¿Qué deberías comprar si quieres ser más feliz?

La sabiduría popular dice que las experiencias nos hacen más felices que las posesiones. Una nueva investigación sugiere que las compras más felices suelen ser aquellas que combinan ambas cosas, ya que enriquecen más nuestra vida.

Equipo Do Better

Imagina que acabas de recibir un bonus laboral o una devolución de impuestos inesperada en tu cuenta bancaria. Si decides gastarlo, tienes dos opciones: destinarlo a una experiencia, como esa escapada de fin de semana que tanto deseabas, o comprar por fin la tabla de paddle surf, la bicicleta o el instrumento musical que llevas meses queriendo. ¿Qué opción tiene más probabilidades de hacerte feliz?

Durante años, la investigación psicológica ha sugerido en gran medida que la mayor felicidad proviene de gastar dinero en experiencias en lugar de en posesiones. Las experiencias emotivas, como las vacaciones, los conciertos y las comidas con amigos, tienden a generar una felicidad más duradera que la compra de bienes materiales.

Sin embargo, según una nueva investigación coescrita por Jordi Quoidbach, profesor de Ciencias del Comportamiento en Esade Business School, esta narrativa no es la historia completa. Las compras que más nos hacen felices podrían no ser ni experiencias ni posesiones, sino compras que combinan ambas cosas.

El consejo que todos hemos oído

La idea de que las experiencias nos hacen más felices que las posesiones se ha convertido en uno de los hallazgos más citados de la psicología positiva. Numerosos estudios han demostrado que gastar dinero en experiencias suele generar una felicidad mayor y más duradera que comprar objetos materiales.

Es fácil imaginar por qué. Las experiencias crean recuerdos que pasan a formar parte de nuestra identidad. Compartir experiencias también puede fortalecer nuestras relaciones y crear recuerdos entrañables. Unas vacaciones en familia, una cena con amigos o las entradas para el concierto favorito de alguien conservan su valor emocional durante meses o años, y siguen proporcionando una sensación de felicidad al recordarlos tiempo después. Este es el principio psicológico del "saboreo" (savoring), que nos permite sentir bienestar respecto a un evento o experiencia una vez que este ha terminado. El saboreo se ha relacionado con un mayor bienestar y una mejor salud mental.

En comparación, las compras materiales como televisores, joyas o muebles suelen integrarse rápidamente en el fondo y pasar a formar parte de la vida cotidiana. A medida que las personas se acostumbran a poseerlos, la emoción de la compra suele desvanecerse y comenzamos a desear algo “mejor” o más nuevo. Este fenómeno psicológico se conoce como adaptación hedónica (o la rueda hedónica).

Esta distinción entre experiencias y posesiones ha sido durante años la base de la investigación académica y de los consejos populares. Sin embargo, Quoidbach y sus colegas investigadores sostienen que esta comparación no explica del todo cómo y por qué las personas gastan realmente su dinero, ni qué compras nos hacen sentir realmente más felices.

Por qué la pregunta es demasiado simple

A menudo, las compras no pueden clasificarse claramente como simples “experiencias” u “objetos”; muchas combinan cualidades materiales y experienciales.

Aunque una tabla de paddle surf es claramente un objeto físico, la emoción que proporciona va más allá de la compra inicial, ya que ofrece la oportunidad de pasar tiempo al aire libre, en la naturaleza, con amigos. Del mismo modo, una piscina es una compra costosa que se hace una sola vez, pero son los años de reuniones junto a ella y de baños refrescantes los que generan gran parte de la felicidad. Un smartwatch puede dar una sensación de satisfacción en el momento de comprarlo, pero con el tiempo fomenta un estilo de vida más saludable, lo que también puede generar felicidad. Ya sea que una persona compre una casa de vacaciones o una simple hoguera portátil, este tipo de artículos siguen generando felicidad de forma continua con cada uso.

Estas compras desafían la distinción tradicional entre posesiones y experiencias. Son bienes materiales, pero su valor proviene en gran medida de las experiencias que siguen generando.

Esta es una idea clave de la investigación de Quoidbach. Por ello, los investigadores no se limitan a preguntar si los consumidores deberían gastar dinero en experiencias o en posesiones; en cambio, analizan qué tipos de compras tienen más probabilidades de crear experiencias significativas a lo largo del tiempo.

Las compras más felices combinan ambas cosas

Para explorar esta idea, los investigadores llevaron a cabo cuatro estudios independientes con más de 3200 participantes y cientos de compras diferentes.

Sus hallazgos confirman que las compras experienciales son, en efecto, una poderosa fuente de felicidad. Sin embargo, también demuestran que las compras materiales no deben descartarse. Como explica Quoidbach, "las cualidades materiales y experienciales contribuyen positivamente a la felicidad, y sus efectos son aditivos".

En términos sencillos, las compras que puntúan alto en ambas dimensiones suelen generar la mayor felicidad de todas. Como concluyen los investigadores, "si los consumidores deben elegir entre cualidades materiales y experienciales, deberían optar por el consumo experiencial. Sin embargo, cuando los consumidores pueden buscar ambas cualidades a la vez, esto puede proporcionar tanta o incluso más felicidad que el consumo puramente experiencial".

No siempre se trata de una elección sencilla entre comprar una experiencia o una posesión. Quoidbach sugiere que las compras que más felices hacen a las personas suelen ser aquellas que siguen creando experiencias significativas mucho después del gasto inicial.

Qué significa esto en la vida real

Esta investigación puede ayudarnos a tomar decisiones de compra que conduzcan a una felicidad más duradera.

En lugar de preguntarnos "¿Debería comprar un objeto o una experiencia?", quizá la mejor pregunta sea "¿Seguirá esta compra generando experiencias significativas en el futuro?"

Una bicicleta puede propiciar años de exploración por el campo. Un kayak puede llevar a años de exploración de la costa con amigos. Aprender a tocar un instrumento musical puede aportar años de satisfacción y disfrute. El equipo de acampada puede acompañar las vacaciones familiares durante décadas, mientras que renovar un jardín puede crear un espacio para años de barbacoas familiares.

Estas compras derivan su valor no simplemente de la posesión, sino de las experiencias que hacen posibles.

Esta idea también refleja tendencias más amplias del consumidor. Algunos informes sugieren que los consumidores priorizan cada vez más las experiencias, el bienestar y la realización personal a la hora de tomar decisiones de compra.

El crecimiento de la economía de la experiencia ha impulsado a empresas de todos los sectores a diseñar productos y servicios que combinan la posesión tangible con experiencias memorables.

Empresas como Disney, Apple y Airbnb han adoptado este enfoque. Desde parques temáticos encantados y experiencias de compra inmersivas hasta viajes locales seleccionados, estas empresas se centran fuertemente en la conexión emocional.

Piensa antes de gastar

La investigación sugiere que, más que gastar más, deberíamos gastar de forma más intencional. En otras palabras, deberíamos comprar artículos que tengan el potencial de crear experiencias significativas mucho después de comprarlos.

Las compras más gratificantes suelen convertirse en la base de recuerdos duraderos, relaciones más sólidas, crecimiento personal y experiencias compartidas significativas.

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