Qué nos dice el 5G del paradigma de la innovación responsable

Por Liliana Arroyo

Estamos a pocas semanas de una nueva edición del Mobile World Congress en Barcelona. Por cuarto año consecutivo, el 5G y las expectativas sobre esta nueva conectividad recorrerán los estands y protagonizarán los debates del congreso.

Lo más destacado de la feria de 2019 fue la exhibición de una aplicación real del “cirujano remoto”, mediante el cual un especialista realizó una laparoscopia desde la Fira de Barcelona a un paciente del Hospital Clínic.

Para que el 5G pueda ser una realidad se requiere una hiperconectividad veloz, sin latencia y capaz de transportar cantidades ingentes de datos. Cuando se implante, podrán activarse las infraestructuras conectadas.

Cisco calculó que en 2020 habrá más de 50.000 millones de dispositivos conectados, eso es, una media de 6 dispositivos por habitante de la Tierra. Entonces podrá desplegarse todo el potencial comercial y doméstico de la internet de las cosas (IoT), porque existirán unas autopistas de la información capaces de transferir millones de datos por segundo. 

Se calcula que el 5G reportará unos beneficios de 247.000 millones en 2025

En Europa, el 5G se plantea como una condición necesaria para lograr el mercado único digital. Dicha estrategia pretende eliminar las barreras entre los países de la Unión Europea (UE) para posicionar mejor la UE en el escenario de la economía digital internacional.

Un buen ejemplo de ello fue la eliminación de las tarifas telefónicas en itinerancia (roaming) en 2017. Además, en 2018, las operadoras mantuvieron los precios congelados o incluso los bajaron, puesto que el modelo de negocio se desplaza de los precios del consumo a la propiedad y al control de la infraestructura por donde viaja la información.

Huawei 5G
Huawei es uno de los fabricantes con más contratos de infraestructura 5G en todo el mundo (Foto: Sakdam/iStock)

Se calcula que el 5G reportará unos beneficios de 247.000 millones en 2025 para las operadoras de todo el mundo, especialmente en América del Norte, la región de Asia-Pacífico y Europa como mercados principales.

El plan de acción de la UE prevé aplicar el 5G en los sectores energético, de la salud digital (ehealth), industrial y automovilístico. En el ámbito doméstico, se espera que revolucione la comunicación y el entretenimiento, a partir de la realidad virtual y la realidad aumentada.

Según el Observatorio del 5G –una alianza entre la Comisión Europea y la empresa francesa IDATE DigiWorld–, se han presentado más de 220 proyectos piloto desde 2016, destinados principalmente a la industria 4.0, el transporte y la movilidad. Las operadoras que más pilotos han lanzado son Orange, Telefónica y Vodafone, con una participación próxima al 10 % de los proyectos cada una.

El paradigma de la innovación responsable apela no solo a minimizar los riesgos, sino a aportar valor social con garantías éticas

Según el último informe del Observatorio, los fabricantes que han cerrado más contratos de infraestructura 5G en todo el mundo son principalmente Ericsson, Huawei y Nokia.

El desarrollo del 5G es otro ejemplo del paradigma de la innovación actual: actores y empresas fuertes del sector tecnológico desarrollando sistemas y soluciones. Son medios, herramientas e instrumentos que nacen y se desarrollan sin responder necesariamente a unos fines concretos.

La promesa no ha de ser cómo transportar más datos más rápidamente, sino responder a las preguntas de por qué y para quién.

Las alianzas con la Administración y con participación de la sociedad civil todavía son incipientes, por lo que no hay ningún espacio donde se puedan defender y anteponer los intereses comunes y colectivos en el seno del desarrollo tecnológico.

Hoy, el paradigma de la innovación responsable apela no solo a minimizar los riesgos, sino a aportar valor social con garantías éticas.

Vienen, sin duda, tiempos trepidantes para la innovación social, en que el 5G va a convertirnos, en realidad, en agentes imprescindibles desde los primeros estadios de la ideación. Especialmente hoy, en que la disrupción digital ha puesto en jaque el contrato social, es más necesaria que nunca una voz que, desde la sensibilidad social, conecte las visiones ingenieras con los retos planetarios y comunitarios más acuciantes.

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