¿Qué elementos explican la supervivencia del capitalismo y sus contradicciones?

Por Alejandro Santana

Uno de los temas de actualidad que se discute en los ámbitos académicos y en la sociedad en general es cuál será el futuro del capitalismo.

El debate se centra en saber si este sistema económico puede mantenerse en el tiempo y lograr resolver los problemas de desigualdad económica que ha generado o será sustituido por otro sistema alternativo.

Lo cierto es que el capitalismo ha sido el modelo económico y el motor fundamental del proceso de globalización económica que hemos vivido en las últimas décadas. Para comprender la magnitud de su importancia basta ofrecer algunos datos.

En 1820, el PIB a nivel mundial alcanzó alrededor de 694,4 billones de dólares, según datos de Angus Madison (2003). Mientras que hoy representa casi 87.697 trillones de dólares, según datos del Banco Mundial. Cees J. Hamelink (2015) señala, por ejemplo, que el capitalismo se ha extendido en el mundo de tal forma que ha pasado de cubrir el 20% de la población mundial en los años setenta a un 90% en la década de los años noventa.

Dicho sistema económico tiene su origen en la conformación de las sociedades modernas, ya que es a partir de la revolución industrial que surge como un modelo económico y de producción fundamentado en las ideas de los liberales clásicos. Ellos proponían establecer un modelo de economía de mercado que respetara la propiedad privada y la libertad de las empresas para producir los bienes que los consumidores necesitan para satisfacer sus necesidades materiales.

Factory during the industrial revolution
La revolución industrial marcó el origen del capitalismo como modelo económico y de producción (Foto: Engineers11/Wikimedia)

Según los defensores del liberalismo clásico, este modelo capitalista facilita a las empresas obtener beneficios porque las señales del sistema de precios les permiten anticipar las necesidades materiales de los miembros de la sociedad a través de su demanda en el mercado. Es por ese motivo que el liberalismo plantea como esencial la existencia de un contexto de competencia entre las empresas para evitar monopolios y, en consecuencia, ofrecer el mejor precio y calidad a los consumidores en el mercado.

En ese sentido, los liberales clásicos defendían que el correcto funcionamiento del modelo de economía de mercado debía apoyarse en la búsqueda del interés personal, porque éste sirve de motor fundamental para que productores y consumidores realicen sus intercambios buscando verse beneficiados mutuamente: los productores obteniendo ganancias económicas y los consumidores viendo satisfechas sus necesidades materiales.

Además, los liberales clásicos asumían que el modelo capitalista es generador de crecimiento económico y, en consecuencia, creador de riqueza y bienestar material. Por consiguiente, según los defensores del capitalismo, se constituye en el mejor modelo económico para garantizar ese crecimiento económico y una mejora del nivel de vida material de los miembros de una sociedad.

Sin embargo, la humanidad ha sido testigo de las llamadas crisis sistémicas del capitalismo. Hemos visto que el sistema capitalista lleva, inevitablemente, a ciclos de permanente inestabilidad, ya que es capaz de crear sus propias crisis (Minsky, 1982). Dos ejemplos claros de esto han sido la llamada "Gran Depresión" de 1929 y la crisis financiera de 2008.

La humanidad ha sido testigo de las llamadas crisis sistémicas del capitalismo

En esta última crisis, la causa que la produjo fue el fácil acceso que tuvieron el gobierno de Estados Unidos y sus ciudadanos a grandes cantidades de dinero del extranjero a tasas de interés mínimas. Esto provocó la generación de deudas que a la larga resultaron insostenibles. De hecho, el descenso de las tasas de interés y el desmantelamiento de la regulación financiera reforzaron ideológicamente la idea de que todos los ciudadanos podían ser propietarios de una casa o un apartamento.

Pero la revelación pública de que los títulos hipotecarios que se habían ofrecido en los mercados financieros provenían de un activo subyacente frágil y de alto riesgo provocaron dificultades para continuar pagando las hipotecas. Esta situación derivó en un pánico financiero que produjo una crisis económica a nivel mundial.

Teniendo en cuenta las crisis sistémicas del capitalismo, la primera pregunta que debemos hacernos es: ¿Qué ha permitido al capitalismo ser capaz de sobrevivir a sus crisis sistémicas históricamente? Para dar respuestas voy a centrarme en tres aspectos que considero relevantes para explicar la supervivencia del capitalismo:

En primer lugar, tenemos al Estado. Éste ha jugado un papel importante porque promovió ese sistema económico y ha contribuido a reducir los efectos negativos de sus crisis sistémicas, de las cuales ha sido copartícipe. Esto queda claro si analizamos su papel en tres períodos históricos específicos. Son los siguientes:

  1. El comienzo de la revolución industrial. En ese momento, el apoyo del Estado sirvió para que la burguesía generara un desarrollo industrial que le permitió aumentar su riqueza y consolidar el capitalismo en varios países de Europa y Estados Unidos.
  2. El segundo período está relacionado con la aplicación de políticas de corte keynesiano por parte del Estado, con la finalidad de generar una recuperación de la actividad económica y eliminar el desempleo que produjo la crisis del 29.
  3. El tercer período se puede situar a partir de los años setenta. En esa década se presentó un escenario de fuerte inflación, como consecuencia de la crisis del petróleo de 1973 y el alza del precio del petróleo de 1979. Esta situación provocó que el Estado dejara de aplicar políticas de corte keynesiano para salir de esa situación. Si bien las políticas keynesianas eran adecuadas en situaciones de paro y caída de los precios, como fue el caso de la crisis del 29, no lo eran en una situación de inflación como la que se estaba viviendo en ese momento, y menos cuando esa inflación se acompañó de desempleo.

    Eso explica porque los monetaristas, entre ellos Milton Friedman, sugirieron que el Estado se limitara a controlar la cantidad de dinero en circulación y fijara el nivel de dinero que requería la economía en general. También proponían que se redujera el papel del Estado en la economía mediante reducciones de impuestos y la privatización de empresas públicas. Por ejemplo, la gran mayoría de países de América Latina efectuaron ventas de empresas estatales por valores superiores al 10% de su PIB durante la década de los años noventa (Chong y López de Silanes, 2005). De hecho, la aplicación de políticas monetaristas sirvió de fundamento para la aparición del neoliberalismo económico como modelo económico del capitalismo e ideología dominante en la economía internacional. Este neoliberalismo económico pugna por una reducción del papel del Estado en la economía. Un regreso, no cabe duda, a una de las ideas fundamentales del liberalismo clásico.
     
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El sistema capitalista lleva, inevitablemente, a ciclos de permanente inestabilidad (Foto: History in HD/Unsplash)

Sin embargo, lo que resulta relevante sobre el papel del Estado para explicar la supervivencia del capitalismo es que jugó un papel importante en el establecimiento e imposición del sistema mercantil y su reglamentación en la vida económica a nivel nacional desde el siglo XVII (Polanyi, 2015). De hecho, el Estado fue preponderante en la ampliación de la esfera de influencia del mercado hasta que este último se convirtió en una institución dominante de la organización social.

El Estado contribuyó a que el mercado llevara a cabo un proceso de mercantilización de las relaciones sociales que ha sido fundamental para la evolución del capitalismo (Polanyi, 2015). Esto, evidentemente, pone en duda los preceptos básicos del liberalismo clásico que asumían que el Estado no debería intervenir en el sistema económico. Esto es importante, ya que el papel que ha jugado el Estado pone en entredicho la idea de que el mercado sea capaz de autoregularse.

No hay duda de que esa idea no encuentra justificación en la evolución histórica que ha seguido el capitalismo. Pero tampoco se puede negar que el Estado lo ha apoyado históricamente en su supervivencia y consolidación como sistema económico preponderante a nivel mundial.

A lo largo de la historia, el Estado ha contribuido a apoyar el capitalismo y su supervivencia

El segundo elemento que quiero destacar sobre la supervivencia y la consolidación del capitalismo en el mundo es la tecnología, ya que lo ha acompañado desde la revolución industrial hasta nuestros días. Su contribución se ve claramente cuando observamos que el capitalismo ha sufrido una importante transformación, producto de los avances en la tecnología electrónica y las telecomunicaciones. Esto ha dado paso a lo que Manuel Castells (1996) define como el capitalismo informático, producto del proceso de globalización que estamos viviendo.

Podemos ver hoy en día que la tecnología ha provocado una automatización de los procesos productivos y la implantación de la robotización, lo cual permite sustituir trabajadores por máquinas y producir una informatización de la economía. Esto, evidentemente, está transformando de forma radical la dinámica de producción y la acumulación de capital en el mundo, ya que produce una mayor eficiencia del aparato productivo y facilita una eficaz distribución de los bienes y servicios que se ofrecen en el mercado.

Dos informes dan prueba de dicho impacto. Según la base de datos de la Federación Internacional de Robótica, la cual agrupa a más de 15 países, hay instalados 2,7 millones de robots industriales y se estima que habrá aproximadamente 3,8 millones de robots y un crecimiento del 16% en el futuro, lo cual evidencia la importancia de este fenómeno en el proceso de producción a nivel mundial. Por otra parte, un informe del McKinsey Global Institute (2017) plantea que 800 profesiones tienen el potencial de ser automatizadas si se adoptan e implantan tecnologías ya existentes y ya probadas en la economía mundial, las cuales pueden contribuir a realizar operaciones y gestiones más eficientes.

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El capitalismo ha sufrido una importante transformación, producto de los avances en la tecnología electrónica y las telecomunicaciones (Foto: Ildefonso Polo/Unsplash)

Teniendo en cuenta esta nueva tendencia, producto de la tecnología, mi pregunta es: ¿Qué repercusiones tiene esta dinámica tecnológica de los procesos de producción del capitalismo de corte neoliberal? Considero que está creando un nuevo régimen socio-institucional que limita el papel del Estado y sus funciones sociales, crediticias y de desarrollo tecnoeconómico directo. Además, está beneficiando la ampliación a gran escala de la libre circulación de capital, de bienes y servicios, aspecto fundamental de la ideología neoliberal, ya que defiende la eliminación de cualquier barrera o limitación al libre flujo de éstos.

Esto supone que restringe el papel del Estado como garante de la distribución equitativa de la riqueza y de ofrecer servicios sociales indispensables para la sociedad.

El tercer elemento está relacionado con los valores y fundamentos culturales occidentales. En la esfera de la producción y el trabajo, juegan un papel importante los valores del esfuerzo y la disciplina. Estos valores se fundamentan en la ética protestante y el espíritu del capitalismo (Max Weber, 1998). Esta ética propone el trabajo como una vocación que lleva al éxito económico. Esto explica por qué se da importancia al trabajo incesante y disciplinado, desde el punto de vista racional, como medio para que el individuo sea más eficiente, más productivo y, en consecuencia, logre beneficios económicos y un mayor bienestar material.

En cambio, los ideales de autoliberación, autenticidad y satisfacción emocional del individuo juegan un papel importante en la esfera del consumo (Illouz, 2019). Se asume que el individuo antepone su ethos hedonista, el cual legitima el atractivo de la cultura consumista y, en consecuencia, que vivamos hoy en día en sociedades que dan importancia al consumo. Un ejemplo de esto se puede ver reflejado en la evolución de las ventas del mercado global de video juegos. Su facturación ha pasado de 1 billón de dólares en 1970 a 152,1 billones en 2019, según datos ofrecidos por las empresas de datos económicos y financieros Bloomerg y Pelham Smithers.

La subjetividad individualista y consumista convierte a los ciudadanos en clientes, cuya función social está totalmente ligada a la búsqueda exacerbada de su propia felicidad

En ese sentido, este consumo se convierte en una actividad central porque le dedicamos muchos recursos económicos y emocionales (Alonso, 2009). Pero al mismo tiempo, el consumo es central porque crea y estructura gran parte de nuestras identidades y formas de expresión relacional (Alonso, 2009). Los individuos han interiorizado la idea de que el consumo se asocia, no solo con la satisfacción de las necesidades materiales, sino con la satisfacción emocional plena y que, además, sirve como un medio para relacionarse socialmente.

Estamos en presencia de un tipo de subjetividad individualista y consumista que convierte a los ciudadanos en unos clientes, cuya función social está totalmente ligada a la búsqueda exacerbada de su propia felicidad (Cabanas, 2016). Por ejemplo, todos los productos y servicios, como podrían ser los libros de autoayuda o de yoga, se centran en la promesa de fomentar una autenticidad y crecimiento personal que ayude a encontrar la felicidad plena, pero que en realidad generan un estilo de vida que deriva en un fuerte consumo. Tan solo en Estados Unidos y los países de América Latina, los libros de autoayuda llegan representar el 25% de la facturación de ese sector.

Pero no solo eso, podemos observar que las experiencias humanas se están convirtiendo en materia prima que se traduce en datos de comportamiento, los cuales se convierten en insumos que se acumulan y son utilizados para producir el bien que se pondrá a la venta en el mercado: son predicciones sobre nosotros mismos que se comercializan entre las grandes empresas digitales como Amazon, Apple, Facebook y Google (Zuboff, 2020).

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Las experiencias humanas se están convirtiendo en materia prima que se traduce en datos de comportamiento (Foto: Taras Shypka/Unsplash)

En ese sentido, estamos siendo testigos de una tensión en la cual predomina lo psicólogo sobre lo social, como consecuencia de la influencia del discurso de la búsqueda de la felicidad personal y la mercantilización de nuestras experiencias humanas, lo cual está remplazando la importancia de la ciudadanía en el modelo neoliberal. 

Sin embargo, esta tensión ha sido útil porque legitima la ideología individualista del neoliberalismo, ya que la presenta en términos no ideológicos, pero sí en términos psicológicos. Esto permite ocultar sus implicaciones ideológicas, ya que presenta la búsqueda de la felicidad como una meta natural y evidente de cualquier ser humano. No obstante, esta búsqueda deriva en un consumo constante de bienes y servicios.

Por eso, los fundamentos y valores promovidos en la esfera de la producción y aquellos promovidos en la esfera del consumo nos llevan a plantear un conflicto presente en los rasgos del capitalismo actual (Adorno y Horkheimer, 1994; Habermas, 1985; Simmel, 2013). Se considera que el capitalismo integra unos rasgos que se encuentran en conflicto en la estructura cultural del consumidor y, en consecuencia, del productor modernos.

Estos rasgos son, por una parte, la racionalidad, y por la otra, las emociones que se presentan en el individuo y en su comportamiento e interacción tanto en el ámbito social como en el económico.

Esta contradicción convive, actualmente, de forma paralela, Por una parte, tenemos la inercia de trabajar más horas, la cual se complementa con la búsqueda de un fortalecimiento de la vida personal que se traduzca en éxito económico, bienestar material y lograr la felicidad plena.

Byun-Chul Han (2012) sugiere que estamos viviendo un tipo de sociedad en la cual el individuo no necesita de un dominio o agente externo que lo obligue a trabajar o que lo explote. Nuestra propia exigencia por ser exitosos o, simplemente, sobrevivir, nos lleva a trabajar exhaustivamente. Por otra parte, el hedonismo no es un aspecto menos importante en el comportamiento humano que la racionalidad (Eva Illouz, 2019). Ambos comparten sitio en la misma habitación mental del individuo y contribuyen a explicar el comportamiento económico del ser humano en el sistema capitalista, tanto de productores como de consumidores.

Vivimos en una sociedad en la cual el individuo no necesita de un dominio o agente externo que lo explote para trabajar exhaustivamente

De hecho, los reclamos actuales de realización personal y vida emocional adquieren una fuerza moral que se entrelazan con la trama del lugar de trabajo capitalista basada en el esfuerzo personal e individual. En ese sentido, se explota la capacidad emocional de consumidores, pero también de los trabajadores.

Teniendo en cuenta lo anterior, me pregunto: ¿Cuál será el futuro del capitalismo? Para dar respuesta a esta pregunta, quiero centrarme en dos aspectos que considero importantes en relación con el futuro del capitalismo. 

En primer lugar, la importancia que tienen los valores de la eficiencia, la competencia y la libertad de comprar y vender en que se apoya el neoliberalismo, así como la relevancia que se da a la búsqueda de la felicidad. En lo personal, considero que la importancia que se da a esos valores se basa en razones puramente instrumentales, ya que justifican la idea de un continuo crecimiento de las economías capitalistas para, supuestamente, mejorar el nivel de vida material de la población como medio para considerarse plenamente felices.

Sin embargo, podemos ver claramente que existe una fuerte concentración de la riqueza y significativos niveles de precariedad laboral que preocupan socialmente. Según la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (2018), el 10% de la población mundial con mayores ingresos acaparó alrededor del 50% del total de ingresos a nivel mundial en 2016 y esa tendencia seguramente continúa. En el caso de la precariedad laboral, la Organización Internacional del Trabajo (2019) ofrece datos de Francia, Finlandia, Bélgica, Italia, Croacia y España sobre los contratos temporales de una duración de 6 meses o menos. Según la OIT, estos contratos representaban el 50% del total de contratos temporales en 2017.

Protest capitalism
La desigual distribución de los beneficios está afectando negativamente a la democracia (Foto: Meinzahn/Getty Images)

Además, la desigual distribución de los beneficios que el crecimiento económico genera en las economías capitalistas está afectando seriamente y negativamente a la democracia, ya que socava uno de sus principios fundamentales: la igualdad. Incluso, la desregulación justificada por los fundamentos neoliberales del capitalismo ha limitado el margen que tienen los estados para poder regular y controlar de manera eficaz el mercado, aunado a la inexistencia de una entidad supranacional que pueda jugar ese rol. Esto implica que el centro de gravedad del poder y la distribución de la riqueza se está desplazando hacia unas élites que cada vez concentran más ingresos en este proceso de globalización económica capitalista de corte neoliberal que estamos viviendo.

Por eso, la pregunta que planteo es: ¿Por qué el capitalismo ha provocado esta desigualdad económica que afecta la democracia? Considero que el capitalismo ha dado paso a un individuo que se supedita a las exigencias del mercado, ya que este último establece el rol que el individuo debe jugar en este proceso teniendo en cuenta que la función esencial de este último es la apropiación de capital ilimitada.

En ese sentido, se puede decir que habilita a los individuos poseedores de capital a desarrollarse plenamente y excluye o mantiene en situación precaria a los que no tienen la posibilidad de acumularlo. Estos últimos se ven en la necesidad de subsistir en precarias condiciones económicas y, en consecuencia, sociales. Esto se debe a que el modelo capitalista se apoya en el concepto de defensa de la propiedad privada. Esta defensa ha servido para justificar ese modelo de apropiación de capital, el cual es exclusivo, pero al mismo tiempo, excluyente en cuanto a la realización del individuo y su satisfacción material. Esto sugiere que solo unos cuantos tiene la posibilidad de desarrollarse plenamente, ya que sus necesidades y bienestar materiales están siendo satisfechos bajo este capitalismo que estamos viviendo.

El capitalismo ha dado paso a un individuo que se supedita a las exigencias del mercado

En segundo lugar, es importante tener en cuenta que el capitalismo es un sistema económico y, como tal, tiene una vida determinada, la cual ha funcionado conforme a unas reglas específicas (Wallerstein, 2015). En cuanto a la temporalidad del sistema capitalista, Wallerstein (2015) señala que todo sistema pasa por tres etapas importantes:

  1. La primera es el momento en que cobra vida.
  2. La segunda se refiere a la evolución de las normas que deben seguirse.
  3. Finalmente, el momento en que entra en crisis y deja de existir.

En relación con las reglas específicas, podríamos decir que han sido dos:

  1. Por una parte, la búsqueda de una acumulación incesante de capital para continuar acumulando capital. Esta es básica, ya que permite explicar por qué el capitalismo, con la ayuda explicita que le ha ofrecido el Estado ante sus crisis sistémicas, ha podido subsistir en el tiempo y adaptarse.
  2. En segundo lugar, tenemos la necesidad de los productores de mantener cuasimonopolios para lograr dicha acumulación incesante de capital. Esto se debe a que no es posible obtener beneficios o una verdadera utilidad en un sistema perfectamente competitivo. La obtención de ganancias para las empresas implica y exige límites a la competencia en un mercado que funcione libremente. Basta dar algunos datos que apoyan esta idea. En un informe de la CEPAL (2017) sobre la inversión extranjera directa en América Latina, se señalaba que los 5 principales fabricantes de automóviles eran responsables del 46% de la producción y que los 10 mayores respondían del 72%. Otro ejemplo podemos encontrarlo en el sector eléctrico español, ya que las tres principales empresas eléctricas controlan el 90% del mercado. Incluso, la tendencia de fusiones y adquisiciones en los países en desarrollo muestra una fuerte concentración empresarial en el período de 1990 a 2016, la cual se traduce en la creación de oligopolios.
     

Fusiones y adquisiciones en países en desarrollo en millones de dólares

Merger acquisitions
Fuente: World Investment Report (UNCTAD)

Sin embargo, el vínculo de estas reglas específicas del capitalismo entra en total contradicción con los fundamentos esenciales del liberalismo clásico que dieron paso a la creación del capitalismo.

Sus defensores consideraban esencial disciplinar al mercado, mediante la existencia de la competencia entre los productores, para asegurar que los consumidores contaran con alternativas de precios y calidades para elegir la que podía satisfacer mejor sus necesidades materiales. Eso parece que ya no es así. Incluso, me parece que el discurso neoliberal se utiliza como un discurso instrumental que justifica esta fuerte concentración empresarial y de capital en el mundo, la cual está generando mayores desigualdades económicas. Además, considero que el capitalismo utiliza el fundamento del ejercicio de la libertad del individuo, justificándose en que satisface las necesidades materiales, para tal fin.

La supremacía de los derechos y libertades fundamentales está afectando seriamente la soberanía de la voluntad colectiva

Me parece que, al dar prioridad y primacía al derecho de propiedad privada, el capitalismo neoliberal convierte esa primacía en un paradigma de la libertad individual, en el cual los derechos y libertades individuales se convierten en prioridades absolutas. Sin embargo, esta supremacía de los derechos y libertades fundamentales está afectando seriamente la soberanía de la voluntad colectiva.

¿Por qué? Básicamente, porque lleva a asumir que no corresponde a los ciudadanos como colectivo ejercer su voluntad para decidir el camino que debe seguir la economía y, en consecuencia, el capitalismo. Por el contrario, se les limita a elegir a aquellos que ejercerán esa decisión por dicho colectivo. Además, el mismo proceso de globalización y la competencia fiscal de los Estados refuerza la importancia de la propiedad privada, lo cual dificulta cualquier control democrático sobre esta y, en consecuencia, sobre el capitalismo neoliberal.

En conclusión, no hay duda de que el espíritu del capitalismo y la búsqueda de la satisfacción emocional solo han servido como instrumentos discursivos que justifican un comportamiento egoísta que solo ha derivado en crisis y desigualdades económicas en gran parte del mundo.

Creo que un verdadero éxito económico debe ir compaginado del bienestar general de todos los agentes económicos. No parece que de forma mecánica la suma de bienestar y satisfacción individual se convierta en el bienestar general y la felicidad plena del conjunto social. Por eso, se debe reflexionar qué tipo de medidas deben ponerse en marcha para que el bienestar individual derive en un bienestar general que sea una realidad y no solo un argumento discursivo que justifique y beneficie la acumulación de capital incesante.

De lo contrario, el capitalismo deberá continuar buscando nuevas transformaciones para sobrevivir, pero seguramente no cambiarán la esencia real de ese modelo y nos llevará a pensar en una alternativa para sustituirlo.


Foto: Familias esperando a recibir ayudas durante la Gran Represión/Dorothea Lange

Referencias

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