Su objetivo es facilitar el diálogo directo entre compañías, inversores y decisores públicos. La presencia de instituciones académicas como Esade refuerza el enfoque de reflexión a largo plazo y el análisis riguroso de los grandes desafíos económicos y sociales.

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