Cómo pueden las temperaturas en aumento transformar la competitividad turística y la estacionalidad

El cambio climático ha traído consigo fenómenos que antes no se tenían en cuenta, pero ¿cómo afecta el aumento de las temperaturas a los flujos turísticos, una actividad de la que dependen muchas ciudades?

Pedro Aznar Alarcón

En un artículo reciente publicado en Tourism and Management Studies, analizo cómo afecta el aumento de las temperaturas al sector hotelero de cinco ciudades del sur de Europa: Sevilla, Córdoba, Atenas, Nápoles y Lisboa. El análisis abarca 600 observaciones mensuales. Los resultados muestran que las temperaturas máximas más elevadas, especialmente durante los meses de mayor demanda, están asociadas a una menor ocupación hotelera. Por tanto, el aumento de las temperaturas podría transformar tanto los flujos turísticos como los patrones estacionales.

Los efectos del cambio climático sobre el turismo son especialmente relevantes para los países mediterráneos. España y Francia figuran entre los principales destinos mundiales de turistas internacionales. España, con una población de casi 50 millones de habitantes, recibe cerca de 100 millones de turistas internacionales al año. Además, se prevé que el Mediterráneo experimente algunos de los mayores aumentos de temperatura de Europa. Al finalizar el verano de 2026, España había registrado 61 días de ola de calor, frente al máximo anterior de 41 días, alcanzado en 2022.

Comprender cómo el aumento de las temperaturas puede transformar la dinámica de los flujos turísticos e influir en los patrones de estacionalidad es relevante para numerosos actores: inversores, gestores del sector turístico y administraciones responsables de los destinos.

La influencia del aumento de las temperaturas máximas en las tasas de ocupación

Según nuestro análisis empírico, un aumento de 1 °C en la temperatura máxima está asociado a una caída aproximada del 2 % en la ocupación hotelera. Este efecto se observa durante el periodo de mayor demanda, agosto y septiembre, mientras que las temperaturas más altas en otros meses no influyen negativamente en las tasas de ocupación. Los resultados son similares cuando se excluye 2020, un año marcado por la COVID-19, y se mantienen con distintas especificaciones del modelo.

El descenso puede parecer pequeño, pero los aumentos reiterados de temperatura podrían tener un efecto acumulativo. Dado que los hoteles soportan elevados costes fijos, una menor ocupación puede reducir la rentabilidad. Durante la década estudiada, las temperaturas máximas aumentaron especialmente en Atenas y Sevilla, donde la tendencia apunta a un incremento superior a 2 °C. Esta evolución sostenida puede poner en riesgo los niveles actuales de rentabilidad y la competitividad de algunos destinos del sur de Europa.

El malestar térmico puede ayudar a explicar este efecto. Quienes visitan destinos urbanos suelen pasear al aire libre y recorrer lugares históricos. Cuando las temperaturas se acercan a los 30 °C, el calor puede hacer que estas actividades resulten menos agradables. Nuestro análisis no estudia las decisiones individuales, pero los resultados son compatibles con la posibilidad de que los turistas opten por destinos más frescos o viajen en otra época del año. Estimamos que la ocupación alcanza su nivel máximo en torno a los 25,5 °C, en consonancia con investigaciones anteriores.

Temperaturas máximas, efectos asimétricos y cambios en la estacionalidad

Los efectos del aumento de las temperaturas son asimétricos. Unas condiciones más cálidas en meses tradicionalmente de baja demanda, como febrero o marzo, pueden hacer que una ciudad resulte más atractiva para los visitantes. En cambio, durante los meses de verano, ya calurosos, las temperaturas pueden superar el umbral de confort y reducir la demanda.

El efecto asimétrico del aumento de las temperaturas máximas según el mes puede influir en los patrones de estacionalidad que hemos observado tradicionalmente. A partir del índice de Theil, un indicador de uso habitual para medir la estacionalidad, constatamos que el aumento de las temperaturas máximas en los meses de baja demanda está asociado a una ocupación superior a la media anual. El efecto es pequeño, pero estadísticamente significativo, y podría adquirir mayor relevancia si las temperaturas siguen aumentando. En los destinos urbanos del sur de Europa, el incremento de las temperaturas puede contribuir a suavizar los patrones de estacionalidad.

Repercusiones para el sector y los responsables políticos

El término «coolcation» se utiliza cada vez más para describir la tendencia de los turistas a alejarse de los destinos calurosos de sol y playa en busca de lugares más frescos. Nuestros resultados sugieren que este cambio también podría afectar a los destinos urbanos del sur de Europa.

La influencia del aumento de las temperaturas en los flujos turísticos y el rendimiento hotelero tiene importantes implicaciones para el sector. Incorporar estos efectos a las futuras estrategias de inversión y a las decisiones de gestión ayudará a las empresas a adaptar sus plantillas, operaciones y políticas de precios.

Las administraciones responsables de gestionar los destinos turísticos también deben comprender cómo puede el cambio climático redistribuir los flujos de visitantes e influir en los patrones de estacionalidad. Las administraciones locales pueden beneficiarse de la adopción temprana de estrategias de adaptación, ya que estos cambios tienen consecuencias para el empleo, el crecimiento económico y la presión sobre los servicios públicos. Los efectos desiguales de las temperaturas más altas en distintas zonas geográficas pueden generar ganadores y perdedores: el aumento de las temperaturas puede mejorar la competitividad de algunas regiones y ejercer presión sobre otras que dependen en gran medida del turismo.

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