Cuenta atrás para la medianoche nuclear

Tensiones en el panorama nuclear internacional

Por Ana Sánchez Cobaleda

Memorial de la Paz de Hiroshima (Foto: iStock)

Según el Doomsday Clock, un símbolo creado por los expertos del Bulletin of the Atomic Scientists para representar la probabilidad de una catástrofe global provocada por el hombre, faltan 100 segundos para la medianoche. Estamos más cerca que nunca de un apocalipsis provocado por una guerra nuclear, la cual es, junto con el cambio climático, el mayor peligro que amenaza la existencia de la humanidad.

La razón que está acelerando el avance de las agujas del reloj radica en los últimos desarrollos internacionales en el campo de la seguridad nuclear.

Las bombas atómicas lanzadas sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki en 1945 forman parte de la memoria colectiva y siguen representando la mayor amenaza directa a la seguridad a que se enfrenta la humanidad.

Hiroshima bomb
Hiroshima, Japón, 1945. Consecuencias de la bomba atómica en Hiroshima (Foto: 509th Operations Group)

Las bombas nucleares, junto con las armas químicas y biológicas, se consideran armas de destrucción masiva por su enorme capacidad letal indiscriminada y su falta de discriminación entre objetivos civiles y militares.

Las armas nucleares han vuelto a situarse en primera línea de la agenda internacional. Muchas voces vienen advirtiendo del resurgimiento de actitudes propias de la Guerra Fría, debido a posibles intereses de ciertos Estados por la proliferación de este tipo de armamento y la reticencia al desarme por parte de los países que lo poseen.

El actual clima de tensión abre la puerta a un posible resurgimiento de la carrera armamentística

Antes de asumir y validar este diagnóstico, vale la pena hacerse algunas preguntas: ¿Quién está fomentando el regreso a la era nuclear? ¿Es el retorno a la contención una de las opciones que se barajan? ¿Caben otras alternativas?

Tensiones internacionales

El actual presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha estado impulsando una política nuclear basada en cambios de hoja de ruta. Si bien no se trata de cambios repentinos, en tanto que su línea de actuación consiste en la amenaza y en los anuncios públicos de sus planes e ideas, sí que son aparentemente irreflexivos, en la medida en que tienden a estar en las antípodas de las acciones que recomiendan la mayoría de expertos.

Desde su llegada al poder en 2017, el tablero de juego nuclear se ha visto sacudido en varios frentes. En otoño de 2018, Washington anunciaba su retirada del Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF), que habían firmado en 1987 los entonces presidentes soviético y estadounidense Mijaíl Gorbachov y Ronald Reagan, con el objetivo de eliminar las armas y los misiles de medio alcance.

Con la suspensión del INF, los Estados Unidos podrán desplegar en Europa ciertos tipos de misiles prohibidos hasta ahora

Aunque dicho acuerdo había sido incumplido previamente por ambos Estados, la adopción del Tratado había supuesto un hito histórico ya que, por primera vez, los dos bloques acordaban eliminar una categoría entera de armas nucleares, reducir sus arsenales y permitir inspecciones in situ como mecanismo de verificación del cumplimiento.

Por ello, la retirada relativamente reciente de los Estados Unidos del Tratado, bajo el pretexto del incumplimiento ruso, refleja el actual clima de tensión y abre la puerta a un posible resurgimiento de la carrera armamentística.

Con la suspensión del INF, los Estados Unidos podrán desplegar en Europa ciertos tipos de misiles prohibidos hasta ahora, mientras que Rusia, que por ahora también se ha retirado ya del acuerdo, podrá reaccionar como respuesta a la actuación estadounidense.

Ahora bien, además de la rivalidad histórica entre los Estados Unidos y Rusia, existen otros focos que son motivo de alarma para la comunidad internacional, desde la perspectiva de la no proliferación.

President Trump meets with chairman Kim Jong Un
Donald Trump y Kim Jong Un durante un encuentro con periodistas en la Freedom House, la zona desmilitarizada de Corea (Foto: Shealah Craighead/Casa Blanca)

En su cara a cara con Corea del Norte, la Administración Trump sorprendió con una política de acercamiento a la república norcoreana, que se concretó en la cumbre celebrada en Singapur en junio de 2018 y culminó con un segundo encuentro entre el presidente norteamericano y Kim Jong-un a principios de 2019. 

El objetivo de estos encuentros era trabajar para una completa desnuclearización de la Península de Corea, pero los expertos no descartan que pudiera haber tenido precisamente el efecto opuesto, dado el carácter impulsivo de ambos líderes y la fragilidad de sus relaciones.

La mayoría de expertos coinciden en que es un error no exento de riesgos que una potencia nuclear como los Estados Unidos haya optado por sentarse a negociar con Corea del Norte

Sin embargo, precisamente por la imprevisibilidad del presidente Trump, cabe la posibilidad de que, por primera vez en la historia, un líder norcoreano tenga sus dudas sobre si Washington podría llegar a pulsar el botón nuclear si se dieran las circunstancias.

En cualquier caso, la mayoría de expertos coinciden en que es un error no exento de riesgos que una potencia nuclear como los Estados Unidos haya optado por sentarse a negociar con un “Estado rebelde” (rogue state) –y, por tanto, legitimarlo–, puesto que Corea del Norte vulneró el Tratado sobre la No Proliferación de las Armas Nucleares (TNP) y violó el Derecho internacional al establecer un programa clandestino de armamento nuclear.

Pero Pyongyang no ha sido el único que se ha aprovechado de la asistencia tecnológica y de la cooperación internacional que ha recibido para diseñar su propio programa nuclear. También Irán ha manifestado su interés –y su capacidad– en la proliferación de este tipo de armamento.

El llamado “Irán deal” es el otro punto de fricción en esta área, específicamente desde que los Estados Unidos decidieron desvincularse del Plan de Acción Integral Conjunto (JCPOA, por sus siglas en inglés) para retomar, con la aprobación del Congreso estadounidense, la imposición de sanciones a Irán.

Pese a la insistencia del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), agencia encargada de verificar que el programa nuclear iraní se desarrolla exclusivamente para usos pacíficos, en que Irán había respetado el acuerdo que había suscrito en 2015 con el Grupo UE 3+3 (Alemania, Francia, Reino Unido, China, Estados Unidos y Rusia), el presidente Trump, siguiendo con su dinámica de deshacer los acuerdos suscritos por su antecesor, se retiró del JCPOA. Su justificación fue que los términos del pacto no eran suficientemente estrictos para garantizar que la República Islámica se abstuviera de obtener el arma nuclear.

Alternativas a futuro

Si bien el TNP obliga a los Estados que disponen del arma nuclear  a “celebrar negociaciones de buena fe sobre medidas eficaces relativas al cese de la carrera de armamentos nucleares en fecha cercana y al desarme nuclear”,  lo cierto es que no es un tratado sobre un desarme general y completo, como han demostrado los inexistentes avances realizados por las potencias nucleares para alcanzar este objetivo.

Entre las iniciativas emprendidas en los últimos años para prohibir definitivamente este tipo de armas, cabe destacar la adopción en 2017 del Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares (TPAN).

Aunque todavía no ha entrado en vigor, el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares pretende prohibir y estigmatizar las armas nucleares por completo

Aunque todavía no ha entrado en vigor, el TPAN pretende prohibir y estigmatizar las armas nucleares por completo, tal como lo hicieron tratados anteriores con las minas antipersona o las bombas en racimo.

Los firmantes se comprometen a rechazar las estrategias nucleares y a animar a otros países a seguir su ejemplo. Pese a ello, es previsible que el TPAN se encalle por el rechazo no solo de las potencias nucleares, sino también de sus aliados, principalmente los Estados miembros de la OTAN, que se sienten protegidos por la “seguridad” que les proporciona el paraguas nuclear.

Asimismo, en relación con Irán y su programa nuclear civil, habrá que tener en cuenta la evolución del JCPOA y, en particular, la actitud de la UE al respecto. 

Mientras los Estados Unidos amenazan con imponer sanciones no solo a Irán, sino también a cualquier Estado que negocie con este país, la capacidad de resistencia de la UE y de su industria, así como su autonomía diplomática, serán decisivas para la continuación y el desarrollo del acuerdo. 

A día de hoy, el OIEA insta a Irán a cumplir plenamente el acuerdo nuclear, especialmente tras haber denegado al Organismo el acceso a dos instalaciones donde se podrían estar realizando actividades no declaradas.

El problema no es el presidente de un Estado, sino un sistema anacrónico que permite que el armamento nuclear se pueda emplear como un elemento de política estratégica sin mayores controles que el libre albedrío de un individuo

Si bien resulta difícil ver cómo puede restituirse el JCPOA o alcanzarse un nuevo acuerdo, para aquellos partidarios de que el pacto siga adelante, la clave pasará por hallar formas alternativas para compensar el incumplimiento de los Estados Unidos y, en el caso de la UE, avanzar en la preservación de su autonomía frente a las sanciones extraterritoriales.

Conclusión

El panorama actual, además de reflejar la urgencia por rebajar la tensión nuclear, pone de relieve el hecho de que no se ha alcanzado ninguna solución definitiva frente a la amenaza y uso de las armas nucleares. Aunque el presidente Trump y su política nuclear han sacudido el sistema vigente desde el final de la Guerra Fría, el estancamiento actual refleja la ausencia de una solución global al problema nuclear.

El desarme nuclear completo es todavía hoy una utopía

En consecuencia, debemos seguir reflexionando sobre el tema, y hacerlo mirando a largo plazo y buscando mejorar el sistema de seguridad internacional en su conjunto. El problema, en última instancia, no es el presidente de un Estado – una figura que, en definitiva, cambia periódicamente y, con ella, también su política nuclear. La verdadera amenaza la encarna un sistema anacrónico que permite que el armamento nuclear se pueda emplear como un elemento de política estratégica sin mayores controles ni condiciones que el libre albedrío de un individuo.

El desarme nuclear completo es todavía hoy una utopía. Sin embargo, al tiempo que se hacen avances en esta dirección, se debe aspirar a mejorar el sistema de seguridad internacional de tal modo que sea imposible –o se dificulte sensiblemente– la posibilidad de realizar un ataque nuclear o amenazar con llevarlo a cabo.

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