Un punto de inflexión para Europa: La promesa y los desafíos del acuerdo con Mercosur
Con el comercio global cada vez más afectado por la rivalidad, la presión geopolítica y la fragmentación, el tratado entre la UE y Mercosur ofrece la esperanza de que la Unión Europea pueda demostrar que sigue siendo un socio comercial y político fiable.
“El tratado demuestra que Europa todavía es capaz de dar forma a la globalización, en lugar de limitarse a reaccionar ante ella”, afirma Juan Moscoso del Prado, senior fellow del Centro de Economía Global y Geopolítica de Esade (EsadeGeo).
El acuerdo ofrece una alternativa clara a los modelos comerciales dominantes promovidos por las dos mayores potencias económicas del mundo, Estados Unidos y China. Frente a la confrontación, la coerción o la presión unilateral, el tratado UE–Mercosur se basa en la cooperación, unas reglas compartidas y compromisos mutuos. “Es un modelo sustentado en relaciones más justas, creación de valor en ambas partes y transferencia tecnológica, en lugar de una competencia de suma cero”, señala Moscoso.
No obstante, el proceso ha sufrido un contratiempo: el Parlamento Europeo ha decidido pausar la aprobación final del acuerdo a la espera de los controles del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, que debe verificar su compatibilidad con los tratados de la UE. Esto podría retrasar la ratificación parlamentaria durante un año o más, aunque la Comisión Europea sostiene que el acuerdo podría aplicarse de forma provisional hasta que el tribunal emita su dictamen.
El tratado tenía el objetivo de demostrar que la arquitectura institucional de la UE —a menudo criticada por su lentitud o fragmentación— todavía puede ofrecer resultados alineados con el interés europeo en su conjunto, incluso en un contexto político complejo. Sin embargo, los obstáculos legales y políticos actuales están dificultando ese avance.
¿Qué industrias europeas pueden beneficiarse?
Los beneficios y los desafíos del tratado no se repartirán de manera uniforme entre los distintos sectores. Entre las industrias europeas mejor posicionadas para beneficiarse del mayor acceso a los mercados de Mercosur se encuentran la automoción, la industria química y farmacéutica, así como los fabricantes de maquinaria, componentes y bienes de equipo. Estos sectores previsiblemente disfrutarán de nuevas oportunidades de exportación, inversión y expansión de las cadenas de valor europeas.
La liberalización comercial genera costes de ajuste iniciales, pero las industrias pueden adaptarse y ganar competitividad
También pueden salir beneficiadas las industrias agroalimentarias de alto valor añadido. “Europa alberga el principal sector agroalimentario del mundo”, afirma Moscoso. El tratado podría abrir la puerta a una nueva demanda en los países de Mercosur de productos con una fuerte identidad de marca y elevados estándares de calidad. España, en particular, cuenta con una presencia destacada en este segmento.
En el lado opuesto, es previsible que aumente la presión competitiva sobre los sectores de la carne de vacuno, la avicultura, el azúcar y el arroz, más expuestos a las importaciones procedentes de Mercosur. Esto no implica necesariamente pérdidas económicas. La UE señala que, aunque la liberalización comercial suele generar costes de ajuste, la historia demuestra que, con el tiempo, las industrias europeas se adaptan y se vuelven más competitivas, especialmente cuando cuentan con el respaldo de políticas públicas adecuadas.
Protestas de los agricultores: temores comprensibles y protecciones incorporadas
Las protestas de agricultores en Francia, Irlanda y Polonia han reavivado el debate sobre la equidad del tratado. ¿Están los productores de fuera de la UE sujetos a los mismos estándares medioambientales, sanitarios o laborales? De no ser así, podría producirse competencia desleal y una presión a la baja sobre los precios.
Sin embargo, el acuerdo incorpora una serie de mecanismos diseñados precisamente para responder a estas preocupaciones. “Las cláusulas de salvaguardia, ahora integradas en la normativa europea, permiten suspensiones temporales de las preferencias comerciales si los volúmenes de importación se disparan o los precios caen de forma brusca”, explica Moscoso.
El tratado también establece compromisos para armonizar los estándares de producción y reforzar la protección de los consumidores. Las indicaciones geográficas europeas reciben una protección adicional, lo que refuerza el valor de los productos agroalimentarios vinculados a su origen. Además, los agricultores contarán con un apoyo adicional de 45.000 millones de euros durante la fase de ajuste, en el marco de la Política Agraria Común.
El tratado busca reequilibrar el comercio con América Latina como alternativa a los modelos de China y EEUU
La historia sugiere que no hay motivos excesivos de alarma. Cuando España se incorporó a la Comunidad Europea, el sector primario se opuso firmemente a la adhesión. Sin embargo, 40 años después, la renta per cápita española se ha duplicado y tanto la industria agroalimentaria española como la europea se sitúan entre las más competitivas del mundo. En 2024, la UE registró un superávit comercial agroalimentario de 63.000 millones de euros.
América Latina entre China, Estados Unidos y Europa
El tratado UE–Mercosur no es solo una cuestión europea. El acuerdo debería contribuir a reequilibrar las relaciones comerciales en América Latina. Frente al control excesivo de China y el modelo extractivo de Estados Unidos, el tratado ofrece una alternativa basada en valores compartidos y en la cooperación institucional.
Conjuntamente, la UE y Mercosur conforman la mayor zona de libre comercio del mundo, con cerca de 700 millones de personas. Desde el punto de vista económico, Moscoso subraya que “se espera que el acuerdo genere un mayor crecimiento en ambas regiones del que sería posible en su ausencia, lo que se traducirá en incrementos de renta y bienestar”.
La posición de la UE como segundo socio comercial de Mercosur se verá reforzada, hasta representar el 16,8 % del comercio total del bloque sudamericano.
Más allá de los flujos comerciales, el acuerdo fortalece los vínculos políticos entre dos regiones que comparten tradiciones democráticas y enfoques regulatorios similares. Además, complementa el programa Global Gateway de la UE, que vincula el comercio con la inversión en infraestructuras, tecnología y capacidades locales.
Según Moscoso, el acuerdo “introduce un enfoque más amplio del comercio, incorporando estándares medioambientales, sanitarios, laborales y de lucha contra la deforestación, y vinculando el intercambio comercial a la inversión en capacidades locales sobre la base de principios acordados conjuntamente”.
¿Cómo afectará a los consumidores?
Se espera que los consumidores latinoamericanos de los países de Mercosur se beneficien de las reducciones de precios derivadas de la bajada de aranceles, así como de una mayor variedad de productos europeos, según la Evaluación de Impacto en Sostenibilidad de la Comisión Europea. La estimación más conservadora prevé una reducción del índice de precios al consumo de entre el 0,4 % y el 1,5 %, en función del país.
En el caso de los consumidores europeos, el impacto global sobre los precios será previsiblemente más moderado. El aumento de la competencia y de la oferta podría traducirse en reducciones de precios en determinados sectores, aunque no de forma generalizada. Más relevante aún, estudios recientes del Parlamento Europeo apuntan hacia incrementos pequeños pero positivos de los salarios reales y del bienestar general de los hogares europeos. Estas mejoras del poder adquisitivo sugieren que, en conjunto, el acuerdo ofrece beneficios netos a los consumidores, aunque la distribución de las ganancias varíe entre sectores.
El impacto de Mercosur en España
Los beneficios para España serán similares a los del conjunto de Europa. El acuerdo favorecerá a los sectores exportadores de bienes manufacturados, productos químicos e industriales. Asimismo, las empresas que prestan servicios vinculados a la presencia corporativa y a la expansión empresarial encontrarán nuevas oportunidades.
En el ámbito agroalimentario, el mayor potencial se concentra en los productos de alto valor añadido.
Los principales riesgos recaerán sobre los operadores agrícolas con mayores dificultades para reducir costes, especialmente en aquellos segmentos en los que los productores de Mercosur son altamente competitivos. No obstante, el mecanismo de salvaguardia está concebido precisamente para mitigar este riesgo.
El comercio como prueba del papel global de Europa
Si el tratado UE–Mercosur logra superar el actual obstáculo político y finalmente entra en vigor, será algo más que un acuerdo comercial. Representará una oportunidad para que Europa demuestre que puede definir su forma de relacionarse con el resto del mundo en materia de comercio. En una era marcada por la incertidumbre, también serviría de ejemplo de que los acuerdos comerciales pueden basarse en la apertura, los estándares y la sostenibilidad sin renunciar al impulso del crecimiento económico.
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