Coronavirus, cooperación y la búsqueda del bien común

Por Pedro Aznar y Josep M. Sayeras

El Covid-19 ha cambiado, en solo unas semanas y de forma drástica, nuestra percepción de la realidad y nuestras pautas de comportamiento.

Ciudades o regiones –o todo el país, en el caso de Italia– en situación de confinamiento, la actividad presencial suspendida en los centros educativos de todos los niveles y restricciones crecientes a la movilidad son solo algunos ejemplos de ello.

En este contexto, es difícil realizar un análisis objetivo de los efectos económicos que la crisis del Covid-19 tendrá en nuestra economía. Estamos en un momento de gran incertidumbre, sin un horizonte temporal claro, que dificulta la realización de previsiones económicas con rigor y con capacidad de acierto. 

De una forma u otra, todos estamos viviendo esta crisis en primera persona, y a los análisis más racionales se le añaden las preocupaciones o los miedos propios.

Los efectos del coronavirus en la economía mundial, aunque son imposibles de medir con exactitud, serán de una gran magnitud

La Organización Mundial de la Salud ha declarado ya la situación como de pandemia, y los efectos del coronavirus en la economía mundial, aunque son imposibles de medir con exactitud, serán de una gran magnitud.

La situación actual supone una fuerte contracción de la demanda agregada. El consumo de los hogares, que en la mayoría de los países desarrollados es el componente principal del producto interior bruto, se ha reducido de forma drástica.

El confinamiento de millones de personas en los países de más riesgo y las restricciones generalizadas a la movilidad tienen un impacto claro en las pautas de consumo.

Así, mientras el miedo hace que en algunos supermercados las estanterías estén vacías, vemos como los teatros, cines, conferencias, conciertos u otros eventos están vacíos o han sido suspendidos.

Empty supermarket shelves during the Covid-19 crisis
Estanterías vacías en un supermercado durante la crisis del coronavirus (Foto: 5byseven/Twenty20)

La estructura productiva de la economía española se diferencia de la de otros países europeos por la importante aportación del turismo a la actividad económica.

De acuerdo con los datos del Instituto Nacional de Estadística, el turismo en 2019 aportó el 12,3 % del PIB, con la llegada de 83,7 millones de turistas extranjeros. Se trata de una actividad muy sensible a cualquier circunstancia que ponga en riesgo al cliente potencial, y el impacto en este sector tendrá repercusión en las cifras del crecimiento económico y del empleo.

Desde el punto de vista económico, esta crisis no implica solo una caída drástica de la demanda, sino que también tiene un componente de afectación en la oferta. 

En un mundo con unos niveles de globalización y de deslocalización de la actividad productiva sin precedentes, 3.238 fábricas relacionadas con la electrónica de consumo, la industria de los semiconductores o la alta tecnología, y 2.730 fábricas asociadas a la industria del automóvil y similares, localizadas en China, se han visto afectadas por las medidas impuestas por el gobierno de aquel país, y ello está teniendo efectos en el sector industrial de todo el mundo.

Las medidas planteadas hasta ahora, y las que pueden venir, tratan de evitar el colapso del sistema sanitario

¿Cuál debe ser la reacción de los bancos centrales, de los gobiernos y de las demás administraciones públicas ante esta crisis?

Por una parte, las medidas planteadas hasta ahora, y las que pueden venir, tratan de evitar el colapso del sistema sanitario, ya de por sí tensionado por múltiples factores, como la reducción del déficit o la demanda propia de la pirámide demográfica de unos países cada vez más envejecidos. 

Es una obligación del Gobierno, pero que requiere el compromiso de todos, garantizar que este pilar del Estado del bienestar siga funcionado.

En cuanto a las políticas económicas, la Reserva Federal estadounidense ha anunciado recortes en los tipos de interés –ha rebajado un 0,5 % el precio del dinero– y el Banco Central Europeo, más liquidez en el sistema bancario para facilitar la concesión de créditos.

El problema de estas medidas es que no estamos ante una crisis de liquidez o de solvencia; por tanto, aunque puedan tener un cierto efecto paliativo, no son medidas que contribuyan directamente a paliar la crisis económica que la expansión del Covid-19 ha producido.

Los gobiernos de los países más afectados por esta crisis han anunciado medidas de política fiscal expansiva, planes de gasto que aumenten la demanda agregada o reducciones de los impuestos, en algunos casos.

Pharmacy in India during the Covid-19 crisis
El temor a la expansión del coronavirus ha provocado la escasez de medicamentos esenciales (Foto: Corey O'hara/iStock).

El Gobierno español ha prometido un plan de acción que implica movilizar 18.255 millones de euros, entre ellos 1.000 millones para el sistema sanitario, el control de los precios máximos en el sector sanitario o el aplazamiento de los pagos correspondientes a impuestos para los autónomos y las empresas. 

En Italia, que ha vivido una paralización de la vida económica sin precedentes, las medidas incluyen ayudas a los desempleados como consecuencia de la crisis, moratorias en el pago de las hipotecas o ayudas a las empresas que experimenten fuertes caídas de la facturación. Son medidas que apuntan en la dirección correcta, pero que principalmente tienden a contribuir a suavizar la caída de la actividad económica, más que a revertir una situación sin precedentes.

La crisis económica que genera el coronavirus no afecta a todos por igual

Del mismo modo que el coronavirus afecta con más intensidad a unos grupos de población que a otros, con una tasa de mortalidad mucho más elevada entre los mayores de 70 años, la crisis económica que genera no afecta a todos por igual.

Estamos viviendo una situación económica en que los niveles de desigualdad se han incrementado notablemente. Así pues, que la crisis no golpee con más fuerza al más débil debería ser una directriz en la toma de decisiones y en la elaboración de las medidas de la política económica.

Es habitual concebir la economía como la ciencia que estudia el dinero, la actividad empresarial o los mercados financieros. Pensamos que este planteamiento es erróneo y, en este sentido, siempre recordamos el título de aquel libro del nobel de Economía Jean Tirole: La economía del bien común.

La economía, más allá de entender la actividad económica, tiene que ver con los objetivos que nos planteamos como sociedad y con los mecanismos más eficientes y justos para alcanzarlos. Esta crisis nos da la oportunidad a todos, con nuestro comportamiento diario, de contribuir precisamente a ese bien común.

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