Cómo mantener la compasión en entornos laborales extremos

Hay trabajos bajo presión donde mostrar compasión es vital, pero también puede llevar al agotamiento. Una nueva investigación muestra que reformular nuestra concepción del tiempo es clave para cuidar de los demás sin perderse a uno mismo.

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Muchos trabajos, incluidos los de cuidados y servicios de emergencia, exponen al personal al sufrimiento y la muerte a diario. Sin embargo, se espera que muestren un sentido de la compasión constante. ¿Cómo pueden lograrlo sin agotarse?  

Una nueva investigación realizada por M.Dolores del Río (University of Victoria, Universidad Austral), Pablo D. Fernández y Alberto Willi (IAE Business School), e Ignasi Martí, profesor de Esade y director del Instituto de Innovación Social, revela que la respuesta está en cómo experimentamos el tiempo. Su trabajo ha sido publicado en el Journal of Management Studies

Muchas organizaciones tratan de encontrar el equilibrio entre el cuidado de sus pacientes y el bienestar de su personal

En un estudio etnográfico centrado en un hospicio para personas con enfermedades terminales, los resultados demostraron que reformular su concepción del tiempo ayuda a los cuidadores a seguir ofreciendo compasión. Los resultados ofrecen perspectivas valiosas para los responsables del sector sanitario, de servicios sociales y otros sectores propensos al burnout de los empleados.  

El dilema de la compasión

La compasión significa percibir el sufrimiento, sentir preocupación y empatía, y actuar para ayudar. Pero en entornos de trabajo extremos, como hospicios, centros de refugiados o servicios de urgencias, la exposición repetida al sufrimiento puede provocar distanciamiento, insensibilización y agotamiento, lo que se conoce como ‘fatiga por compasión’. 

Muchas organizaciones luchan por encontrar el equilibrio entre el cuidado de sus pacientes o usuarios y la protección del bienestar de su personal. El estudio examinó cómo el hospicio, situado en Buenos Aires, mantiene la compasión entre sus voluntarios y su personal, ofreciendo valiosas lecciones que pueden aplicarse más allá del sector sanitario. 

Un mundo entre la vida y la muerte 

El hospicio, fundado para cuidar de pacientes pobres y en estado terminal —a quienes llama ‘huéspedes’—, reformula deliberadamente la experiencia del tiempo. En lugar de considerar el final de la vida como un periodo de espera hasta la muerte, la organización lo trata como una etapa vital significativa y valiosa. Es un tiempo para vivir, conectar y reflexionar. 

Mediante el diálogo, los rituales y el diseño espacial del edificio, el hospicio se convierte en un espacio único: parte hogar, parte santuario. Está lejos de ser frío y clínico. Voluntarios, pacientes y familias comparten zonas de estar y comedor. Un jardín ofrece un espacio para la reflexión tranquila, y los detalles personales repartidos por el edificio aportan calidez y dignidad. Cuando un paciente se acerca a la muerte, una vela encendida en la entrada lo señala, invitando a la comunidad a detenerse un momento y apreciar la importancia de esas horas finales. 

Elementos sencillos —desde la disposición de la casa hasta la formación de los voluntarios— refuerzan este enfoque en el presente. Algunas habitaciones del hospicio se reservan para un tiempo de conexión emocional con los pacientes, mientras que otras zonas están diseñadas para tareas prácticas que proporcionan al personal cuidador cierta distancia emocional

Las dos caras de la compasión

El estudio identifica dos maneras de relacionarse con los huéspedes. ‘Estar con el huésped’ es el tiempo en que la persona cuidadora está emocionalmente presente, en una conexión casi sagrada. En este tiempo, los trabajadores se detienen, se sientan, escuchan y comparten el momento. 

Un trabajador del hospicio explica un ejemplo real de este concepto al describir cómo vio a un huésped, Carlos, en el jardín: “Me acerqué a él con la intención de volver a la casa, pero me retuvo allí durante un buen rato. No tenía prisa; no tenía nada urgente que hacer… Carlos necesitaba hablar, o al menos eso quería. Me quedé allí escuchándole y me pareció la cosa más importante que hacer”. 

El hospicio da a los cuidadores capacidad de decisión para elegir cuándo implicarse profundamente y cuándo tomar distancia

La otra manera de mostrar compasión hacia los huéspedes es ‘estar junto al huésped’: un enfoque más práctico y centrado en tareas que permite mantener cierta distancia emocional. Un voluntario del hospicio lo resume así: “A veces no me siento en condiciones de entrar en una habitación. Hay que ser consciente de cómo estás y en qué estado te encuentras ese día”. 

Lo importante es que, cuando el equipo interviene para “estar con el huésped” porque una persona no se siente capaz, muestra compasión no solo hacia el huésped, sino también hacia su compañero

Estas dos experiencias temporales, “estar con el huésped” y “estar junto al huésped”, corresponden a dos nociones del tiempo que hunden sus raíces en la antigua Grecia: chronos y kairos. Cambiar entre estos modos ayuda a prevenir el agotamiento, dando a las personas cuidadoras capacidad de decisión para elegir cuándo implicarse profundamente y cuándo tomar distancia. Además, realizar tareas prácticas permite cierto distanciamiento emocional y recuperación. 

La exposición emocional constante puede llevar al agotamiento o al desapego. Al igual que en los viajes en avión, la razón por la que debemos ponernos la mascarilla de oxígeno antes de ayudar a otros es que solo protegiéndonos a nosotros mismos podremos ayudar eficazmente a los demás. 

El hospicio forma a sus voluntarios para gestionar este equilibrio. Además de los cuidados prácticos, se les enseña a reconocer cuándo necesitan cambiar de modo y se les recomienda no entrar en la habitación de un paciente hasta que se sientan emocionalmente preparados. 

El estudio recurre también a la filosofía de Heidegger, mostrando que la manera en que se experimentan el espacio y el tiempo —no solo cómo se miden— influye en cómo las personas se relacionan entre sí y en cómo puede sostenerse la compasión. 

Lecciones más allá del hospicio 

Aunque la investigación se centra en un hospicio, sus implicaciones son relevantes para muchos sectores donde el agotamiento es frecuente: la sanidad, el trabajo social, la respuesta a crisis e incluso el liderazgo empresarial. 

Las organizaciones deben ofrecer a los empleados sobrecargados un ‘descanso’ para realizar tareas útiles, pero no emocionalmente exigentes

El problema es de gran magnitud. La Organización Mundial de la Salud (2024) estima que el burnout’ o ‘síndrome del trabajador quemado’ entre profesionales sanitarios ha alcanzado niveles críticos, con hasta un 50 % del personal sanitario mostrando síntomas a nivel mundial, especialmente tras la pandemia. Por otro lado, un informe de la OCDE (2023) reveló que países como España, Francia e Italia se enfrentan a un empeoramiento de la escasez de personal sanitario debido a este problema. 

La clave del estudio es que, cuando las organizaciones reconocen las exigencias emocionales de su personal y crean ‘tiempo para decidir’ —momentos para detenerse, reiniciar o implicarse de otro modo—, la compasión se vuelve sostenible. “Mantener la compasión no depende solo de la resiliencia individual”, afirma Martí. “También depende de cómo las organizaciones estructuran el tiempo y el espacio”. 

En pocas palabras, las organizaciones deben ofrecer a las personas cuidadoras sobrecargadas un “descanso” para realizar tareas útiles, pero no emocionalmente exigentes

El estudio demuestra que la compasión puede organizarse y que repensar el uso del tiempo podría ser la clave para lugares de trabajo más sanos y humanos. Al mismo tiempo, la escasez de personal suele deberse a que los cuidadores están sobrecargados y no pueden encontrar tiempo para desconectarse emocionalmente. Esto hace que el diseño de los espacios de trabajo adquiera todavía más importancia. 

Repensar la compasión en el trabajo

La compasión suele verse como un rasgo personal, pero, como muestra esta investigación, también es una práctica organizativa. Al reformular el tiempo y distribuirlo de otra manera, las organizaciones pueden ayudar a las personas a mantener la conexión con su trabajo y entre ellas, incluso en los entornos más duros. 

En un mundo que afronta crisis de salud, desigualdad y agotamiento, crear espacios donde la compasión prospere no solo es bueno para la moral de los equipos; también marca una diferencia tangible. Permite a las personas cuidadoras ayudar y apoyar a más personas necesitadas, durante más tiempo y con más empatía, al cuidarse primero a sí mismas. 

Se necesita más investigación para determinar cómo podría aplicarse este trabajo sobre la concepción del tiempo en distintas organizaciones. Además, los contextos extremos en que operan algunas personas cuidadoras suelen limitar su control sobre el espacio y el tiempo. Sin embargo, la importancia del estudio radica en mostrar cómo se les puede empoderar para sostener la compasión. 

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