Las 'smart cities': un modelo valioso para el futuro

La idea de una smart city es muy convincente y atractiva. Pese a los ejemplos de innovaciones que surgen por todo el mundo, todavía no existe un marco común de referencia, ni siquiera definiciones comunes, que engloben todas las ideas que se incluyen dentro de este concepto.

 

Cada vez son más los proyectos de desarrollo urbano que hallan nuevas formas de integrar las tecnologías de la información y la comunicación en nuevas infraestructuras y servicios. Una investigación de Krista Timeus, Jordi Vinaixa y Francesc Pardo-Bosch de Esade propone el "city model canvas" (CMC) para identificar los elementos que deben tener en cuenta los ayuntamientos a la hora de diseñar, prestar y evaluar servicios inteligentes.

El reto del movimiento de las ciudades inteligentes consiste, en parte, en demostrar que aporta valor a las personas que viven realmente en dichas ciudades.

Las urbes son organismos complejos con numerosos stakeholders. Cualquier cambio en su forma de operar tiene que encontrar un cierto equilibrio entre las necesidades de las empresas y de las organizaciones del sector público, con la dotación de infraestructuras necesarias, como servicios de transporte, y reflejar también las necesidades de una población muy diversa de habitantes. Todas estas partes interesadas tenderán a medir las mejoras de sus respectivos entornos de forma distinta, pero el CMC, basado en el "lienzo de modelo de negocio", consiste en proporcionar valor público a través de servicios inteligentes.

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El reto del movimiento de las ciudades inteligentes consiste en demostrar que aporta valor a las personas que viven en dichas ciudades (Foto: Olivier Djiann/Getty Images)

Se trata de un reto importante, porque la integración de la tecnología inteligente y la colaboración en nuestro entorno vital puede tener algunos costes, pero también reportar beneficios, y algunos de los ejemplos que nos ofrecen los últimos avances aplicados en las superciudades del sureste asiático plantean dudas en relación con la vigilancia y la vulneración de la intimidad.

Los beneficios de las innovaciones, como las apps de transporte integrado –que nos permiten optar por la forma más barata de cruzar la ciudad o encontrar una plaza de parking–, son muy fáciles de describir y apreciar, pero la reducción de las emisiones o del consumo de recursos en toda la ciudad es más difícil de vender y la confianza en el gobierno local variará en función de ello.

Smart cities y CMC: cómo aportar valor

El modelo del CMC puede ayudar a los ayuntamientos a definir y expresar cómo quieren crear y aportar valor a través de servicios inteligentes, de una forma sostenible desde el punto de vista económico, medioambiental y social, y valorar qué es lo que ya se está realizando y en qué se puede mejorar.

Se compone de 14 elementos distintos, organizados en torno a la misión y a los objetivos, los mecanismos de la prestación, la creación de valor y la forma en que se mide en sus dimensiones económica, medioambiental y social.

Sustainable city
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Esta perspectiva de la "triple línea de resultados" garantiza que se puedan valorar y analizar todas las compensaciones entre beneficios –por ejemplo, un proyecto puede tener un coste social elevado pero ser muy beneficioso desde el punto de vista medioambiental– antes de optar por una decisión.

Observando el ejemplo de Bristol en el Reino Unido –una smart city de referencia que participa en el proyecto REPLICATE del programa Horizon 2020 de la UE–, podemos ver los beneficios de aplicar el CMC.

El ayuntamiento de la ciudad aplicó este modelo realizando una serie de talleres y entrevistas estructuradas con grupos de stakeholders, con el fin de crear el CMC en colaboración con el Equipo de Innovación Ciudadana, en 2017. Juntos trabajaron en el "lienzo" partiendo de la misión, a través de la triple línea de resultados, recabando y debatiendo ideas y opiniones sobre cualquier elemento. El proceso permitió alcanzar consensos entre ellos a través de un debate moderado, y desarrollar una proposición de valor que reflejara las necesidades de todos los participantes.

El CMC en acción

El despliegue del CMC resultó muy útil no solo para avanzar en los planes de un proyecto piloto orientado a probar la plataforma TIC en tiempo real, sino también para identificar a los stakeholders y a los beneficiarios, en primer lugar. Cartografiar los recursos y los requisitos de forma transparente permitió aprovechar los beneficios directos e indirectos derivados de cada cambio, considerando quién iba a recibirlos. Por ejemplo, los usuarios del transporte público serán los primeros beneficiarios de horarios inteligentes de autobuses; pero todos los usuarios de la vía pública apreciarán eficiencias en sus tiempos de viaje gracias a una menor congestión, y la reducción de la contaminación por partículas resultará beneficiosa para todos, incluso para los que se queden en casa.

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Los usuarios del transporte público serán los primeros beneficiarios de horarios inteligentes de autobuses (Foto: Lev Karavanov/Getty Images)

La prueba del CMC también evidenció las dificultades de predecir, e incluso medir, algunas de sus consecuencias intrínsecas, como los riesgos sociales. Garantizar la privacidad y la protección de datos de los ciudadanos y procurar que el sistema no refleje ni potencie determinados sesgos implícitos fueron algunos de los aspectos que afloraron en el caso de Bristol.

Pero los beneficios de la planificación holística fueron evidentes. El mero hecho de lograr tener una visión general de la complejidad de los cambios en una ciudad, y reflejarla en una sola página que pudiera compartirse y debatirse, incrementó el valor y los niveles de compromiso.

Las smart cities y el futuro

Este modelo en su estado actual puede informar futuras iteraciones y prepararse para ser utilizado en la evaluación del impacto del cambio tras su implementación. La evolución de las smart cities es un objetivo que se va modificando, movido por toda una serie de factores. Surgen constantemente nuevas tecnologías y sus costes se van reduciendo, lo cual va cambiando nuestros comportamientos y nuestros procesos de toma de decisiones como ciudadanos y como consumidores.

Los aspectos medioambientales y los efectos del cambio climático ejercen presiones distintas sobre las personas y sobre las instituciones. Y, finalmente, los cambios globales que está provocando la crisis sanitaria de la covid-19 van a tener, sin duda, un impacto definitivo sobre nuestra forma de vivir, de trabajar y de desplazarnos por nuestras ciudades.

Instrumentos como el CMC pueden ayudar a sintetizar los aprendizajes obtenidos de estas distintas influencias y garantizar que en cada etapa, desde la planificación hasta la evaluación, se presta atención a todas las partes interesadas. Cuando las mentes más brillantes del planeta se reúnan para ayudarnos a "reconstruir mejor", necesitaremos modelos como este para gestionar la complejidad de nuestros entornos urbanos y para tomar juntos las decisiones más adecuadas.

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