China está redefiniendo qué significa ser una superpotencia global, y lo está haciendo en sus propios términos. Analizamos junto a la Dra. Yu Jie la transición económica del país, su estrategia geopolítica y sus ambiciones globales para los próximos años.

EsadeGeo

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China está inmersa en una de las transformaciones estratégicas más significativas de su historia reciente, y pocas analistas están mejor preparadas que la Dra. Yu Jie para interpretarla. En este nuevo episodio, el profesor Angel Saz-Carranza, director de EsadeGeo, conversa con la investigadora sénior sobre China en Chatham House para entender cómo concibe Pekín su papel en un mundo en rápida mutación y por qué las decisiones económicas y geopolíticas que adopta hoy remodelarán la dinámica global durante los próximos años.

1. China y su propio modelo de poder global

China no aspira a replicar el modelo de liderazgo de superpotencia de Estados Unidos. Su objetivo es definir una forma distinta de influencia global, basada en tres pilares:

  • Resiliencia económica.
  • Capacidad militar.
  • Proyección e influencia internacionales.

Sobre todo, China desea evitar las cargas de seguridad internacional que acompañan a una superpotencia tradicional. En un momento de profunda transición económica, Pekín prioriza la estabilidad interna y rehúsa asumir responsabilidades globales adicionales que puedan distraer de este objetivo.

2. Prioridades del nuevo plan quinquenal

El próximo plan quinquenal de China integra tres prioridades estratégicas:

  • Autonomía tecnológica.
    China busca plena autosuficiencia en tecnologías críticas —desde semiconductores hasta inteligencia artificial y computación cuántica— y aspira a reconfigurar las cadenas de suministro para reducir su exposición a vulnerabilidades externas. La seguridad económica pasa a tener el mismo peso que el crecimiento económico.
  • Mantener la supremacía manufacturera.
    El liderazgo chino está decidido a evitar los procesos de desindustrialización observados en economías occidentales avanzadas. El país pretende preservar una amplia base manufacturera, asegurar el control de insumos y cadenas de suministro, y sostener la capacidad de empleo e innovación asociada a la industria.
  • Abordar la debilidad del consumo interno.
    Las cifras agregadas de consumo parecen bajas, pero el fenómeno es más complejo. Las preferencias culturales por el ahorro, la preocupación del liderazgo por la dependencia de productos extranjeros y los efectos de recientes regulaciones han limitado el crecimiento del consumo. En lugar de recurrir a estímulos directos, Pekín apuesta por la inversión en infraestructuras físicas y digitales para generar empleo y reforzar la confianza de los hogares.

3. El papel de China en la gobernanza global

El enfoque de China hacia el sistema internacional se despliega en dos direcciones paralelas:

  • Reformar instituciones existentes como Naciones Unidas, el FMI y el Banco Mundial para otorgar mayor peso a países no occidentales y adaptar las normas de gobernanza a sus preferencias en ámbitos como la ciberseguridad o la inteligencia artificial.
  • Crear instituciones complementarias —entre ellas, el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura (AIIB), los mecanismos derivados de BRICS y la Organización de Cooperación de Shanghái— que amplíen su influencia sin sustituir directamente a las estructuras lideradas por Occidente.

Estas iniciativas responden a una estrategia de largo plazo para reconfigurar la gobernanza global, limitando al mismo tiempo la dependencia de marcos dominados por Occidente.

4. Relaciones con los vecinos clave: Rusia e India

Las dos relaciones bilaterales más sensibles para China son:

  • Rusia: La alineación con Rusia responde a razones geográficas y de seguridad, no tanto ideológicas. Con una frontera común de 4300 km, Pekín prioriza la estabilidad y no percibe ventajas en distanciarse de Moscú a pesar de la guerra en Ucrania.
  • India: A pesar de las tensiones fronterizas recurrentes, ambos países han avanzado hacia la desescalada desde finales de 2024, impulsados por la volatilidad geopolítica y la posible imprevisibilidad de una futura administración estadounidense. La coexistencia, más que la alineación, es el principio dominante.

Japón continúa siendo un vecino complejo, condicionado tanto por la historia de agravios entre ambos países como por la competencia estratégica actual.

5. Qué observar en 2026: tensiones entre China y Europa

De cara al futuro, Europa se perfila como la región donde puede emerger la fricción más significativa. Entre los factores principales se encuentran:

  • El malestar europeo ante la posición de China respecto a la guerra en Ucrania.
  • Una competencia industrial creciente a medida que China refuerza su apuesta manufacturera.
  • Un mayor riesgo de disputas comerciales.

Hasta que el conflicto en Ucrania no se estabilice, es poco probable que se produzca un acercamiento sustancial entre China y la Unión Europea.

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